Capítulo 1
Una chica rubia se levantó de su cama, bastante cómoda y espaciosa En su casa relativamente grande para ella, que vivía sola. Estiro sus brazos, y dio un gran bostezo.
Se quitó el pijama que llevaba, y se metió a la ducha. El agua fría refrescaba su cuerpo acobijándola de alguna manera.
Se vistió con una falda, unas medias, una blusa decente y una chaqueta con la que lucía bien.
Vio su imagen en el espejo. Su mirada se puso triste de repente.
La soledad en la que se encontraba en esa casa la acobijo. Su mirada no hizo, más que recordarle su estado, y su pasado. Sabía era mejor no pensar, no sentir y mucho menos alimentar sus recuerdos. Aunque se dejaba llevar por ellos, cada vez que volvían a su memoria
La mirada de la bella joven reflejaba muchas emociones en ese momento. Su reflejo se lo hacía ver, y si cualquier otra persona los viera como ella misma se veía; no podría terminar de descubrir todas las emociones en conjunto, detrás de esos ojos café que denotaban calidez, tristeza y dulzura que entrecerró, antes de que la sensación que ya conocía bien la invadiera de nuevo. Ya desaparecería al salir de allí.
Pero, había algo que durante semanas captó su atención. No, más bien alguien
No sabía su nombre, sólo lo miraba pasar con su motocicleta casi todos los días por las calles. Muchas veces paraba, y desde una distancia prudente observaba a ese joven con un jeans, una camisa blanca que tenía un logo azul y blanco. Solía llevar una gorra, que tenía el mismo logo estampado.
Su horario parecía ser el mismo de siempre. Ya que a veces lo había observado. Era un muchacho bastante, atractivo que llamaría la atención de cualquiera.
La rubia de cabello corto y flequillo se preguntaba porque no estaba siendo una estrella de televisión, un modelo, o algo más que un simple mensajero.
Muchas mujeres se le quedaban viendo, y suspirando por él. Ella no era la excepción del resto. Solía madrugar cada día; puntual en su trabajo. De ese tiempo antes de entrar a la florería donde trabajaba, solía observarlo. De todas maneras llegaría puntual, a veces caminaba un poco más, sólo por verlo se alejaba unos minutos. Siempre, manteniendo la distancia prudente.
No se atrevería a hablarle, saludarlo o algo. Le parecía bastante atractivo; pero, como ni lo conocía decidió admirarlo a esa distancia ya conocida. En ocasiones sentía su corazón latir al verlo; estaba segura que no era más que la inevitable atracción que cualquier chica sentiría por él. No podía evitar no mirarlo, casi siempre que estaba a su vista. Se limitó a sonreír cuando se marchó con su habitual sonrisa.
Era un amor platónico, o una atracción platónica que eventualmente pasaría. Quizás ese chico ya no volvería aparecer un día de estos, y sólo lo recordaría como una de las personas más atractivas que captó su visión en su vida.
Cuando el chico subió a su motocicleta, ella ya no tenía nada que hacer en ese lugar.
Antes de entrar directo a su trabajo, paso por un café en un puesto de afuera e ingreso, a la vez que le daba empezaba a degustarlo.
—Buenos días, Kate.
—Hola, Beth— Saludó a su jefa. Una mujer de alrededor de los 40 hermosa, pelo castaño y que la quería como a una hija.
—¿Tienes la lista de los clientes que vendrán hoy?
—Aquí, esta— La mujer le entregó la lista, mientras terminaba de preparar un ramo de rosas blancas y rojas
—¿Empiezo con este?
—Por favor
—¿Qué tal?— Apareció una chica de piel oscura.
—Lily— Dijeron ambos a modo de saludo
—Bien. Estos son los pedidos de hoy— Le señalo la lista
—¿Es lo que los demás están haciendo atrás?
—Si.
Llegó una clienta a comprar margaritas, pero no los tenía a la mano. La rubia se dirigió a la parte de atrás, sabiendo que había más.
