Capítulo 5

2050 Words
Fue un error el aceptar acompañar a Caty a la fiesta, debo aceptar que me vi arrastrada por la soledad de toda la semana que he pasado intentando no verme con Liam. Ante todo, soy una persona que quiere ser sociable y tener una vida normal. Pero esta noche será de horror, Liam ha asistido a la fiesta de Samary y ahora me mira fijamente desde una esquina de la sala, tomándose un vaso de cerveza. Es increíble que no disimula que me mira fijamente, hace que mi respiración se agite y se vuelva temblorosa. Recojo un mechón de mi cabello rizado con mi mano derecha y lo echo detrás de mi oreja. Después bajo la mirada a la botella de cerveza que llevo conmigo, la cual está a medio tomar y decido darle un trago largo, después otro y otro. —Hey, tranquila —pide Caty a mi lado—. No quiero tener que arrastrarte hasta tu apartamento. ¿Ves que Liam nos está observando? —Suelta una risita coqueta, olvidando por completo el tema de la cerveza—. Lissy, ¿crees que podrías tocarlo y ver si será mi futuro esposo? Estoy a punto de escupir la cerveza que tengo en la boca y siento que comienzo a ahogarme. —Es que, yo siento una conexión enorme con él, Lissy, hablo en serio —insiste y me da dos golpecitos en la espalda al ver que comienzo a toser—. Venga, ¿no puedes hacer eso por mí? Todo mi rostro está rojo y puedo divisar que Liam ya está cruzando la sala para acercarse hasta el mueble blanco donde estamos sentadas. —Ahí viene, Lissy, por favor… —insiste Caty y me agarra del muslo derecho—. Solo debes estrecharle la mano. Caty hace silencio cuando tenemos cerca a Liam y se cruza de piernas para que la falda de cuero negra que lleva puesta le resalte las piernas. —Señoritas —saluda Liam y pasa su profunda mirada por nosotras. —Hola, Liam —saluda Caty y le estira la mano derecha, la cual el joven estrecha con una sonrisa ladeada. Caty voltea a verme a modo de señal. Después, Liam me extiende la mano derecha a modo de saludo. —Lissy, ¿cómo estás? —me pregunta. Titubeo ante el hecho de hacer contacto físico con Liam, sé que, al tener el roce con su piel podré ver su destino y posiblemente cómo terminamos nuestras vidas la misma noche. —Lissy… —gruñe Caty a modo de advertencia. Entonces estrecho la mano de Liam. Se acerca para susurrarme al oído: “Estás atada a mí, no podrás escapar, ni siquiera después de la muerte, entiéndelo”. El crepúsculo nos rodea. Un jardín. El olor a humedad en el ambiente. Unos sollozos salen de mi garganta y puedo sentir cómo acerca los labios a mi cuello. Aparto la mano de forma repentina y la cubro con la otra, casi queriéndome limpiar de aquel tacto. Estoy segura de que todos pueden ver mi rostro de espasmo, porque me observan con incredulidad. Liam arruga el entrecejo, perplejo ante mi reacción. —Lissy… —suelta Caty con vergüenza. Me levanto del mueble y volteo a verla. —Lo siento, lo siento, no puedo hacer esto —digo con la voz agitada. Ella me observa con nerviosismo. —Perdón, perdón. —Se levanta e intenta acercarse a mí, pero doy un paso atrás. —Ya debo irme —informo. —Lissy, por favor, acabamos de llegar. —N-no… Caty, por favor. —Lissy, espera —pide cuando me ve marcharme—. ¡Lissy! —¿Qué sucedió? ¿Le hice algo? —logro escuchar que pregunta Liam—. ¿Por qué siempre se comporta…? No logro escuchar el resto porque comienza a sonar una fuerte canción. Me pierdo entre la multitud de jóvenes hasta que logro salir de la casa y comienzo a caminar por la larga calle. *** Mi día iba muy bien hasta que después de almuerzo, al comenzar la clase de Lingüística, Liam decidió sentarse a mi derecha. Para mi mala suerte, Caty había decidido saltarse esta clase para poder asistir a una salida que tendría con unas amigas. Por unos segundos, Liam hace silencio y concentra la mirada en su libreta de apuntes. Después, cuando menos me lo espero, voltea a verme. —¿Cuál es tu problema conmigo? —pregunta. Mi respiración se congela por unos segundos y lentamente ruedo la mirada hasta él. Lleva una camisa manga larga de color n***o con cuadros rojos, la trae desabotonada, por lo que puedo ver que trae una debajo de esta una camiseta de color n***o. —¿Por qué te desagrado tanto si no me conoces? —pregunta, pero suena más a regaño. Al ver que no tengo intención de decir una sola palabra, abre la boca, pero no dice nada, después la cierra y acentúa con su cabeza varias veces de forma lenta. —Vale, entonces es que me tienes miedo, ¿por qué? —inquiere con tono de reclamo—. ¿Por qué siempre me ves como si yo fuera un monstruo? Oh, ya sé que es el mismísimo demonio en persona; cómo me gustaría decírselo. Acerca un poco el rostro a mí, pero yo alejo de la misma forma mi cabeza de él, recuperando el espacio perdido. Noto que mis piernas están temblando como gelatina y ahora lo han empezado a hacer mis manos, así que las entrelazo. —Si me temes tanto, entonces suicídate esta noche cuando llegues a tu apartamento —me susurra al oído derecho—, córtate las venas. Todo mi cuerpo se congela y las lágrimas comienzan a acumularse en mis ojos. ¿Por qué me acaba de decir algo tan siniestro? Entonces, se levanta de forma calmada del puesto, acomodando su bolso en los hombros y se dirige hasta el otro extremo del salón de clases y se sienta muy casual al lado de una chica rubia que al