Un mundo oscuro, parecido a barrios abandonados, gente de todo tipo y magia en el aire inundan su área de visión. Todo cuanto podía ver era extraño, y curioso de una manera retorcida y extraordinaria. Muchos del pueblo Onix los quedaron mirando al pasar Kast, elegante, recto y con la frente en alto caminaba a su lado. Una insignia real brillaba en su pecho, y una espada se habia materializado a un lado, justo en la parte inferior derecha. Todos al verlos pasar retrocedían intimidados por la fama de letalidad que tenia cualquier guardia entrenado. -Todos nos miran. -¿No eras su princesa?- se burlo el por lo bajo -Pensé que habías dicho que el titulo no valía nada -No lo vale. Pero supongo que ahora muchos se estan preguntando cuantas mas como tu habrá arriba. Después de todo, el rey