Algunos chicos más estaban detrás, y la saludaron, mientras tomaba las flores que fue a buscar. En ese lugar ella se sentía querida, bienvenida y como en casa. En serio le encantaban los aromas dulces que desprendían las plantas y el trabajar en ese lugar. Rápidamente las combino con otras, para la venta
La tienda se fue llenando poco a poco de personas. Había pedidos grandes, algunos más simples. Ella, la castaña y la chica de piel oscura con cabello alborotado se encargaban.
El ambiente en el lugar solía ser sencillamente agradable, lleno de risas y el contacto más amable posible con los clientes. Que ya con algunos era cercano.
Kate reflejaba algo en su mirar que le daba confianza a quien la conocía. La amabilidad que reflejada hacía que su jefa, sus compañeros que se habían vuelto sus amigos en especial Lily con quien compartía una relación de hermanas, la hicieran formar parte de sus vidas, y hacerla sentir que tenía una gran familia.
Casi siempre todos salían a comer juntos, o iban a la parte de atrás en donde todos comían. Y, pasaban un rato agradable. Aunque sólo comieran sopas instantáneas.
Después de un día rutinario, y cansado llegó el momento de irse. Lo cual era su parte menos favorita.
La joven solía preocupar a los que la conocían. Algunas veces Beth su jefa, Lily o cualquiera de sus amigos la había acompañado a su casa. Sabían su sentir respecto a no estar acompañada en su vivienda; la tristeza de que no habría nadie alrededor. Y, que vivía un tormento. Muchas veces se perdía en el teléfono hablando con ellos por horas, perdiéndose en sus estudios o viendo películas que la ayudaran a soportar ese silencio rotundo que la hacía saber que allí estaba sola.
Pero, todas las mañanas se despertaba con los ánimos arriba. Sabiendo que su soledad estaba presente sólo en la noche oscura que se iba, dándole paso a un nuevo día en el que sería completamente feliz, y dichosa.
Como habitualmente salió a la hora acostumbrada. Iba caminando por las calles, cuando escuchó la bocina de un camión, y ella había dado 2 pasos. No supo cómo reaccionar, casi pensó que sería su fin; cuando fue tomada por el brazo, y puesta a salvo.
Su corazón latía con fuerza, y al estar en la acera fue consiente del shock
—Señorita, ¿Está usted bien?
Seguía escuchando únicamente sus latidos y asimilar el momento casi mortal por el que paso.
—Señorita— La volvió a llamar la voz.
—Si, gracias— Ella volteó, y se encontró con la mirada de ese chico que ya conocía de vista.
Se llevó una sorpresa aún mayor: La había salvado.
Ambos se quedaron viéndose sorprendidos. Espejo
—Es más guapo de cerca— Pensó Kate, a pesar de que no fue el mejor momento para fijarse en esos detalles. Pero, no pudo evitarlo.
Algunas personas empezaron a acercarse. No tantas, pero el accidente casi provoca su muerte,.
—¿No quiere ir al hospital?
—No. Yo… ¡Soy, muy tonta! ¡Cruce la acera sin mirar… y…! ¡..De no ser por usted ya estaría en el otro mundo! ¡Muchas gracias! — Le dijo.
El joven pareció cautivado por esa muchacha. Le parecía bonita, y estaba casi seguro que ya la había visto antes.
—¿Segura que no desee que la lleve al hospital? ¿Por qué, no llama a sus familiares?
—No. En serio estoy bien; Muchas gracias— Levantó su mano, y él la tomó— ¡Es mi salvador, y mi héroe!
—Por favor, no diga eso.
—Lo es— Ambos miraron sus manos, y sintieron algo al verse— Compermiso— Ella se alejó caminando.
Fue a la florería, y les contó a todos lo que había pasado
—¿¡Estás, bien!? ¿¡Quieres, qué te lleve al doctor!? ¿¡Qué, llame a alguien!? —Beth se había alterado, con lo que Kate le estaba contando
—No, gracias—
—Ten— Una de las chicas le llevó un vaso de agua, que bebió
—Estoy bien— Miró, el vaso— ¡Aunque, no les niego que me lleve el susto de mi vida con esto!
—¿No viste el número de placa del camión? — Le preguntó Lily— Podemos demandarlo si quieres. Por algo estoy estudiando leyes
—¿En serio crees que estaba pensando en eso? ¡Ni siquiera vi al conductor! ¡Vi mi vida, pasar frente a mis ojos!
