Eleanor
Me observo en el espejo por quinta vez. El maquillaje es más denso de lo que acostumbro, como si pudiera ocultar el miedo y la incertidumbre que me embargan. Hoy, en contra de mi voluntad, seré la esposa del rey Alaric Thorne, soberano de Raventry. Cada vez que pienso en ello, siento un nudo en el estómago y un temblor recorre mi cuerpo.
Mi madre ajusta con brusquedad el corsé, como si pudiera comprimir mis temores y ansiedades junto con mi cuerpo. Me pide que sonría, pero mi rostro se siente rígido, incapaz de expresar alegría ante lo que se avecina. ¿Cómo podría sonreír cuando mi corazón está lleno de temor y desesperación?
Me miro en el espejo y, por un momento, no se quién es la mujer que me devuelve la mirada.
El vestido blanco cae sobre mi cuerpo como una segunda piel, realzando cada curva con una elegancia que jamás había imaginado en mí. La tela es suave, casi etérea, y, sin embargo, me siento atrapada dentro de ella, como si fuera una jaula de encaje y perlas.
Mi cabello n***o cae en ondas sobre mi espalda, enmarcando un rostro que luce más pálido de lo normal. Los nervios, quizá. O la certeza de que esta no es una boda de cuentos de hadas.
Deslizo mis dedos sobre la falda, sintiendo la textura delicada, y no puedo evitar pensar en lo irónico que es todo. Me visten como una princesa, pero me siento más prisionera que nunca.
Mis ojos verdes, esos que tantas veces me habían dicho que son mi rasgo más hermoso, ahora me parecen distintos. Hay algo en ellos que no termino de reconocer. ¿Es miedo? ¿Resignación? ¿O tal vez una esperanza tan tonta que me niego a admitir que existe?
Respiro hondo, obligándome a mantener la compostura.
Porque no importa cómo me vea. No importa lo hermoso que sea este vestido. Al final del pasillo ya estará el hombre que ha sellado mi vida con sus caprichos.
El carruaje avanza hacia la iglesia, llevándome hacia un destino que no he elegido. Miro por la ventana, pero mi mente está en otro lugar. Me pregunto cómo sería vivir una vida sin las ataduras de mi linaje, sin la pesada responsabilidad que recae sobre mis hombros. ¿Podría ser feliz en un mundo donde no estoy atada por deberes y expectativas?
Las calles del reino de Raventry estan silenciosas. Sus habitantes se han reunido para ver pasar el carruaje que me lleva a mi futuro. Algunos susurran entre ellos, otros inclinan la cabeza en señal de respeto, pero en sus ojos solo veo lástima. Me están viendo como lo que realmente soy: una ofrenda entregada a un rey implacable a cambio de paz.
Caminar hacia el altar se siente como avanzar hacia una trampa mortal. No he visto a mi prometido desde la ultima vez, hace dos semanas, y agradezco que haya sido asi. Su reputación lo precede. Es imponente y temido. Cuando pienso en él, siento un escalofrío recorrer mi espina dorsal. ¿Qué clase de hombre es capaz de inspirar tanto miedo y respeto a la vez?
Las puertas de la catedral se abren y un frío desconocido me invade. La luz de las velas ilumina el altar donde Alaric me espera. Su postura es rígida, su expresión indescifrable. Sé que él no está aquí por amor. Tampoco yo. Esto no es un cuento de hadas. Es un pacto. Un trato sellado con mi cuerpo y mi futuro.
Me acerco hasta el con mis pulmones amenazando con fallar en cualquier instante.Sus ojos son como un océano en plena tormenta, profundos y peligrosos, con un azul tan penetrante que siento cómo desnudan mi alma sin piedad. Su cabello, n***o como la noche más oscura, cae en ondas rebeldes sobre sus hombros, dándole la apariencia de un monarca indomable, imposible de someter. La sombra de su barba, pulcra y bien definida, enmarca sus facciones cinceladas con la precisión de un escultor divino, resaltando la severidad de su mandíbula y la firmeza de su expresión.
Viste como un rey, y no solo por su atuendo; la opulencia de su armadura decorada con hilos dorados y detalles en relieve no hacen más que reafirmar lo que él ya irradia por naturaleza: poder, dominio, grandeza. Su porte, imponente como el de un guerrero esculpido en mármol, emana una autoridad silenciosa que no necesita palabras para ser obedecida. Sus manos, grandes y fuertes, pueden ser tanto un refugio como una prisión, y aunque su agarre es firme, no se si me esta protegiendo del mundo o reclamándome como suya.
El oficiante habla, pero sus palabras se desvanecen en mi mente. ¿Podría negarme en este momento? La idea me aterra, pero la sumisión me parece aún más insoportable. Siempre he sido una mujer obediente, pero ahora me encuentro cuestionando todas las decisiones que me han llevado hasta este momento.
Acepto con un "sí" titubeante, sintiendo el peso de mi decisión aplastándome.
El beso del rey es frío, sin rastro de amor o ternura, solo un gesto vacío destinado a sellar nuestro destino. Cuando sus labios tocan los míos, siento una punzada de dolor en mi corazón. ¿Es este el precio que debo pagar por el bien de mi reino?
La celebración transcurre entre risas y música, pero yo me siento ajena a todo. Los invitados me felicitan, pero sus palabras suenan huecas en mis oídos. Solo puedo pensar en la jaula dorada en la que estoy atrapada. ¿Podría alguna vez escapar de este destino que se ha impuesto sobre mí?
Los sirvientes se mueven con rapidez, llenando copas y sirviendo banquetes exquisitos. A mi lado, Alaric permanece estoico, como si esta boda no fuera más que un trámite en su vida. No me ha dirigido más que un par de palabras, ni una sonrisa.
Cuando llegamos a la fortaleza de Blackreach, un escalofrío recorre mi cuerpo. Es imponente, con altas torres de piedra y murallas que parecen tocar el cielo. No es un castillo, es una fortaleza de guerra.
Intento evitar la mirada del rey, pero sus ojos azules profundos me persiguen. Me siento pequeña e insignificante a su lado, como si estuviera a punto de ser devorada por un depredador acechante.
En el trono, me siento como un pájaro atrapado en una jaula de oro, deseando volar libre. La gente se arremolina alrededor de Alaric, temerosa y respetuosa a la vez, como si estuvieran ante un dios en la Tierra. ¿Es esta la vida que me espera? ¿Ser una sombra, un simple adorno, para alguien más?
Cuando por fin me suelta, un alivio momentáneo me invade, pero sé que no durará mucho. La noche está por venir, y con ella, el momento en que tendré que entregarme a un hombre cuyo corazón es tan oscuro al igual que su alma. No es así como imaginé que sería. Esta no es la vida que deseaba. Sabía que alguna vez me casaría, pero, tenía la esperanza de que fuera con alguien que al menos me amara. Que me diera mi lugar. Que no me usara como lo está haciendo este rey.
No quiero ser suya, pero el destino ha sido sellado, y ahora debo enfrentar las consecuencias de un matrimonio forzado con un hombre que es imponente, temido y completamente desconocido para mí.
Mientras la celebración continúa a mi alrededor, me pierdo en mis pensamientos, buscando una salida de este laberinto de compromisos y deberes. Pero por ahora, estoy atrapada en un mundo que no elegí, esperando el momento en que pueda reclamar mi propia libertad.