Keira Davis era la más agraciada de su familia por ser la única niña de género femenino. Con el pasar de los años se convirtió en una chiquilla muy caprichosa y demasiado consentida. Todo lo que quería, lo tenía. Todas las nenas de Coldrick querían ser su amiga para poder jugar con sus juguetes costosos y de buena marca, era tan bonita que los niños se quedaban embobados al verla pasar. El día que Keira cumplió nueve años de edad, su familia le hizo una enorme fiesta. Su tía Ligia Elena, quien había llegado un poco tarde a la celebración, la sacó a pasear un rato y, como disculpa, le ofreció llevarla al bazar del pueblo para que escogiera un hermoso regalo de cumpleaños. —Mira que hermoso vestido, ¿no te gusta? —la tía Ligia Elena había tomado una prenda rosa de un montón de ropa que ve

