CAPÍTULO 8. PENSÓ QUE RECIBIRÍA FLORES

2428 Words
POV CLARA - ¡Amigo, mi corazón todavía late en mi boca! ¡Siéntelo! - Puse la mano de Flora en mi garganta. - Ten cuidado de no morir de un corazón tan joven. - Bromeó. - No sé cómo ese bastardo me hace sentir todo esto. - ¿No tienes miedo del día en que te descubra? ¿Y si Patrick te pide un beso y no puedes responder? - ¿No crees que ya he pensado en esto? - suspiré- Pero luego no contesto, sólo abro la boca y cierro los ojos. Él lo entenderá. Pero aun así, temo que me flaqueen las piernas y me caiga. - O incluso podría desmayarse. - Flora estaba preocupada. - Nunca me he desmayado. Pero me parece muy romántico. Hizo una mueca: - ¿Y si se cae al suelo? - Por supuesto, cuando me desmaye, ¡intentaré caer en unos brazos fuertes! Los dos nos reímos. - Hablando de brazos fuertes, ¿besaste a Pedro? - Por supuesto que no. ¿Por qué Peter te envió a brazos fuertes? - Estaba intrigado. - Porque tenía brazos largos y fuertes. - Pensaba que estaba muy delgado. - Era delgado, pero tenía brazos fuertes. Pensé que estarían juntos. - Era muy extraño. Y demasiado callado. Y me tomó por tonta. Pero me dio su camiseta para que pudiera llegar a casa sana y salva. Y pensé que era un gesto dulce. Ningún chico había hecho eso por mí. - Pensé que te miraba mucho. - ¿Por mí? - Me reí - Amigo, puedes esperar cualquier cosa, menos que Peter se interese por mí. Por no hablar de que no volveremos a vernos. Sólo si por azares del destino vuelve a aparecer por Baccarath. - Entonces será dos veces. - Ella sonrió, levantando dos dedos: "En otras palabras, podría haber una tercera vez, según tu teoría. - O no... Porque sólo ha ocurrido una vez hasta ahora. Así que puede que nunca vuelva a ocurrir. - Me reí. - Hoy el profesor dará las fechas de las salidas de integración al principio y al final del curso. - nos recuerda Flora. - Incluso tengo miedo. Sabes lo difícil que es para mí llegar allí. Dependo del estado de mi padre. Y cuanto antes se lo diga, más probable es que cambie de opinión antes del día del viaje. - Entonces es mejor esperar hasta más tarde. Díselo a tu madre. - Tendré que poner el dinero. Así que me quedo con dos corazones en la mano. - Puedo arreglarlo para usted, no hay problema. - ¡No, no puedes! - Tus padres no tienen ninguna obligación de mantenerme. - No es culpa tuya que tu padre haga lo que hace. - Aun así, no es responsabilidad tuya ni de tu familia hacer esto por mí, Flora. Nunca querría que el Sr. y la Sra. Amorin pensaran que me estoy aprovechando de ellos. - Son conscientes de tu situación, Clara. Respiré hondo y, antes de que pudiéramos seguir discutiendo el asunto, la furgoneta llegó a la escuela. Era la primera semana de curso de ese año, mi último en el colegio. Y siempre en el año de la graduación, las clases hacían unos viajes de integración para despedirse por todo lo alto de sus compañeros y profesores, así como de la escuela. Rara vez había alguna desviación de lo que se hacía todos los años. - Este año hemos optado por tres salidas de integración. La primera será el mes que viene, una acampada en Lagoa. La segunda en una granja-hotel durante las vacaciones de invierno y la tercera en la playa. Y para animar a las chicas, ese mismo fin de semana hay programado un campeonato nacional de surf. Miré a Flora, casi sin aliento. - La probabilidad de conocer a Patrick allí es prácticamente del 100%. - Ella dijo. - Y que me moría de los nervios el 90% de las veces. - ¡Esta es tu oportunidad, Clara! La primera vez que lo conocerás en la playa, lejos de tus padres, prácticamente sola. - ¡No solo! - Miré a la profesora- Estoy segura de que estará encima de nosotros todo el tiempo. Beverly me dio un codazo en el hombro y me volví. - Jason acampa en este estanque con sus amigos todos los veranos. Respiré hondo: - Ya ni siquiera sé si eso es bueno. - Sólo piensa... ¡Los dos juntos en la tienda! Dudo que pierda la oportunidad de estar a solas contigo en una acampada. No le había dicho a Beverly que Jason no había venido a mi cumpleaños. Ni que lo había encontrado de la mano con otra chica en las primeras horas de esa misma noche. Y por lo visto él tampoco había dicho nada, o Beverly no habría estado intentando liarnos de nuevo. Durante