—¡Entiéndenos, tú! ¡Casi, te perdemos! — Dijo Beth, casi al borde del llanto
—Lo siento
—Por favor, ¡Deja, que te lleve al médico! ¡Así, estaremos más tranquilos!- Insistió
—Está bien— Accedió
Beth pidió un taxi, y ambas se subieron a este.
El médico la reviso, y dijo que todo estaba bien.
Aun así Beth decidió que la chica debía descansar.
Curiosamente el chico que la había salvado, estaba entregando un paquete.
Ambos se vieron. Él levantó la mano para saludarla, y ella a él. Hasta que se subió al taxi.
Él la siguió con la vista, hasta que desaparecieron a un rumbo desconocido para él
Beth se quedó con ella, y la estuvo cuidando todo el día.
La chica sentía que no era para tanto. Pero, sentir la calidez de Beth que era lo más cercano que tenía la hacía sentirse bastante tranquila.
Y, a pesar de lo que paso no estaba dispuesta a quedarse en cama; así, que se levantó para trabajar
—Kate, ¡No, tienes que ir! ¡No, te descontaré nada de tu paga!
—Lo sé, y te lo agradezco mucho. Pero, te aseguro que estoy mucho mejor que ayer— Se observaba en el espejo— Vamos
—¿Segura?— Le preguntó
—Tus cuidados fueron efectivos
—Confiaré en ti, entonces ¡Aunque, sé que no debería..!— La miró no muy convencida de lo que había hecho
—Te aseguró que estoy perfectamente, y con fuerzas
—Pero, desayunemos primero.
—Claro. Aunque sea eso, para agradecerte lo que hiciste por mí.
La mujer la miró con desconfianza.
Aun así tomaron un taxi, y llegaron a la florería.
Las preguntas de que si seguía bien siguieron, los abrazos a su persona.
Llegó el primer cliente que salió, con un gran ramo rosas rojas, y que entre las 3 tuvieron que hacer salió.
—Buenas tardes. Paquete para Elizabeth Fields— Kate reconoció esa voz de inmediato.
—Si. Lo esperaba.
Kate volteó, y no pudo evitar ver al chico que recién había entrado
—Firme aquí, por favor— La mujer con un bolígrafo n***o firmó el documento
Su mirada se encontró con unos ojos conocidos. Ambos se observaron.
—Gracias.
—Beth, tenemos un problema- Apareció, otra empleada
—Voy— Firmó a prisa— ¿Es todo?
—Si— Le dijo el muchacho.
—Gracias— La mujer se retiró con el empleado
—Hola— Lo saludó la chica al notar que su vista, la posó en ella de nuevo.
—Ho—Hola— Dijo, también
No supieron cuánto tiempo exactamente había pasado. Ambos se observaban con especial curiosidad, que había quedado pendiente el día anterior. No era solamente por la preocupación del accidente, la buena acción de ese chico. Había algo más, y no podían quitarse los ojos de encima
—Buenas tardes— Entró una anciana
—¿Cómo le va?— Eso los regreso a la realidad— ¿En que la puedo ayudar?
—Quiero estas flores— Señalo los tulipanes
—Claro, que sí
—¿Olvidaste algo?— Una voz se dirigió al muchacho
—¿Qué?
—¿Tengo que firmar algo más?
—No
—¿Vas a comprar flores?
—No, ¡Disculpe!— Dijo, apenado por quedarse allí más de lo debido
La rubia ponía un listón alrededor de los tulipanes. Y, vio al chico salir apenado, mientras se acomodaba la gorra
La mujer castaña se dio cuenta, de las miradas que le estaba dando a ella y viceversa.
—Gracias, por su compra— La anciana pagó por sus flores
—Es atractivo ¿No?
—¿Qué?—Dijo, sin comprender
—El chico que trajo el paquete.
—Ah, si… Él fue quien me salvo el otro día
—¿¡En serio!? ¡De haber sabido le hubiera dado las gracias!
—Beth, ¡No te preocupes tanto por mí! ¡Estoy viva, y respirando!
