Capítulo 5 (+21)

3031 Words
La tensión s****l que había entre los dos era descomunal. Si tan solo existiera una palabra que los definiera en su totalidad, el mundo sería distinto. A decir verdad, ellos eran magnéticos como el imán, a donde fuera uno, le seguía el otro; aventureros pues les gustaba explorar y descubrir muchas cosas, además de aplicarlas. Pero sobre todo, eran inestables como las olas del mar. En un momento los dos podían ser los más románticos y apasionados que pudieras ver y al siguiente se insultaban o simplemente ni se hablaban. Parecían una pareja real y eso debía aparentar al menos ahora que estaban en otro país donde nadie les conocía. Él le compraba ropa exclusiva, ella se la modelaba solo a él, le bailaba incluso antes de sus encuentros sexuales y se desvestía con una sensualidad inigualable. Eso era lo que más le fascinaba de Adele. Desde hacía varios días Ryan quería intentar algo distinto con ella pero nada se le ocurría hasta que una madrugada, después de un fantástico encuentro s****l, él se levantó mientras ella dormía y subió a la terraza del edificio. Se suponía que aquel lugar era prohibido pero a él no le importó. Desde donde se encontraba podía ver la Torre Eiffel, el icónico lugar de los enamorados. Ellos cambiarían eso a su favor. Se imaginó con ella en la cúspide, follándola como solo él sabía hacerlo, haciéndola sentir mujer, poseyéndola en su totalidad y que ella gritara su nombre, que todos vieran y escucharan como sus cuerpos y almas se unificaban. Era el lugar perfecto. Hasta que vio un parque cercano a la Torre, de momento le pareció más llamativo. Tal vez terminarían arrestados una noche por tener sexo en público pero a él no le importaba una mierda, incluso hasta en la cárcel podía hacerla gemir como nadie en su puta vida lo podría hacer. Ella sabía como excitarlo, con solo gemir en su oído, llamarle por su nombre o decirle “Sí, Ryan” cuando estuviera por entrar en su feminidad, ese hombre se prendía. Fue ese deseo y la adrenalina que lo llevó a preparar un picnic para la tarde. Salió de casa todo el día, solo le pidió que se alimentara bien y que a las 17 horas ya estuviese lista para salir a dar un paseo. Adele pasó toda la mañana encerrada en su habitación, viendo pelis de acción y algunas de romance en algunos canales. Cuando cambió de canal para ver algo distinto se encontró con una de las pelis de la trilogía 50 sombras de Grey. Estaba consciente de que la salida de esa tarde desencadenaría un mar de emociones y olas de placer, debía prepararse mentalmente para ello. También se llegó a imaginar aquel encuentro y como si fuera poco, la humedad que sintió le mojó las bragas. Comenzó a tocarse mientras veía la película, imaginando que era Ryan quien lo hacía. El delirio le hizo perder el control, deseaba que estuviera allí con él. Cuando sintió que llegaba, gritó su nombre desesperada. Mientras tanto, Ryan se encontraba en el supermercado, comprando todo lo necesario para el picnic de esa tarde. Estaba seguro de que sería una experiencia inolvidable para ambos, él se ocuparía de que fuera así. Al rato que Adele logró recomponerse de tan excitante momento, se levantó de la cama, el reloj marcaba las 15:00 hrs. Se dispuso a cocinar lo que sería su almuerzo. Pausó la peli mientras se preparaba algo fácil de comer. El hambre le desató una ansiedad por espaghuetti y eso fue lo que se le ocurrió. Fácil y rápido de hacer. Preparó una salsa y completó con queso parmesano, digno de una mujer con descendencia italiana. Mientras almorzaba, escuchó que tocaron la puerta, ella no preguntó quien era sino que buscó de inmediato como defenderse por si acaso. Entre las miles de prendas que Ryan guardaba en el armario, encontró una navaja y el arma de fuego. Salió a preguntar quien era, no esperaba que fuera Ryan pues él le anunció que regresaría tarde. Armada y lista para defenderse de quien fuera que estuviera al otro lado, preguntó quien era y lo que buscaba. —Señorita, abra la puerta, por favor. Soy el administrador del edificio, necesito hablar con el señor First. —hablaba un hombre con pasamontañas, esperando que Adele cayera en la trampa. Pero ella era más lista de lo que él