ASMODEO RECHAZADO

1394 Words
El suave resplandor de la mañana se colaba por las cortinas cuando Inanna abrió los ojos. Su corazón latía acelerado y su cuerpo aún temblaba por el recuerdo del rechazo, del dolor insoportable que había sentido... pero, al mirar alrededor, su habitación no era la misma. No estaba en su casa, ni en el presente. Estaba de vuelta en el día de su coronación. Su respiración se detuvo por un instante mientras sus manos recorrían las sábanas suaves, reconociendo cada detalle del lugar donde había sido coronada luna por primera vez. —¿Es esto un sueño?— pensó. Pero el sonido de unos golpes en la puerta la sacó de su desconcierto. La puerta se abrió lentamente y Medusa, su mejor amiga, apareció en el umbral con la misma sonrisa brillante que había mostrado aquel día. El corazón de Inanna se estremeció de rabia, sabiendo lo que esa sonrisa ocultaba. —¡Felicidades, Inanna! —exclamó Medusa con entusiasmo—. Hoy es tu gran día, el día en que te coronarán como luna. Y, por supuesto, traje un regalo para ti. Medusa alzó una pequeña caja decorada con cintas. Dentro, Inanna sabía lo que encontraría: el difusor de aromaterapia que, sin su conocimiento, había destruido su capacidad de ser madre. Una ira profunda ardió en su pecho, pero supo que debía controlarse. Inanna se cruzó de brazos, sus ojos brillando con una mezcla de desafío y cautela. —¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Inanna, su voz fría e implacable. Medusa parpadeó, sorprendida por la actitud de Inanna, sin saber cómo reaccionar ante el tono que no esperaba. —¿Qué quieres decir? —respondió Medusa, desconcertada—. Claro que estoy aquí para apoyarte. ¡Hoy te coronan luna, Inanna! No podía faltar... además, traje esto —dijo, extendiéndole el pequeño regalo. Inanna miró el difusor con una mezcla de repulsión y fingida curiosidad. Sonrió, con una sonrisa forzada, y lo tomó entre sus manos como si fuera un tesoro. —Gracias, Medusa. Es hermoso —dijo, ocultando su desprecio bajo una máscara de agradecimiento—. Lo pondré en mi habitación después de la ceremonia. Medusa sonrió ampliamente, ignorando por completo la tensión en el ambiente. Horas más tarde, la ceremonia de coronación se llevó a cabo. Los miembros de la manada se reunieron en la explanada principal, bajo la luz de la luna que parecía brillar con una intensidad particular esa noche. Asmodeo, el alfa, estaba imponente en el centro del círculo, esperando con paciencia a que su futura luna aceptara el honor de estar a su lado. El momento culminante llegó, y Asmodeo se acercó a Inanna con una sonrisa orgullosa. Alzó la mano para atraer la atención de todos. —Inanna, —dijo con su voz autoritaria—, ¿estás dispuesta a aceptar ser mi luna y guiar a esta manada a mi lado? Inanna sintió una ola de recuerdos atravesándola. Las palabras crueles de Asmodeo y Medusa, el dolor de la traición, la manipulación que la había llevado a este punto. Esta vez, sin embargo, no tenía miedo. Lo sabía todo, y el poder estaba en sus manos. Con la cabeza en alto, Inanna miró directamente a los ojos de Asmodeo, su voz resonando con fuerza y determinación. —No —dijo, su respuesta seca y clara como un cuchillo cortando el aire. Un murmullo de sorpresa recorrió a la manada. Asmodeo, confundido, frunció el ceño. —¿Qué has dicho? —preguntó con incredulidad, intentando mantener su compostura. Inanna dio un paso adelante, acercándose a él, pero su mirada era fría y distante. —Te rechazo, Asmodeo. Rechazo ser tu luna, rechazo ser tu compañera. Ya no seré tu mate ni tu luna. El dolor fue inmediato. Inanna lo sintió atravesar su cuerpo, un dolor intenso y profundo, como si su alma estuviera siendo arrancada. Pero detrás de ese dolor, había algo más: La libertad. Sabía que estaba haciendo lo correcto, y eso le daba fuerzas para resistir. Pero lo más impactante no fue su propio dolor, sino la reacción de Asmodeo. El rechazo del alfa era una de las peores agonías que un hombre lobo podía soportar, y mientras Inanna sentía su propio tormento, podía ver cómo el rostro