NARRA LUCIAN ROSENZWEIG Pego los binoculares a mis ojos y a través de ellos observo el castillo de Deian, esperando verlo salir a cazar. Observo durante varios minutos los alrededores del castillo, hasta que una brisa helada choca contra mi cuello, erizando los vellos de mi nuca. Aparto la vista de los binoculares y busco otro punto en el que pueda posicionarme para continuar vigilando, pero que me proteja del frío viento para que nada me interrumpa. Todavía no dan ni las cinco de la mañana y estamos en una colina para tener una muy buena vista del castillo. Por lo que conozco a Deian, sé que dentro de poco saldrá junto a su maldito perro para ir a cazar, porque las primeras horas de la mañana son las mejores para hacerlo, ya que son las horas en las que los jabalíes y los ciervos se enc