pensaba—. Por favor, señorita, es importante. —le insistió al ver que Adele no hacía nada. —No le creo nada. —bramó Adele—. Y más le vale que se vaya sino quiere problemas con Ryan. —¿Puede decirme donde o a qué hora puedo encontrarle? —Señor váyase y vuelva después, él ahora no puede atenderle. —respondió, los nervios ya se estaban apoderando de ella y no sabía que más hacer para alejar a ese hombre de allí. Ella realmente no se creía el cuento del administrador del edificio, sabía que algo oscuro había detrás de todo eso. El tipo intentó abrir la puerta a la fuerza pero ella fue más habilidosa. Preparó una trampa por si el tipo lograba entrar, ella no se dejaría de nadie. Se escondió detrás del sofá y esperó paciente. El tipo seguía insistiendo pero al ver que no lograba nada le insultó y le amenazó de muerte. —Atrévase a tocarme y se las verá con Ryan, le sepultará vivo o peor aún, le torturará hasta que desee morir. —le advirtió. Ryan le había enseñado lo suficiente en el tiempo que llevaba encerrada con él—. Usted no sabe con quien se está metiendo. Ryan no tenía la más remota idea de lo que ocurría en su apartamento pero un pequeño dolor en su corazón le alertó de que algo no andaba bien y decidió solo llevar lo que ya tenía en el cesto de la compra. Aquel hombre soltó una carcajada y con más esfuerzo del requerido logró abrir la puerta, bueno más bien tumbarla. Eran tres hombres vestidos de n***o y con pasamontaña pero no pudieron hacer mucho. La trampa que ella había preparado funcionó; el bote de pintura cayó sobre ellos apenas la puerta se abrió. Uno de ellos apuntaba mientras los otros llenos de pintura hacían un desastre pero no tenían idea de donde ella se escondía mucho menos de las consecuencias que aquel allanamiento tendría. Ella salió de detrás del sofá riéndose apenas les vio llenos de pintura, parecía una niña divertida por la travesura que había hecho. El mismo hombre que fingió ser el administrador le apuntó. Ella salió y corrió lo más que pudo mientras aquel hombre le perseguía por todo el edificio. Cuando regresaron a la sala, él la atrapó y le apuntó la sien. No buscaba matarla, su verdadera intención no era otra que abusar de ella. Le había escuchado gemir y deseaba que lo hiciera para él pero esa mujer era de un solo hombre y eso era lo que él no entendía. Solo estaban ellos dos, los otros hombre salieron para cantar la zona. Con un codazo, Adele le tumbó en el suelo, él intentó levantarse y tomarla pero ella se adelantó y con la navaja le propinó una puñalada en la costilla, con sus tacones le pateaba fuerte en el estómago, aquel hombre chillaba de dolor. El hombre se esforzó para tomar el arma que cayó cerca de él para dispararle pero el héroe apareció disparándole en la cabeza. Con un disparo certero le quitó la vida a él y a los otros dos hombres que entraron adoloridos y bañados en sangre. Ella tragó saliva, estaba llena de pánico y a la vez aliviada de que Ryan llegara justo a tiempo. Ryan la observaba en silencio, en cualquier momento ella se quebraría en llanto. Pero no ahora, debía ayudarlo a deshacerse de los cuerpos. No llamarían a la policía, lo harían como él sabía hacerlo. Buscaron bolsas negras y guardaron los cádaveres allí. Con una carretilla los bajaron hasta la calle y los llevaron a un callejón de mala muerte, donde estaba el basurero. Subieron los dos al edificio nuevamente, ella se sentó en el sofá y él le buscó agua con azúcar para ayudarle a calmar la presión arterial y disminuir el mareo causado por la sangre. Se sentó a su lado y le tomó la mano, esperaría que se calmara para que le contara todo. Adele recordó que no había terminado de almorzar cuando eso ocurrió. La llevó hasta la cocina con calma, el espagueti ya estaba frío y él lo calentó en la cocina para que ella pudiera comer. Ryan, aunque no lo dijera, se sentía culpable de haberla dejado sola, de hecho, no paró de pedirle perdón el resto del día. Ella le aseguró que no había rencor, que más bien ella se sentía agradecida pues de no haber llegado él, no sabía si podía echar el cuento. Los dos estaban en la cama, acostados y mirándose en silencio. —Te juro que…Adele no te dejaré sola de nuevo. —Le