Miré hacia el exterior a través de las claras ventanas. Era la playa. Fruncí el ceño, ¿A dónde me había traído? No veía escoltas cercas y suspiré, donde sea que estamos, él se siente tan seguro que no trajo a sus hombres o, bien, los ocultó muy bien. El sitio se veía muy pulcro, demasiado quizás. Era alquilado, eso era obvio. Nadie con el poder de Vito adquiriría una casa tan llamativa corriendo el riesgo de ser atrapado saliendo o entrando a esta. Bajé unas escaleras de madera intentando no ser descubierta pero el penúltimo escalón me delató soltando un chirrido que me hizo maldecir por lo bajo. Vi al final del pasillo a Vito asomarse con una pequeña sonrisa en los labios pero se giró demasiado rápido. Maldito engreído. Olía delicioso y mi estómago gruñó. ¿Cuántas horas había dormido y

