II

729 Words
—Voy a ducharme. Si me congelo, te toca terminar mis ilustraciones. El resto de la mañana transcurrió en una rutina productiva. Se instalaron en el estudio, cada uno frente a su ordenador portátil. Clara trazaba líneas precisas en su tableta gráfica para un libro infantil, mientras Leo traducía el manual de instrucciones de una máquina empaquetadora industrial, un trabajo mecánico que no requería excesiva atención. El silencio entre ellos era cómodo, construido a base de años de convivencia. Solo se escuchaba el tecleo de Leo, el roce del lápiz digital de Clara y, de fondo, el rugido incesante del viento contra la fachada del edificio. A las dos de la tarde, el estómago de Leo exigió atención. Se levantó de la silla, estirando los brazos por encima de la cabeza. La espalda le crujió. —Voy a preparar unos macarrones. ¿Te parece bien? —preguntó. Clara no respondió. Seguía con la vista fija en la pantalla, el lápiz inmóvil a un milímetro de la superficie de la tableta. Tenía el ceño fruncido y los labios apretados en una línea fina. —¿Clara? Ella parpadeó, sobresaltada, y lo miró como si acabara de recordar quién era. —Perdona. Sí. Macarrones. Perfecto. —¿Pasa algo? —No es nada. —Se frotó las sienes con los dedos índice y corazón—. Creí escuchar un murmullo. Como si alguien estuviera hablando en la habitación de al lado. Leo miró hacia la pared que compartían con el apartamento 4A. El dueño les había asegurado que todo el bloque estaba vacío hasta Semana Santa. —Serán las cañerías. O el viento metiéndose por los conductos de ventilación. Estos edificios viejos hacen ruidos raros. —Sí. Seguro que es eso. —Clara forzó una sonrisa y volvió a mirar la pantalla—. Pon mucha salsa de tomate, por favor. Mientras cocinaba, Leo no pudo evitar prestar atención a los sonidos del apartamento. Intentó aislar el zumbido de la nevera, el tictac del reloj de pared, el golpeo del mar afuera. Por un instante, creyó captar un sonido distinto. Un roce. Como si un trozo de tela gruesa se arrastrara por el suelo del pasillo. Detuvo la cuchara de madera con la que removía la pasta y contuvo la respiración. El sonido cesó de inmediato. ------ "Sugestión", pensó. El comentario de Clara le había condicionado. Escurrió los macarrones, mezcló la salsa humeante y sirvió dos platos generosos. Comieron en la pequeña mesa de la cocina, mirando por la ventana cómo la tarde empezaba a oscurecer prematuramente debido a las nubes de tormenta. Hablaron de banalidades. De la necesidad de ir a comprar leche al día siguiente, del final de la serie que estaban viendo, de las ganas de que llegara la primavera. Mantenían una conversación ligera, pero Leo notaba una tensión sutil en los hombros de Clara, una rigidez que no lograba desaparecer. Después de recoger la cocina, volvieron al trabajo. Las horas pasaron lentas, pesadas, marcadas por el descenso de la temperatura en el interior de la vivienda. La calefacción por radiadores eléctricos apenas daba abasto para caldear las habitaciones de techos altos. A las ocho de la tarde, la oscuridad era total. Leo cerró el documento de texto y apagó el ordenador. Tenía los ojos secos y la nuca rígida. Clara ya había terminado y estaba en el sofá del salón, leyendo un libro bajo la luz amarillenta de la lámpara de pie. Llevaba una manta de cuadros sobre las piernas. Leo se dejó caer a su lado, hundiendo la cabeza en el respaldo del sofá. —Día superado —dijo, cerrando los ojos. —Día superado —repitió ella en voz baja. Pasó una página del libro. El roce del papel sonó fuerte en el salón silencioso. —¿Aún tienes frío? —Un poco. Este sitio chupa el calor. Es como si las paredes estuvieran heladas por dentro. Leo le pasó un brazo por los hombros y la atrajo hacia sí. Ella se acurrucó contra su costado. Estuvieron así un buen rato, sin hablar, dejando que el agotamiento del día se diluyera. La tranquilidad del momento era casi perfecta, una burbuja de calor humano frente a la intemperie. Fue entonces cuando la luz de la lámpara parpadeó. Un fallo eléctrico breve, apenas una fracción de segundo de oscuridad, seguido de un zumbido agudo en la bombilla.
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