EL PASADO DEL LOBO SOLITARIO

1105 Words
Los días en el palacio abandonado se habían vuelto más tranquilos para Inanna. Los lobitos se habían convertido en su única familia, y, a pesar de las circunstancias, se sentía agradecida por su compañía. Mazda traía comida del bosque, y Inanna les enseñaba a los pequeños cómo cocinar con las hierbas que encontraban cerca del palacio. Ya no comían carne cruda, como cuando Mazda estaba solo con ellos. El aroma de guisos y sopas llenaba el lugar, dándole una sensación de hogar, a pesar de su estado ruinoso. Inanna estaba sentada en la cocina improvisada, cortando hierbas mientras los cachorros jugaban a su alrededor. —¡Mira lo que encontré, Inanna! —dijo uno de los lobitos más pequeños, mostrando un par de bayas brillantes. —¡Cuidado, Juno! —respondió ella rápidamente, tomando las bayas de sus manos—. No todas las bayas del bosque son seguras. Algunas pueden ser venenosas. —Oh… no lo sabía —dijo el pequeño, bajando la cabeza. Inanna sonrió, acariciando su cabeza suavemente. —Está bien, cariño. Ahora ya lo sabes. Vamos a plantar algunas hierbas seguras para que siempre tengamos a mano —le dijo mientras lo guiaba hacia el pequeño jardín que había empezado a cultivar con los niños. Mientras los pequeños jugaban y reían, Inanna sintió una sombra tras ella. Mazda había estado observando desde una distancia prudente, como solía hacer. A pesar de su silencio, Inanna siempre sentía su presencia. Su mirada intensa la hacía consciente de cada movimiento, aunque el lobo solitario rara vez hablaba sin razón. —Eres cariñosa con ellos —dijo Mazda, su voz profunda resonando en el aire. Inanna se dio la vuelta y se encontró con su mirada. Esos ojos, fríos y feroces, pero había algo más en ellos ahora…. —Alguien tiene que cuidar de ellos, y ellos… me cuidan a mí, de alguna manera —respondió, intentando no dejarse intimidar por la intensidad de su mirada. Mazda se acercó lentamente, hasta que estuvieron a pocos pasos de distancia. Los lobitos, al verlo, se dispersaron rápidamente para seguir jugando, dejándolos a solas. —Has hecho de este lugar algo más de lo que jamás imaginé —dijo Mazda, sus ojos fijos en ella—. Pero eso no cambia el hecho de que tengo un propósito, y está lejos de aquí. Inanna alzó una ceja, cruzando los brazos. —¿Un propósito? ¿Cuál es, Mazda? Nunca hablas de ti. Solo de ellos —dijo, señalando a los cachorros que corrían alrededor del palacio. Él guardó silencio por un momento, como si estuviera debatiendo si debía contarle o no. Finalmente, habló, su voz más baja de lo habitual. —Busco venganza. Y a mi hermana. La confesión cayó como un rayo sobre Inanna, que lo miró fijamente, sorprendida. Jamás había imaginado que Mazda, el —Satán—, tuviera una historia de dolor detrás de su furia y frialdad. —¿Tu hermana? —preguntó Inanna suavemente—. ¿Qué le sucedió? Mazda exhaló pesadamente y se apoyó contra el marco de la puerta, como si la historia que iba a contarle fuera demasiado pesada para cargarla solo. —Hace muchos años… —comenzó, mirando hacia el horizonte como si recordara una vida muy lejana—. Mi familia era poderosa. Mi padre, Alfa Amri, y mi madre, Luna Eva, lideraban una tribu respetada y temida. Éramos felices. Tenía una hermana pequeña, la luz de la manada, siempre con una sonrisa, siempre corriendo por todas partes. Inanna no pudo evitar imaginarse una versión joven de Mazda, antes de que la oscuridad lo consumiera. —Pero eso cambió cuando otros grupos étnicos, enemigos de mi padre, unieron fuerzas para atacarnos. Mi madre y mi padre fueron asesinados delante de mí. —Mazda apretó los puños, su mandíbula tensa mientras las palabras salían de su boca como dagas—. Mi hermana fue secuestrada. Solo yo logré escapar. Inanna sintió un nudo en el estómago mientras lo escuchaba. —Desde entonces, he vagado solo, buscando pistas sobre ella. —Mazda levantó la cabeza y la miró—. Solo sé una cosa: lleva un brazalete de oro con el tótem de nuestra familia. Es lo único que me queda de ella. No sé si está viva, pero si lo está… la encontraré. Inanna permaneció en silencio por un momento, absorbiendo toda la historia. No había visto venir esto. Mazda, el —Satán—, cargaba con una tragedia tan profunda que lo había transformado en el lobo solitario que era. —Eso explica… muchas cosas —dijo finalmente, con un susurro suave—. Pero, ¿qué harás si la encuentras? ¿Si la venganza no llena ese vacío? Mazda la miró, como si nunca se hubiera planteado esa pregunta antes. Su rostro se endureció. —Venganza es lo único que me mantiene en pie, Inanna. —Respondió con firmeza—. Si encuentro a mi hermana, todo el que haya tenido parte en la muerte de mis padres… pagará con su vida. Cuando eso suceda, este bosque será mío, y me aseguraré de que nunca más nadie se atreva a desafiarme. El aire se volvió denso entre ellos. Inanna sabía lo que era el deseo de venganza, el dolor de una traición, pero también sabía que esa sed podía consumirlo todo, dejando solo vacío detrás. —Y mientras tanto, adoptas lobitos abandonados —comentó Inanna con una leve sonrisa, intentando aligerar la tensión. Mazda soltó una risa seca. —No son parte de mi plan, pero no puedo dejarlos morir solos. No soy un monstruo… no del todo. —Sus ojos se suavizaron apenas un poco mientras observaba a los cachorros, que seguían corriendo felices alrededor del palacio. —Entonces, tal vez no seas el —Satán— después de todo —dijo Inanna en voz baja, sin apartar la vista de él. —Quizá. O quizá lo soy. El tiempo lo dirá —respondió Mazda, con una sonrisa enigmática. Ambos se quedaron en silencio mientras el crepúsculo comenzaba a envolver el bosque. Inanna sintió que, por primera vez, había logrado ver al verdadero Mazda, no al lobo feroz que todos temían. Detrás de su frialdad había una herida profunda, una búsqueda interminable, y algo de humanidad que aún no se había desvanecido por completo. Y mientras los cachorros reían y jugaban, un atisbo de conexión genuina surgía entre ellos, a pesar de los propósitos oscuros que los rodeaban. —Venganza...susurro en voz baja para si misma, y dentro de su corazón había una gran furia. —Te ayudaré… ¡Hasta que seas el único alfa!
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