prometió, ella le besó la mejilla—. ¿Todavía quieres salir? Porque siento que después de todo, estaría bien que despejes la mente. —Me parece bien. —Los dos se miraban en silencio, él posó sus ojos en los carnosos labios de Adele, deseando besarla como si no existiera un mañana—: Si es contigo, todo está bien, Ryan. Él atrapó sus labios en un apasionado beso. Aquella declaración fue el detonante para aquel beso tan apasionado que surgió. Ella se abalanzó sobre él y enredó sus manos en el cabello. Era la primera vez que se besaban sin querer hacer el amor. Los dos se dieron una ducha a eso de las siete de la noche, ella se colocó un vestido floral que él le regaló, él la miraba con una sonrisa sincera. En su interior, se sentía agradecido de verla tan sonriente después de semejante situación. Siendo otra habría entrado en shock o le habría golpeado e insultado por dejarla sola. —¿Te gusta? —le preguntó, modelando el vestido. —Te ves preciosa. —respondió él con una sonrisa más ancha—. ¿Yo me veo bien? No quiero desencajar. —Tú siempre te ves bien. —admitió Adele con una sonrisa sincera, él rió suave. Él le tendió la mano —¿Nos vamos, madame? —Yeah! —Él soltó una carcajada y ella se encogió de hombros. Adele colgó su brazo del de él y salieron del edificio como la feliz pareja que fingían ser. Todos los miraban, admirándoles. A los ojos de quienes no les conocían ellos eran una pareja icónica, no tenían la más remota idea de que ella era su dama de compañía, por no decir que era su capricho o su rehén y él un maldito secuestrador que la tomaba por mujer todos los días. Entraron a un restaurante que Ryan conocía muy bien, él era uno de los socios mayoritarios, por tanto, tenía acceso a las áreas más privadas del restaurante pero esa noche pidió una mesa entre los comunes. No porque Adele no mereciera el acceso VIP, todo lo contrario, ella era digna de eso y mucho más. El mesonero les atendió y al ver a Adele con más detenimiento sus labios se curvaron abriendo paso a una sonrisa, ella sonreía también y eso despertó los celos de Ryan quien abrazó a Adele como si fuera su novia realmente, carraspeó aclarando su garganta pensando que el mesonero dejaría de mirarla pero no funcionó. El muchacho siguió tomando la orden y se retiró. Ryan la miraba en silencio, esperando que ella le reprochara su actitud pero no dijo nada. Entonces, para encenderla, comenzó a acariciarle el brazo, bajándole las tiras del vestido. La respiración de Adele no tardó mucho en agitarse, estaban en público, cualquiera les vería y eso le avergonzaba un poco. Ryan en cambio ya tenía todo planeado y se lo imaginó mientras compraba en el supermercado, provocando una fuerte erección. Adele se levantó anunciándole que iría al baño. Ella no tenía intenciones de que él le siguiera, solo deseaba tranquilizarse y respirar profundo. Observarla mientras caminaba hacia el baño produjo otra erección, el movimiento de caderas que ella tenía, le enloquecía y sabía que en cualquier momento perdería el control. Pasados varios minutos, comenzó a desesperarse. Él quería esperarla allí, en la mesa, pero Adele se estaba tardando demasiado. Decidió que era hora de buscarla, le preguntó al mesonero cuanto tiempo le faltaba a la comida, este le aseguró que aun tenían media hora de espera pues había mucho pedido. Perfecto. El tiempo ideal para una cogida rápida en el baño. Bien, Adele, prepárate que voy por ti. Le agradeció al mesonero la información y procedió a ir al baño. Entró al de caballeros para disimular un poco, pero al cabo de unos minutos, salió e hizo su entrada triunfal en el baño de damas, no sin antes asegurarse de que nadie le viera. Ella se asustó al verlo. —¿Qué... haces... aquí? ¿Cómo es que...