Capítulo 4

1324 Words
Liam no me hizo daño. Por más que mi mente me advertía que lo mejor era huir, él está frente a mí, con rostro preocupado por mi estado. Caty trajo una botella de agua, además de aromática. Comienzo a tomar pequeños buchados de agua, poco a poco se me va pasando el malestar. —¿Sufres de ataques de pánico? —pregunta Liam después de un rato. Está acodado a la mesa, con sus manos entrelazadas, con su cuerpo inclinado en mi dirección. Los papeles que Caty había estado leyendo minutos atrás se han quedado desparramados en la mesa, a la espera de que alguien se acuerde de ellos. No respondo a la pregunta de Liam, la verdad es que no quiero dirigirle la palabra nunca. —Le pasa cuando está bajo mucha presión —explica Caty con una leve sonrisa, de esas que se colocan cuando se quiere ser respetuoso y cordial—. La universidad hace eso, que te den ataques de pánico. La pobre Lissy debe llevar el peso de ser una de las mejores estudiantes de nuestra carrera. —Así que eres una de las mejores de la carrera —comenta Liam con una amplia sonrisa. Aparto mi vista de la pareja y me concentro en observar el pequeño vasito de papel blanco donde poco a poco se va enfriando la aromática de albahaca. Creo que no fue bueno tomar agua, porque ahora me siento con náuseas. Caty y Liam se quedan conversando sobre el taller. Liam al poco rato saca su laptop del bolso y empieza a teclear con rapidez, siguiendo el ritmo de las explicaciones de Caty para poder anotar todas las ideas centrales y así terminar el taller. Después de dos horas, Liam nos convida a ir por unas malteadas a las afueras de la universidad. Para este momento ya me siento más calmada; es impresionante cómo el cuerpo humano puede habituarse a climas inhumanos, como el hacer un trabajo académico con tu futuro asesino. —Yo… —Intento hablar—. Yo debo… hacer. —Mi voz sale de mi garganta como un hilo de voz y ellos deben esforzarse para poder escucharme. —¿No quieres ir? —pregunta Caty apresuradamente. Niego ligeramente con la cabeza. Cuando veo que Liam me escudriña con la mirada, mi corazón da un vuelco e inclino el rostro, dejando que mechones de mi cabello lo cubran. —Bueno… está bien, nosotros sí iremos —repone Caty sin el poco interés de insistir. Tomo con prisa mi bolso y me levanto de la silla metálica. —Bueno, me tengo que ir —suelto. No espero a que me digan palabra alguna y salgo con paso ligero por el pasillo de piedra, buscando la salida de la universidad. Las lágrimas comienzan a acumularse en mis ojos, volviendo un poco borrosa mi vista. Al llegar al apartamento, me encierro en mi habitación, volviéndome bolita en la cama. Suelto todo el temblor y el llanto con fuerza. Ha llegado el fin de mi vida. Nunca creí que mi muerte sería en este punto de mi presente, es tan… inusual, tan… inesperado. ¿Qué se debe hacer cuando se conoce a quien te arrancará la vida? Yo solo sé llorar y temblar, nada más. Soy una completa cobarde. Aunque los cobardes viven más que los valientes, este no es el caso, porque esta cobarde va a morir pronto. Cuando tuve el primer sueño, a mis quince años, creí que era una pesadilla. Porque sí, yo también puedo soñar por momentos como las personas normales. Me desperté agitada esa mañana, temblando, deseando no volver a tener una pesadilla tan terrible. Pero a la semana siguiente, cuando creía que era cosa del pasado, volví a sumergirme en aquella noche lluviosa, cuando veía las botas negras caminar por la larga carretera, sabiendo que se trataba de mi asesino. Entonces, entendí que no era una pesadilla, se trataba de mi muerte. Nunca se puede acostumbrar a la idea de saber que se morirá joven, mucho menos que será un asesinato, que, aunque se quiere impedir, se sabe que es imposible. Me mudé de ciudad por un intento desesperado por comenzar mi vida desde cero y por un tiempo creí que lo había logrado. Aunque ahora entiendo que hice un cambio que me trajo al lugar donde iba a conocer a mi asesino. *** —Liam es tan atento, tan cariñoso —dice Caty con un aire de ilusión en su voz. No hay peor cosa que tu amiga comience a gustar de un asesino y no poder decírselo, jamás me creería. —Tomamos las malteadas y lo acompañé a recoger un paquete —me comenta mientras sube los pies al mueble—. Después fuimos a su apartamento, según con la excusa de llevar el paquete. Me encantaría preguntarle qué había en el paquete, si logró ver su interior, aunque sé que no fue nada raro, como un arma o el cuerpo desmembrado de una persona, de lo contrario Caty no estaría tan contenta en este tomento. —Donde vive es un poco pequeño, pero todo está muy organizado —sigue contando, aunque mi rostro pide que deje de hablar, pero ella no ve nada de eso, solamente necesita una persona que la escuche hablar de Liam—. Por un momento creí que íbamos a tener sexo, pero no, estaba tan metido en su mundo, sacando todos esos papeles del paquete. Me dijo que trabaja en algo de búsqueda de personas, algo así. Aquello llama mi atención y salgo de mis pensamientos. Le ha mentido a Caty, claro, es de esperarse, no puede ir por la vida diciendo que es un asesino y que su pasatiempo favorito es enterrar personas en los bosques. Llevo unas ojeras grandes, no he dormido en dos días seguidos, así como solamente voy a clases y me regreso al apartamento con la histeria de sentir que me siguen y que en cualquier momento me van a raptar. Así que Caty vino a visitarme porque no me ha podido ver mucho, según ella, estoy más ansiosa de lo normal y quiere saber la razón, pero no ha hecho otra cosa que hablarme de lo mucho que le gusta Liam y que cree que es mutuo. Se ha sentado en el mueble con un pote de helado de medio litro que ya lleva por la mitad. Yo estoy en la otra esquina del mueble, acariciando la panza peluda del señor Grifi, el cual ronronea con los ojos cerrados, casi dormido. —¿Cómo que trabaja buscando personas? —le pregunto a Caty sin dejar de acariciar a mi gato. —No me contó mucho, pero parece que trabaja en eso, con un grupo capacitado —explica y se embute una cucharada de helado de vainilla en la boca. Hay un momento de silencio mientras Caty traga el helado en su boca. —Cada cosa de él es fascinante, ¿no crees? —Suelta con cierto entusiasmo en la voz—. Ya todas las chicas están como locas intentando llamar su atención, pero Liam no les hace caso, aunque siempre las trata bien. Es todo un amor de persona. Estoy a punto de respingar una ceja, pero prefiero solo soltar un suspiro para poder calmar mis nervios. Siento que la visita de Caty se hace muy larga y cansada, así que le digo que iré a dormir, que tengo migraña. Ella pilla la indirecta con suma rapidez y se levanta del mueble. —Habrá una fiesta el sábado por la noche, Samary está cumpliendo años, ¿vas a ir? —pregunta, pero no espera mi respuesta—. Tienes que despejar la mente, Lissy, tienes una cara de muerto que es evidente hasta para los que no te conocen, no puedes seguir así, terminarás muy enferma. Pero Caty jamás lo podría entender, porque ella no es la que se ha enterado que morirá pronto.
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