*Nelson* Espero impaciente en la sala de mi casa, caminando de un lado a otro, con las manos sudadas por los nervios, repasando mentalmente lo que voy a decirle a Erika en cuanto cruce el umbral de la puerta. Las llaves abriendo la puerta principal me alertan y emocionan al mismo tiempo. Hoy se acabará esta pesadilla, estoy seguro. Voy a presionarla tanto, que me confesará que el bebé no es mío. Erika entra a la estancia, dando pasos seguros, como siempre, vestida de licra, con tenis y su largo cabello rojo amarrado en una coleta alta, supongo que viene del gimnasio. Una sonrisa hipócrita adorna su cara, casi de manera permanente, ya que se acostumbró a que sea así, debido a los paparazzi y fans acosadores, que pueden sorprenderla siempre. -Hola, Querido - saluda cínicamente, resaltan