—Él le calló con un beso apasionado, ella se alejó tratando de mantener la cordura pero él no quería a esa Adele, el deseaba a la pervertida y arriesgada, a la que no le importaba nada. Adele humedeció sus labios con la punta de la lengua. Ryan no podía separar la vista de sus enormes senos. Estaban demasiado apretados en ese vestido. Quizá el alcohol jugaba con su cabeza y las necesidades que como hombre solía tener, sin embargo, quiso hacerla suya allí mismo, sobre el lavabo. Adele sujetó su codo y lo condujo al lugar más oscuro del baño. Era una parte privilegiada por arroparse en una ligera oscuridad, al no poseer la bombilla lo bastante cerca. El baño era muy lujoso, eso no podía negarse. Una vez detenidos en la zona, ella apretó su labio inferior entre los dientes. —Tienes mi atención ―murmuró Adele al detenerse frente a él. —No necesito solo tu atención. —dicho eso, le apretó pegándola a su cuerpo y unió sus labios con los de ella en un fogoso beso. Dibujó pequeños círculos con la punta de su lengua, llevándole a la cima del delirio. Adele tiró su labio inferior al separarse, alzó sus pies para alcanzar la cima de su oído, deslizó sus dedos por detrás del cuello de Ryan y acarició el cabello que caía sobre la sudada piel que comenzaba a mojarse por el excesivo calor—. Te deseo tanto, Adele. —Y yo a ti, Ryan. —ella no mentía cuando hablaba, declaraba lo que sentía sin titubeos, excitándole—. Ahora mismo quiero ser tu mujer. Ella se pegó más a él y le arrancó el saco que lucía, le hacía ver extremadamente sexy pero más apetecible era sin ropa, de eso ella no tenía la menor duda. Ryan, con sutileza, bajó la cremallera del vestido y soltó el nudo de aquel cinturón n***o que le adornaba la cintura. Adele lo bajó con sus pies, quedando solo con la ropa íntima de abajo. Ryan mordió su labio inferior al contemplarle, arrancó la panty que le cubría la entrepierna dejándole desnuda por completo. —Adele, solo tenemos media hora, vamos a hacer de esto, la experiencia más cargada de adrenalina que hemos tenido en la puta vida. —Ella asintió con la cabeza y sin mediar palabra le sacó el pantalón, dejando ver su erección creciente, el bóxer pasó a mejor vida inmediatamente después, se agachó y le miró, antes de introducirlo en su boca le guiñó un ojo. Él soltó un quejido que realmente parecía más un jadeo, ella estaba dispuesta a todo. Su lengua rodeaba la virilidad de Ryan, llevándolo a la locura total. Tomó el cabello de su mujer como una cola y empezó a presionarle, de manera que ella lo introdujera hasta su garganta. Adele lo hizo, sin embargo, las nauseas se apoderaron de ella y tuvo que retirarlo cuando ya él estaba a punto de correrse en su boca, el momento favorito de los dos. Ella se levantó, él la pegó contra la pared y levantó sus piernas, envolviéndolas en su cintura, elevándola para poder embestirla como ella deseaba. Salvaje y pasional, la estocada fue certera. Ella soltó un grito ahogado, él le apretó el trasero y le hacía presión en cada embestida, aumentando el nivel, sus respiraciones agitadas y sus cuerpos sudados fueron claves inolvidables además de la adrenalina de que nadie los descubriera y poder acabar a tiempo. Tal como lo predijo, media hora después, o un poco más, él acabó dentro de ella, llenándole por completo. Ella echó su cabeza para atrás al alcanzar el orgasmo. Entre besos apasionados, ella le marcó el cuello con sus dientes, como cual vampiro sediento, como cual canino marcando su territorio. La bajó y le ayudó a vestirse solo que esta vez no tendría ropa interior pues esta fue despedazada. Su trasero quedaría al descubierto pero a ella no le incomodaba. Ahora solo le pertenecía a él y no le interesaba nadie más. Se lavaron las manos y salieron del baño con disimulo, primero ella, luego él. Justo a tiempo para la cena. Pero incluso allí siguieron las caricias. Su húmeda entrepierna deseaba el contacto de la lengua de Ryan y el no demoraría en devorar su paradisíaca zona íntima. El mesonero llegó con el pedido, los dos cenaron tranquilamente, lanzándose miradas de complicidad y lujuria. Por un momento ella posó sus ojos en el atractivo muchacho con disimulo y quedó prendada de él, de su mirada tan cálida. Era simpático, se parecía al hombre con el que ella debería compartir el resto de su vida pero no. Adele se fijó en el menos indicado, en el que le provocaba los orgasmos día y noche, el que le arrebató la libertad y la virginidad. Porque sí, ella a su edad, aun no había mantenido relaciones sexuales con nadie, ni con Brandon que fue su novio por tantos años. Ella deseaba a ese hombre, era su debilidad.
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