—Creo, que le gustaste.
—¿¡Qué!?— Pestañeo por las palabras de la mujer— ¡Claro, que no!
—¡Ah, claro que sí!
—¿Tú, crees? Pero, no hemos cruzado palabra alguna…
—Estoy segura
—¡Es demasiado atractivo!
—Tú también lo eres…
—Gracias— Sintió como una calidez rodeaba su pecho por las palabras de Beth.
El muchacho con una gorra azul y blanca se montó a su motocicleta. Y, arrancó
Este mensajero es Alessandro Bianchi. Era como un adonis italiano; Alto, de piel morena clara, ojos negros, cuerpo atlético y musculo más no exageradamente.
Para quien lo viera, bien podría pensar que se trataba de un mujeriego y el típico seductor. Que bien podría usar su aspecto para conseguir lo que deseaba, sin tener que esforzarse demasiado.
Pero, esta imagen estaba demasiado lejos de la realidad de quien era este joven de apenas 24 años.
Alessandro tenía el físico para ser una estrella de cine cotizada, un supermodelo, playboy o algo por el estilo. Pero, se encontraba trabajando en una agencia de mensajería. Trabajo con el que pagaba su universidad ya que estudiaba la carrera de publicidad. Muchas clientas que quedaron prendadas de su físico; no pudiendo evita coquetearle un poco. Él se limitaba a ser amable con este tipo de clientas con las que se topaba regularmente, incluso clientes varones en ocasiones.
No le iba mal en su actual empleo; Pero, él deseaba llegar más lejos.
Llegó a la agencia de mensajería donde laboraba, y había otros paquetes esperando para que los llevara.
La chica había quedado en su mente. Le había parecido muy bonita.
Siguieron viéndose en días posteriores en las mañanas, y sólo se levantaban la mano saludándose. Y, se miraban ahora que llevaba más paquetes a la florería.
Pero, no volvieron a cruzar palabra; no era necesario. Sólo con sus miradas se decían todo
Kate había salido con sus amigos del trabajo a un restaurante una de esas noches. Hubo comida, algunos tragos, charla y diversión. Regreso a su casa cansada. Finalmente se tiró a su cama, y dejó que la sensación de calidez que la gente que estaba cerca de ella la envolviera. Ya tenía mucho, que no se veían fuera del trabajo.
Al chico lo conocían como el mensajero. No sabían su nombre, sin embargo le llamaban por el oficio que ocupaba.
Unos días después, el mismo chico llegó con otro paquete. No sabían si llamarlo destino, vida o simplemente circunstancias de que había estado llevando paquetes en varias ocasiones por casi un mes
Kate se sentía atraída por él; pero, supuso que no se limitarían a más que verse. Aunque, parecía que la cosa no sería como ella pensaba.
—Buenos días— La saludó él
—Buenos días—
—Paquete para…
—La señora Fields— Dijo ella
—Para la florería love flowers
—Es aquí
—Lo sé. Lo dice afuera, y en el paquete
—Y, en la papelería que traes seguramente— Le dijo señalando la forma que debía ser firmada.
—Si— Rieron por lo más obvio del mundo
—Yo firmare esta vez— Se acercó, y tomó un bolígrafo que había allí
—Gracias—
—Sabes, ya tiene mucho que vienes por aquí.
—Es cierto. La empresa me manda específicamente aquí
—Eres el favorito
—Tal vez—Risas salían de nuevo; aunque las cosas no eran tan graciosas. Era algo que pasaba natural, y se sentía la ligera incomodidad en el aire
—¿Cómo te llamas? — Le preguntó ella
—Alessandro.
—¿Alessandro? ¿Acaso es italiano?
—Si. Aunque, la mayoría de personas me llaman Ale.
—Mucho gusto, Ale— Tomó su mano
—¿Y, tú cómo te llamas?
—Kate.
—Lindo nombre— Ella tocó su flequillo levemente con su mano.
—Gracias, por haberme salvado la vez pasada
—Cualquiera hubiera hecho lo mismo de estar en mis zapatos.
—No sé si cualquiera. Pero, tú lo hiciste
—Y, fue un placer.