instante empieza a acomodarse el cabello de forma coqueta. Liam tiene la sangre tan fría que puede ordenarle a una persona el suicidarse y después comenzar a coquetear con otra de sus compañeras de clases. Después de esto no soy capaz de concentrarme en toda la clase. Tampoco en seguir mi rutina el resto del día. Me da miedo llegar a mi apartamento y recordar que me había pedido el suicidarme apenas entrara. ¿Así de retorcida tiene la mente? Pero, esa noche, cuando de forma repentina Caty llega a visitarme, comienzo a entender lo que ha pasado. —¿Hablaste con Liam? —me pregunta cuando estamos en la cocina. Noto la ansiedad en su voz. Termino de servir el jugo de manzana en los dos vasos de vidrio y la observo fijamente. —¿Qué le dijiste a Liam? —pregunto con miedo. Ella traga saliva y sus manos comienzan a jugar entre sí, estresadas. Después acomoda su camisa de tiras de color rosa y echa un mechón de cabello detrás de su oreja. —Ay, es que… —balbucea. —Caty, ¿qué le dijiste? —Ahora soy yo quien tiene ansiedad. —Lissy, lo que pasó es que… —trata de explicar. —Caty, ¿qué hiciste? —insisto, pasando al enfado. —Lissy, es que te comportabas muy rara con Liam, como si le tuvieras miedo —dice—, entonces, yo le dije que es que tú tienes un don y te da miedo tocar a las personas porque puedes ver su futuro. Pero yo tenía el alcohol subido a la cabeza y por eso… —Está moviendo las manos mientras habla, lo hace de forma rápida, lo que me causa estrés—. Por eso… lo hice… Pero estoy segura de que él no se creyó nada, porque soltó la risotada, de seguro lo tomó como una broma… ¿Quién se creería algo como eso? —Me prometiste que nunca dirías mi secreto a nadie —suelto con tristeza. —Y he mantenido mi promesa por todos estos años —reitera—. Simplemente fue anoche por un tema del momento y fue a modo de broma —repone y después aprieta los labios. Ahora no sé qué pensar, Liam pudo haberme preguntado sobre mi don cuando se acercó a mí, contrario a eso, decidió hacer ese comentario tan extraño. ¿Lo habrá hecho para molestarme? Bueno, es entendible que sí, seguramente para jugarme una broma de mal gusto porque no le agrada que yo le haga mala cara cada vez que lo veo. Es cierto lo que dice Caty, ¿quién se creería que yo puedo ver el destino de las personas? Me tomarían de loca y que quiero llamar la atención. Pero me molesta que Caty vaya por ahí haciendo esos comentarios cuando está ebria. —Lissy… perdón, no volverá a pasar, ¿sí? Le extiendo el vaso de jugo con seriedad. —Ojalá no te emborraches con el jugo y vuelvas a soltar mis secretos a cualquier persona. —Hey… Liam no es cualquier persona, será el futuro padre de mis hijos. —Respinga las cejas con superioridad. Hago una mueca de desagrado y ella suelta la risotada. —¿Por qué te cae tan mal Liam? —pregunta—. ¿Qué fue lo que viste cuando lo tocaste? Quedo pensativa, recordando aquella extraña situación. —Lo vi a él decirme una bobada —miento. —¿Qué te decía? —No lo recuerdo bien. —¿En serio? —Caty enarca una ceja. —Ya te dije que no me acuerdo, además, no quiero hablar de eso —replico. —A ver, Liam es una muy buena persona, ¿por qué te desagrada tanto? —Porque no me gusta su personalidad, es engreído —suelto con un atisbo de enojo en la voz. Tomo el vaso de jugo del mesón de mármol y salgo de la cocina. —¿No será que te gusta y finges que no es así solo porque sabes que yo gusto de él? —pregunta Caty detrás de mí. Me detengo y volteo a verla. —¿Qué? —suelto, estupefacta. —No me sorprendería, la verdad. Liam es muy guapo, tiene a todas las chicas de la carrera enamoradas. Todos mis adentros se me revuelven al pensar en la posibilidad de que mi futuro asesino me guste. —Claro que no me gusta —replico—, para nada. Al parecer mi voz suena bastante contundente, porque Caty se relaja y toma un trago de su jugo de manzana. Nos dirigimos a la sala de estar, donde nos sentamos en el viejo mueble. Caty trajo consigo de la cocina una caja de galletas y comenzamos a comerlas con los jugos. Hemos puesto la canción “Lost on you” de LP a reproducir en mi laptop, suena bajito, así que podemos hablar en tranquilidad. Por el balcón entra la brisa de la tarde, así como unos rayos de sol se cuelan entre las cortinas blancas. Grifi se encuentra acostado en el sillón de al lado de nuestro mueble, ronroneando mientras está adormilado, después de haberse comido sus croquetas con salsa de carne. —¿Estás así porque viste algo feo? —me pregunta Caty. Medito antes de contestar, no quiero soltarle toda la verdad y asustarla. —De unas semanas para acá estás muy rara, Lissy —apunta Caty con voz preocupada—. Sé que es por eso, porque tienes unas ojeras enormes, ¿no puedes dormir? —Son pesadillas, nada más —digo, no es del todo mentira, así que le suelto algo de verdad. —¿Normalmente qué haces cuando estás así? —Nada, sólo se pasa con los días. —Va, pero es que llevas así unas semanas —cuestiona—, no creo que ya sea algo que se pase de un día para otro. Caty tiene razón, por lo que comienzo a notar que mi tiempo de verdad se está acabando, porque ya no hay marcha atrás como pasaba antes cuando tenía una crisis. —Se me va a pasar, en serio —intento calmarla. Pero Caty me observa con preocupación y un aire de tristeza.
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