ALANA —Es la cuarta vez que te llama en estos tres minutos, deberías de contestarle. —dijo mi hermana Sol, cuando mi teléfono vibraba entre nosotras. Negué, pero a regañadientes tomé el teléfono y contesté. —¿Sí? Hace casi un año había comenzado mi relación con Roberto. El fisioterapeuta que ayudó a mi cuñada Susy con sus terapias físicas, después de ese accidente que la mantuvo en cama y en una silla de ruedas por mucho tiempo. Podría decir que fue amor a primera vista, porque la conexión entre nosotros fue instantánea. No nos importó los pocos años de diferencia que nos llevábamos, siete para ser exacta. Treinta y veintitrés, sabía que era un hombre con experiencia y que la familia era muy importante para él; sin embargo, nunca me imaginé que conocer a su madre se volvería el pe