—Quizás para ti no sea nada. Pero, te debo la vida ¿Cómo puedo agradecértelo?
— Con ya saber tu nombre es suficiente.
—Entonces, estamos de acuerdo— No es como que esa información fuera a servirles, o serles de utilidad. Pero, calmo la curiosidad de los dos.
—Te veo luego.
—Si.
—Adiós— Salió del lugar el pelinegro
Después de una hora llegó Beth
—Hola—
—Te llegó este paquete.
—Ah, bien.
Los días siguieron pasando. Kate, y él siguieron observándose cada vez que él iba a la florería. Siempre tenían una sonrisa que darse.
Los chicos que estaban en el mostrador, se habían dado cuenta de la atracción obvia entre esos 2, y se limitaban a reírse de la situación. Ya que parecían un par de adolescentes tímidos.
—Hola— Llegó el chico con una caja
—Hola—
—Yo iré… Al baño— Dijo, Lily que se encontraba allí
—¿Otra vez, está a nombre de la florería?
—Así es.
—Yo firmó— Dijo, la obviedad más grande— Creo, que mi amiga lo haría…
—Pero, fue al baño
—¿Cómo, lo sabes?
—Lo dijo en voz alta
—¡Es cierto!— Puso su vista en la forma, y la lleno—
—¿Hace cuánto trabajas en la florería?— Le preguntó curioso
—Año y medio ¿Y, tú de mensajero?
—3 años. Pero, voy a la universidad.
—¿Qué estudias?
—Publicidad
—Entonces algún día, puede que vea un anuncio tuyo en la televisión. O, un espectacular en la calle.
—Es muy probable
—¿Crees, que le harás una a la florería?
—Claro. Si me pagan por supuesto
—Es lo justo— Las bromas salían de la nada—
Ambos siguieron conversando de cosas triviales. La chica no se percataba de que su mirada brillaba. Pero, el joven italiano parecía deslumbrado por eso. Sentía, que podría pasar horas observándola sin cansarse. Ella, también
—¿Y, no has considerado ser modelo, actor o no sé..?
—No sueño con estar en el mundo del espectáculo
—¡Pues, cualquiera diría que eres un modelo!
—¿Me estás diciendo que soy atractivo?
—¡Cómo, sino lo supieras!
—¡Mira, realmente no lo sé! —Río— ¡No soy bueno juzgando eso!
—Debes escucharlo muy seguido
—Me lo decían en la escuela, y mi madre. De hecho ella es quien más me lo dice.
—¿Tienes familia?
—Si—
—El héroe sigue aquí— Apareció Lily
—¿Héroe?
—Sabemos, que salvaste a mi amiga.
—¡Lily! — Kate abrió los ojos, y apretó los dientes
—¡Muchas gracias, por hacerlo!
—Por favor, ¡Lo hubiera hecho por cualquiera!
—¿Por cualquier chica linda? ¿Me habrías salvado a mí, también!
—¡LILY! —Le dio un codazo
—Seguramente— Le brindó una sonrisa
La puerta se abrió dejando asomar a un par de clientas
—De—bemos… Debemos, volver al trabajo
—Yo me encargo— La chica de cabello alborotado se ofreció
—Yo te ayudo
—Creo, que puedo sola— Con su mirada le daba a entender que siguiera hablando con el chico
—Adiós, héroe
—Es Alessandro
—Está bien, Alessandro
—Discúlpala, ella es algo…
—Me agrada. Es bueno ser un héroe
—Lo siento, ¡Les dije a todos que me salvaste, y pues todos se toman las cosas muy en serio por aquí!
—Se preocupan por ti
—Mucho
—Es como si fueran una gran familia
—Lo somos—
—Sabes, tienes muy bonitos ojos…—
—¿Qué?— Ella parpadeo
—Tienes ojos muy bonitos. Una mirada especial— La halago, y era algo que le nacía decir desde que la conoció.
—Gracias. Eres muy dulce
Dicen que los ojos son la puerta a través del alma. Que ellos reflejan lo que llevamos dentro. Sería bueno que los ojos, también develaran algunos secretos… Ya que las miradas no cuentan toda la historia de una persona