Sin azúcar, blanco ni flores

1097 Words
—¿Sin flores, azúcar ni blanco? —preguntó Serena.  Todos estábamos histéricos, no por las heridas en el rostro del gemelo y si no por la agresividad de las palabras de Adam hacia insensatez de Drake, todos hubiésemos esperado aquello de Adrian pero de >, recién tenía dieciocho.  Adam caminó hacia su hijo y le tomó de las mejillas, sus ojos azules enormes estaban puestos sobre el muchacho y no eran exactamente de orgullo o amor, todo lo contrario; ira tal vez. — ¿Qué mierda has dicho? "Te casaste" —Gritó Adam —. ¿¡En qué mierda estabas pensando?! ¿Estás embarazada?  —¡Silencio! —todos siguieron gritando y señalé a Serena y Ada.  Gritos.  Chillidos.  Gritos.  Chillidos... oh, la sinfonía que producen al final.  Todos cubrieron sus oídos y yo les hice una seña para que pararan.  —Addison y Drake, no es bueno casarse a los dieciocho. —Dije y me acerqué a ellos.  — ¿Te casaste a los dieciocho? —preguntó Adrian, notablemente divertido —Sí...  — ¡Dijiste que era tu primer esposo! —reprochó Adam aún más furioso.  — ¡Duré casada cinco días y dormí toda la semana en la cama de mis padres!  — ¿Con quién te casaste? — preguntó Adam.  —Eso no importa. Lo importante es que es horrible y cada vez que le veo me da pena —dije. —. Hablaremos con tu padre y él solucionará esto.  —Jane, ellos no estarán contentos.  —No, si tampoco les gustó mi borrachera pero...  — ¿¡Te casaste con Archi!? —preguntó Addison.  Era la revolución contra mí y mi vida personal, mi secreto más cruel estaba sobre la mesa, mi perfecta boda.  Mercy era la testigo, Archer el abogado, Dereck el esposo... siquiera entiendo por qué pedimos aquel certificado, no estaba borracha ni drogada, estaba embobada y él era "el hombre de mis sueños", era completamente perfecto y un bebé... lo merecía. —No. ¡Qué asco! Él solo me casó.  — ¿¡Mi hermano te casó?!  —Sí, fui su primera boda y su primera anulación. — ¿Con quién te casaste?  —Mami tiene un marido. —dijo Ada. — ¿Con quién te casaste? —Y Drake un castigo. —Se burló Serena de su hermano.  — ¿Con quién te casaste? —preguntó mi marido.  Les escuché a todos gritar a mi alrededor, incluso me sentí mareada ante tanta presión, ellos deberían estar recibiendo la presión no yo.  —¡Jane! —Gritó mi esposo.  —¡Derek! me casé con Derek pero no fue nadie a la boda.  —A la nuestra tampoco.  —Solo queríamos la luna de miel.  —Eso fue lo que más disfrutamos.  —¡Creí que estaba embarazada! —Todos nos quedamos en silencio, mi voz se quebró ante el recuerdo. — En realidad, lo único que tenía era resaca... ¿Y sabes que si tienen en común Derek y tú?; ¡¡Qué son unos imbéciles!! Los dos me abandonaron cuando vieron que yo tenía el control porque estaban mal, eso son ustedes; los imbéciles con los que me casé. No sé qué es más triste si repetir la historia o seguir casada contigo. —Todos se quedaron en silencio, incluso Adam quien llevó una de sus manos a su nuca y bufó cansado. —Tu hijo y tu nuera.  Salí de la habitación en búsqueda de Kyle, le di la mano y revisé su golpe; escuché su historia, le di un par de pastillas y me quedé hasta que se quedó dormido por completo.  Me escabullí para no tener que dar más explicaciones y fui en dirección al primer piso, conduje hasta l hotel de mi amigo y registré una habitación con el apellido de mi madre.  —Jane Cano. —Mostré mi identificación y pagué en efectivo.  Fui a la habitación y me acosté a sentirme sola y triste, era lo único que quería, estar sola, tener unos minutos para mí sola, dormir, llorar, fumar, embriagarme, pero no quería la opinión de nadie para ello. Sentía que todo mi cuerpo temblaba, me dolía el pecho me sentía asustada.  Tomé el teléfono de la habitación e hice la llamada.  —Hoy. —Dijo la voz al otro lado del teléfono como si me estuviese esperando de todo el día.  —Sí.  —Te amo. A ti y a ellos, Jane.  —Tengo dos hijas y siempre pienso en lo que hice Derek. Cada que les beso, pienso en lo que hice y me duele en el alma.  —Ha sido mi culpa  —¿Por qué te fuiste? —pregunté.  Siempre quise aquella respuesta y ahora cada mañana me atormenta, perdí a mis bebés, pero... tenía ahora dos más ¿Me las merecía? Todo porque desapareció, elegimos mal, porque no se quedó estábamos ambos en aquel embrollo, era nuestro asunto, pero él no se quedó, no me defendió y tampoco dijo que me amaba o que valía la pena después de aquello.  La línea se mantuvo en silencio durante una hora, no escuché nada por parte de Derek, hasta que comenzó a sollozar, mordí la almohada para que no me escuchara hacer lo mismo.  —No podía mirarte a la cara porque sabía que no hice lo correcto. —contestó en medio del llanto. —Lo correcto... era dejar la coca e ir a trabajar, tener a esos bebés y criarlos contigo... ¡Y sí Jane! Me despedaza cada mañana y cada que te veo pasearte con tus hijas, me convierto en un sicópata; me siento como un jodido delincuente, una basura porque tú eres una madre genial y yo lo arruiné. Yo te dejé y no fui lejos Jane. Me fui a vivir a treinta minutos de tu casa. Yo solo... no podía verte a la casa, te seguí todo el tiempo porque me sentía menos culpable así y lograba respirar.  Colgué la llamada y escuché unos fuertes golpes en la puerta.  No podía moverme, no podía caminar hasta allá y sentí que no podía respirar, la puerta se abrió y mi mirada se encontró con la de Adam, sus ojos me recorrieron con notable de temor.  —¡Jane! —Negué con la cabeza. — ¡Jane! Caí en el suelo y Adam corrió hacia mi espacio, me cargó y pedí que me arrancar la ropa a través de señas, no podía dejar de comprimir mi rostro; sentía un horrible nudo en la garganta y un hueco en el estómago. Adam me abrazó con fuerza y lo dije en un susurro:  —Estaba embarazada de tres niños, los aborté y él se fue.  Los brazos de Luthor me apretaron con mayor fuerza, me sentí completa, mis huesos dejaron poco a poco de temblar y fui entrando en calor, Adam me dejó sobre la cama y le pedí que se quedara, sabía perfectamente que los niños cuidarían de las pequeñas y que en este momento necesitaría de aquel abrazo y de su compañía, le había confesado lo más sucio a la persona que me había herido siempre había sido un padre intachable; incluso cuidó a cada uno de sus hijos cuando le necesitaron y me quería quitar a mí las mías.  —Estaremos bien, tú lo estarás, Jane. Tranquila.  —No quiero que me sueltes.  —No lo haré. —Prometió y depositó un beso sobre cabeza. 
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