Comemos en silencio, vacío, ahogante, frio e incomodo silencio, donde solo se escucha nuestra respiración pesada y el ruido de los platos al chocar con los cubiertos. No sé si está molesto, pero su expresión comienza a fastidiarme. -Estuvo muy rico – comento llevando mi plato sucio al lavavajillas. -Si, no estaba tan mal – expresa frío. Paso un mechón suelto de mi cabello por detrás de mi oreja, desviando la mirada, las manos me sudan, no sé por qué estoy nerviosa, como una niña pequeña a punto de ser regañada. -Bueno, me iré a casa – comienzo a caminar. -No hemos terminado, creo que Matías puede esperar un poco más – me toma del brazo impidiéndome dar un paso más. Me conduce poco a poco hasta la sala, donde nos sentamos en el sofá mirándonos directamente a los ojos, a lo cual reacci

