Días después. Alaric. Tenerla entre mis brazos, escuchar su voz susurrarme que me ama… no hay nada en este mundo que pueda compararse con eso. Es un sentimiento avasallador, una sensación de plenitud que nunca antes había experimentado. Durante días hemos hablado sobre el pasado, sobre lo que ocurrió hace cinco años. Decidí abrirme con ella, mostrarle esa parte de mí que siempre mantuve oculta, y al hacerlo, sentí como si me hubiera quitado un peso de encima que llevaba mucho tiempo sofocándome. Ella también se desahogó conmigo, contándome con lágrimas en los ojos la tragedia que significó para ella perder a nuestro hijo y a su doncella, Aria. La joven no solo era su sirvienta, sino su hermana de alma, su confidente. Me dolió verla tan vulnerable, tan rota por el dolor, y lo único que p

