La canción terminó, pero la tensión entre los dos estaba más fuerte que nunca, Kalev mantenía una pose certera con la que podía sentir su magnetismo llevándome con ganas hacia su cuerpo. Solo Dios sabe que ese mismo momento me hubiera aventado a los brazos de ese hombre por lo excitada que estaba. Respire tratando de regresar a la normalidad, pero me era imposible, sentía mis piernas temblando ante la mirada animal de este hombre, y ver sus labios tan cerca de los míos me parecía una tortura brutal. —¿Quieres ir a otro lado? —escuché la voz sexy y varonil del investigador al mismo tiempo que se acercaba de nuevo a mi cuello y bajaba lento mi pierna. Asentí, en este momento estaba segura de que eso era lo que quería, lo necesitaba. Esta semana había detonado, por completo, una serie de