el descanso, Flora comentó: - Voy a empezar a tomar el anticonceptivo. - ¿Ya? - Beverly estaba preocupada - ¿No crees que es mejor usar preservativo? ¿Cómo pudo Flora empezar a usar anticonceptivos? Ni siquiera me mencionó que estaba interesada en perder la virginidad con alguien. Flora se rió: - Mi madre me ha llevado al ginecólogo. Tengo un flujo menstrual muy abundante. El médico dijo que es la única forma de regular y reducir el flujo. - También tengo un flujo intenso y duradero... Y ni hablar de que mi síndrome premenstrual dura una semana.... - Pero también está todo el tema hormonal detrás de la píldora. Dicen que engorda. Mira a esa chica de ahí -señalé, discretamente- Su culo y sus pechos aumentaron de tamaño de la noche a la mañana. Apuesto a que la está tomando. - El médico me explicó que hay algunos con dosis más bajas de hormona. Voy a tomarla. Mis padres creen que es lo mejor. - Por no hablar de que cuando quieras mantener relaciones sexuales, ya estarás protegida contra el embarazo. Pero aun así debes utilizar preservativo para prevenir las enfermedades de transmisión s****l. El sida ya está aquí. Y los bebés también. - Ya lo sé. - se rió Flora, poniéndose colorada-. Y no quiero estar "dándolo todo" sólo porque vaya a tomar la píldora. Sólo quiero regular mi flujo. - Cuando tenga relaciones sexuales, usaré la píldora y creo que dos preservativos. - Confesé. - ¿Dos? ¿Por qué? - Para estar seguros. Si uno se apaga. Ten otra de repuesto. - No creo que se puedan llevar dos al mismo tiempo - Beverly estaba confusa. - Creo que sí. ¿Por qué no iba a hacerlo? No creo que tomar la píldora sea tanta garantía, ya que hay un 0,01% de riesgo de quedarse embarazada aunque la tomes. - Voy a enviar una carta a "Dudas sobre el sexo" de la revista Capricho. Así sabremos si es posible o no. - Beverly decidió - Tal vez pierda mi virginidad en el campamento del lago. Flora y yo la miramos. - ¡Pero si ni siquiera tienes novio! - Estaba confusa. - ¿Y quién dice que tienes que hacerlo? He oído que el tercer año de la noche se unirá a nosotros. Y hay algunos gatitos en esa clase. Si dijera que no me entusiasmó saber que el tercer curso de nocturnos también iba, mentiría. Y todo el mundo sabía que los nocturnos eran generalmente mayores. Al final de la clase, cuando nos íbamos, Flora me cogió del brazo: - Oye, ¿ese de ahí no es tu amigo de Baccarath? Justo cuando me volví hacia él, Pedro hizo lo mismo. Sonreí y me acerqué a él: - ¿Qué haces aquí? - I... Estudio aquí. - explicó con seriedad, frunciendo el ceño. - ¿En serio? ¡Yo también! ¿Cómo es que no nos conocemos? - Estudio por la noche. Hoy he venido un poco antes porque tengo que imprimir un trabajo para entregar y voy a utilizar la sala de ordenadores de la escuela. - No me lo puedo creer. Estudio por la tarde. Estoy en cuarto año ¿y tú? - Tercero. Le miré, llevaba una camiseta blanca sin detalles y los tradicionales vaqueros oscuros con zapatillas blancas. La gente había dicho que los chicos de la noche eran mayores. Pedro era más joven. - ¿Cuarto año? - me miró - ¿No tenemos la misma edad? Me reí: - Empecé la escuela un año antes. Siempre he sido muy inteligente. Y pronto para todo. - Y estás haciendo el curso Normal, ¿es eso? Había oído que era un año más largo. - Así es. ¿Y por qué estudias por la noche? - Hago un curso de inglés por la mañana y otro de informática por la tarde, y doy clases dos veces por semana. - ¿De qué? - IT. - Pero si ni siquiera tienes 18 años. Pedro me miró un rato antes de responder: - ¿Qué tiene de malo tener 18 años? ¿Qué ha cambiado en tu vida desde el sábado? - ¡Tengo 18 años! - Me encogí de hombros - Ya está bien. Peter se rió: - Tres veces por semana aprendo y dos veces por semana transmito lo aprendido a niños desfavorecidos. Es un programa del Gobierno. - ¡Qué guay! ¿Puedo hacer el curso también? - Es por la tarde. ¿No estudias a esta hora? - "¡Sí!", resoplé, "llevo tiempo buscando trabajo y no lo encuentro. - ¿Trabajar? - No, un curso gratuito. - Hay inglés. Sería muy interesante para ti - se rió - Pero es de pago. Y muy caro. Pero merece la pena. - Traduzco canciones. Se me da bien el inglés. - Le guiñé un ojo, burlona. Sacudió la cabeza: - Estás bromeando, ¿verdad? - ¿Quieres ver mi