de Asmodeo se contorsionaba de dolor, mucho más profundo que el suyo. El vínculo que él había dado por sentado se deshacía ante sus ojos, y Inanna sonrió, disfrutando de la ironía de la situación. Esa sonrisa fue suficiente para enloquecerlo. —¡Estás loca! —rugió Asmodeo, tambaleándose, con el sudor perlándole la frente—. ¡Has perdido la cabeza, Inanna! Nadie rechaza al alfa de esta manada sin consecuencias. Asmodeo apretó los puños y, con una mirada de furia pura, dio la orden. —¡Llévensela! —gritó, su voz temblando por el dolor y la humillación—. ¡Enciérrenla en el Manicomio hasta que aprenda su lugar! Dos de los lobos más fuertes se acercaron a Inanna, sujetándola con fuerza, pero ella no luchó. Sabía lo que vendría y lo aceptaba con calma. Mientras la llevaban lejos, las carcajadas de Inanna resonaron por el aire. Era un sonido desafiante, lleno de vida y fuerza. Aunque el dolor aún la invadía, sabía que había ganado la batalla más importante. Asmodeo la miró, furioso y lleno de frustración, sabiendo que había perdido algo invaluable. Mientras ella desaparecía de su vista, Inanna continuó riendo, sabiendo que, por primera vez en mucho tiempo, era verdaderamente libre de ataduras{ La conexión con su lobo, la tranquilizó, — No temas Inanna, eres fuerte, estamos juntas en esto. Todo pasa por una causa y no por casualidad. Yo nunca sentí que Asmodeo era tu compañero, ¡Nunca! —Ahora somos libres tú y yo, debes encontrar a tu mate, tal vez, donde menos lo esperas… Una visión de hace algún tiempo atrás se hizo presente... "Era una noche lluviosa y fría, el cielo rugía con fuerza mientras la loba Ariadna yacía en la oscuridad del bosque, sus lágrimas cayendo como un reflejo de la tormenta que la envolvía. Estaba destrozada. Sus cinco cachorros, su única esperanza de vida y futuro, habían sido cruelmente sacrificados. Asmodeo, uno de los lobos mayores de la manada, había llevado a cabo este acto despiadado, todo en nombre de un antiguo ritual que le garantizaría su ascenso como Rey Alfa. El sacrificio de los pequeños no solo sellaría su liderazgo sobre la manada, sino que también le aseguraría poder absoluto. Pero Asmodeo, cegado por su ambición, no sabía que aquel acto conllevaría un castigo divino. A cambio de la sangre inocente derramada, se le negaría el amor para siempre. Nunca conocería el verdadero amor de una compañera, solo ilusiones pasajeras que se desmoronarían, un destino más doloroso de lo que podría imaginar. Para agravar la tragedia, Asmodeo, ahora el líder indiscutido de la manada, condenó a Ariadna a ser despellejada, acusándola de haberse comido a sus propios hijos en su desesperación. La loba, gravemente herida y sin fuerzas para defenderse, esperaba su final, rodeada por la crueldad de aquellos que alguna vez habían sido su familia. En ese momento, un joven lobo llamado Mazda, con el corazón lleno de compasión y furia, se alzó en defensa de Ariadna. Desafiando la autoridad de Asmodeo y las tradiciones de la manada, Mazda logró liberarla de su injusto destino. Pero la loba ya estaba demasiado débil. Con sus últimos suspiros, Ariadna le dio las gracias a Mazda por su valentía, bendiciéndolo antes de que su vida se extinguiera. La muerte de Ariadna enfureció aún más a Asmodeo. Consumido por su propio poder y resentimiento, dictaminó que Mazda estaba loco, demasiado peligroso para permanecer en libertad. Asmodeo decidió que el joven lobo debía ser encerrado en la "habitación prohibida", un oscuro rincón del manicomio para lobos locos de la manada, destinado a aquellos que habían perdido la razón. Así, el valiente Mazda, el lobo que se atrevió a desafiar a su Alfa, fue sentenciado a una vida de reclusión y sufrimiento, ganándose el temido apodo de "Satán". Mazda había perdido a sus padres en una emboscada y nadie capturó a los culpables. Su hermana aún sigue desaparecida, solo tiene el recuerdo de su brazalete con el totem de la familia. Su padre era el Alfa de la manada, quien ahora es sustituído por Asmodeo"
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