TRES.

1176 Words
ASYA. Tres meses después.  Me pongo las zapatillas deportivas y amarro mi grueso cabello en una cola de caballo, tomo mis airpods de la mesita de noche y bajo las escaleras. Mi padre esta en la cocina preparando un poco de café, el aroma se cuela por mi nariz provocando que mi estomago chille de hambre. Entro en la cocina y mi padre me mira. -Buenos días Darling, ¿café? -Buenos días papá, no, solo tomare una botella de agua.- me acerco para besar su mejilla y sonríe saco una botella de la nevera.-Volveré mas tarde. -Trae un par de madalenas para mí en tu camino de vuelta. Me despido con la mano sintiendo este peso en mi pecho que nunca desaparece, es decir es fin de semana y el plan de mi padre es quedarse en casa a tomar el maratón de películas de terror con Liv y conmigo, mi madre murió hace 7 años y ni una vez desde entonces ha salido de casa, al principio pensé que era por nuestro bien, se preocupa demasiado por nosotras, es solo que ahora creo que está encerrándose en sí mismo, se niega a dejarla ir pero mamá no volverá y la vida continua, especialmente ahora que Liv esta a punto de mudarse a Nueva York para trabajar en una revista importante de moda y yo… bueno, tendré planes muy pronto, estoy segura. Una vez que estoy fuera comienzo a trotar, mis pies se sienten ligeros cuando la fina capa de sudor me cubre la frente, escucho Cinema de Harry Styles y siento la emoción a medida que dejo el conjunto residencial y me acerco a la ciudad. Cuando al fin veo mi objetivo me detengo frente a Lab Bakery, empujo la puerta de cristal y la pequeña campana suena en la parte superior, Odette lleva un delantal lleno de harina y el cabello recogido en un moño desordenado, me mira con sus ojos claros y las manos en las caderas. -Llegas tarde.- dice jalando un costal de harina de vuelta a la bodega. Sonrío para mi misma, Odette es la dueña de la panadería ha sido amiga de mi familia desde que tengo memoria, también es una especie de consejera de papá, nos ayudo a mi y a mi hermana cuando nos llegó el periodo la primera vez o cuando Liv escapo de casa con un chico para hacer quien sabe que cosas, siempre esta ahí para nosotras, incluso ahora cuando siento que estoy en un enorme pozo del que no puedo escapar. -No trabajo aquí.- le digo yendo detrás del mostrador y tomando un delantal. -Bueno, te contrato por el día.- desaparece en la bodega mientras coloco las piezas de pan frescas en la vitrina. Tomo un croissant de frambuesa y lo parto comiéndolo a pedazos, el sabor es de otro mundo. Cuando Odette aparece de nuevo me lleva con ella a la cocina y horneamos un par de galletas, mi mente se despeja, es el único momento en el que no pienso a toda velocidad, así que me gusta venir a esto, a olvidar. -¡Asya! Tengo que ir a la parte de atrás, necesitamos más chispas de chocolate, ¿puedes encargarte del mostrador? Me enderezo metiendo las ultimas galletas al horno, salgo inmediatamente, pero ella ya ha desaparecido, reviso el reloj en la pared y no puedo creer que ya han pasado unas cuatro horas desde que llegue. Paso un trapo por encima del mostrador distraídamente hasta que la campana suena de nuevo, me enderezo con una sonrisa en el rostro. Un hombre enorme aparece en mi campo de visión, es intimidante, tiene la cabeza rapada y un par de tatuajes en las manos, no sonríe ni parece que sea del tipo amable, barre con la mirada el lugar, no hay ni una sola alma aquí, lo que tiene mucho sentido porque la mayoría de nuestros clientes solo toman cosas para llevar, a excepción de los fines de semana este lugar está constantemente vació. -Hola, ¿puedo ayudarte?.- susurro con un poco de miedo. Me mira finalmente, sus ojos me escudriñan y se acerca con toda la calma del universo. -¿Puedo tomar uno de cada uno?.- sus ojos se dirigen a la vitrina. Me siento un poco asustada si soy sincera. -¡Oh, por supuesto! ¿Galletas también? -Todo.- su voz sale como una amenaza, tomo las pinzas, una caja, me apresuro a meter todo dentro, coloco una pegatina para cerrarla y la deslizo hacia él. -Son… Antes de que pueda terminar deja dos billetes de cien y sale de la panadería, eso es demasiado, tomo un poco de cambio de la caja y salgo corriendo, lo veo subirse a un auto n***o uno que jamás habíamos visto en la ciudad, parece costoso, n***o mate y ventanas polarizadas. -¡Disculpa! No me mira, simplemente sube y se marcha como un fantasma. Me quedo mirando el cambio, Odette aparece a mi lado. -¿Quién era ese?.- dice siguiendo el auto que desaparece en un segundo. -Alguien que deja buena propina. Entramos a la panadería asumiendo que es uno de esos días extraños, los clientes continúan viniendo, las piezas de pan hojaldrado se terminan cuando la noche cae, tomo las madalenas y las galletas que hornee, me despido de Odette quien se ofrece a llevarme a casa, pero me niego, no es un gran camino y me gusta la brisa nocturna. Me pongo los audífonos de nuevo esta vez con Kiwi de fondo, el camino de vuelta es mucho mas corto, el cansancio comienza a subir como enredadera por mi cuerpo, agradezco mentalmente cuando veo la fachada de casa. Dos casas debajo de la mía hay un auto estacionado, del tipo llamativo, super deportivos, n***o como el de esta tarde en Lab Bakery. “¿Qué mierda?” Niego suavemente, saco las llaves de mi bolsillo y empujo la puerta, la casa parece estar tranquila, las luces están apagadas, no hay rastro de Liv o papá, entro en la cocina, dejo la caja en la encimera y bebo un vaso de agua, quizá salieron por la cena, excepto que veo platos sucios y una caja idéntica a la que traje conmigo. ¿Liv paso por la panadería? ¿Papá? No, es imposible, los habría visto si hubieran entrado, dejo el vaso y salgo en busca de mi familia. -¿Papá? ¡¿Liv?! No obtengo respuesta, pero escucho un par de risas en la parte de arriba, subo las escaleras, camino al final del pasillo en donde la terraza se extiende, es un lugar que mi madre diseño, amaba pasar tiempo aquí, por la noche las luces de la ciudad son visibles y parecen estrellas enormes, tiene el aspecto de un invernadero solo que ahora todo esta seco y olvidado, sin embargo, conserva la esencia, empujo las puertas de cristal quedándome sin aliento. Los veo entonces con el alma fuera de mi cuerpo y la sangre drenándose por mis pies. Papá. Liv. Y él. El tipo sin nombre.
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