cuaderno de canciones traducidas? - ¿Cómo se hace? - Diccionario inglés. - Eso es... ¿Hablas en serio? confirmé, orgulloso. - Eh, colega, ¡mira quién viene! - me advirtió Beverly, dándome un golpecito en el brazo con una amplia sonrisa en la cara. Miré en la dirección que me indicaba y vi a Jason que venía por la acera con un enorme ramo de flores en las manos. Sentí que se me aceleraba el corazón. Nunca había recibido flores de nadie. Y no había esperado esta actitud de Jason, que nunca había mostrado verdaderos sentimientos por mí, prácticamente siempre dejándome en un segundo plano y dejándome como segunda opción. - I... ¡No puedo creer que haya hecho eso! - Sonreí, acercándome a él. No se me había pasado por la cabeza perdonar a Jason. Ya había decidido pasar página y no seguir con aquel hombre que no me aportaba nada. Pero quizás el hecho de haberle visto con la chica aquella noche le había hecho revisar sus conceptos y sentimientos y descubrir que quería algo serio conmigo y no sólo agarrarnos cada vez que nos encontrábamos. Al acercarme, vi que Jason se daba la vuelta y la chica se levantaba, le besaba en la boca y luego cogía las flores. Era la misma de aquella madrugada... La rubia de ojos claros, Anastasia. Permanecí inmóvil, incapaz de moverme, de pie en medio de la acera, con la gente pasando a toda prisa a mi lado. Tenía que salir de allí antes de que Jason me viera. Pero ya era demasiado tarde. Sus ojos se detuvieron en los míos y sentí que mi corazón latía violentamente y que mis piernas prácticamente se detenían, temblando de rabia. Sentí que una mano envolvía la mía, tirando de mí con fuerza. Miré a mi alrededor y vi a Pedro. Le seguí, incapaz de decir nada, intentando calmarme. Me había salvado. Al pasar junto a Jason y Anastasia, nos miraron. Y sería molesto si fingimos que no los vimos, porque sabía que lo noté allí... Me detuve, tirando de Pedro, que caminaba dos pasos por delante de mí. - Hola... - Miré a Jason, fingiendo sorpresa - ¿Qué haces aquí? - I... Salí del trabajo temprano. Y vine a ver si Anastasia... estaba bien. - Frunció el ceño. No podía fingir que las flores no estaban allí. El ramo era gigantesco, con más de una docena de rosas rojas y blancas. - ¿Estudias aquí? - le pregunté directamente, dándome cuenta de que la conocía de allí. - Sí, soy estudiante nocturno de tercer curso. - ¿Estudiáis juntos? - le pregunté a Peter, furioso. - Sí - respondió ella - Estudiamos juntos, vivimos cerca y somos amigos. - Ella sonrió en su dirección. - ¿Amigos? - No pude evitar preguntarle. Pedro no dijo nada, sólo me miró. ¿Merecía la pena contestar, maldita sea? Bastaba con que Anastasia me dijera que vivían juntos y que algún día se casarían. - "Sí", respondió finalmente Peter, apretándome la mano. Miré nuestras manos entrelazadas. - ¿Vas... ¿Vas a ir al camping de la laguna? - le pregunté directamente. - Sí. Llevo tres años esperando nuestros viajes escolares, que todo el mundo dice que son maravillosos. ¿Y tú? - "Sí", confirmé. - Conozco la laguna donde vas. Es un sitio estupendo. Si realmente vas a ir el mes que viene, es la mejor época, ya que no hace tanto calor y el agua suele estar muy limpia en esta época -explicó Jason. - Y claro que tú también vas, ¿no? - Anastasia miró directamente a Jason - Quiero que me enseñes en persona los lugares que has mencionado. - O... Es sólo una excursión del colegio. - Me oí decir. - El camping es enorme y el único de la ciudad. No cerrarán exclusivamente para el colegio. - Jason argumentó - Estoy pensando en invitar a mis amigos. Conocía a sus amigos y apuesto a que irían todos, ya que serían conscientes de que habría una escuela con un montón de chicas locas. - Bueno... A... Vayan todos a despedirse - dije - Porque... Pedro tiene una lección ahora y yo me voy porque la mía ha terminado. Vamos... Besarnos un poco... Y enrollarnos. - Miré a Pedro, que se echó a reír - ¿No quieres...? ¿Dar la vuelta a la esquina conmigo, Pedro? - Le fulminé con la mirada, furiosa porque se había reído. - ¡Claro que quiero, cariño! - tiró de mí, poniéndome la mano en el hombro y haciendo que me aferrara a él- ¡Nos vemos en clase, Ana!" Saludó a su ex mientras caminaba a mi lado.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD