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Seda y Amatista

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Blurb

En la vibrante Valencia de los años 90, Andrea Villareal era solo una adolescente con un talento extraordinario para vender esperanzas en un puesto de artesanías, cursando la secundaria con un enfoque a futuro bastante claro. Allí, entre el bullicio de los vendedores ambulantes y el aroma a cuero, conoció a Víctor, un joven heredero tan serio como fascinado por la luz de aquella chica que convertía piedras en tesoros.

Pero la vida fue cruel. Una mentira orquestada, una estafa que nunca cometió y la traición de Samantha, su supuesta mejor amiga, obligaron a Andrea a alejarse del centro, de su clientela que apreciaba cada pieza de arte que creaba pero sobre todo del único hombre que la miró con verdadera admiración.

Diez años después, Andrea es una profesional brillante en Mercadotecnia, pero sigue siendo la misma mujer sensible que guarda sus sueños en tejidos de pedrería. Cuando la necesidad la lleva a aceptar un puesto en una prestigiosa firma de moda, el destino le cobra la deuda: el dueño es él.

Víctor no ha olvidado la sonrisa de la artesana, pero ahora es un hombre poderoso y... está casado con Samantha. Pero en medio de una crisis empresarial parece una mujer que cambia el panorama por completo. Johanna Villarreal tiene mucho pasado que sorprendentemente involucra a personas muy importantes.

Entre los pasillos de una empresa de lujo, Andrea deberá enfrentar una guerra psicológica despiadada. ¿Podrá la verdad de una piedra sanadora curar las heridas del pasado? ¿O podrá Samantha destruir de nuevo a la mujer que Víctor nunca dejó de amar? ¿Quién es Johanna Villarreal y qué busca?

Una historia de lealtad, traición y el arte de venderle al corazón lo que la razón intenta olvidar.

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Capítulo 1 EL ECO DE LOS PASOS PERDIDOS
Eran pasadas las 6 de la mañana y el sol se empezaba a filtrar por las cortinas de la pequeña cocina, iluminando las manos de María Elena, la abuela de Andrea mientras servía la comida con el suave olor a café recién colado y a pan tostado que impregnaba el espacio saludando al nuevo día. Llevada por la rutina que se realizaba de forma automática a diario en la gran mayoría de los hogares. El silencio entre abuela y nieta en ese instante no era incómodo, pero estaba cargado de una expectativa que a Andrea le oprimía el pecho. Sobre la mesa, una carpeta marrón que guardaba un currículum que lucía impecable, un resumen de años de estudio que, para Andrea, se sentían como una traición a su verdadera naturaleza creativa. —Valencia no es la misma de hace diez años, Andy —dijo la anciana con voz suave pero firme—. El centro ya no es para las artesanas como tú, con un futuro brillante por descubrir; ahora pertenece a los grandes edificios con ventanas de cristales.— hizo una pausa corta y sonrió— Siempre te he apoyado en tus decisiones pero es tiempo de que tu creatividad evolucione, crezca, no te niegues la oportunidad de demostrar que eres parte de este nuevo mundo. Imaginate entrar a tu oficina lujosa en uno de esos grandes monumentos que se pueden ver casi desde cualquier lugar de la ciudad y observar desde aquellos ventanales a toda esa gente pequeña bajo tus pies.— Decía María Elena intentando motivar a su nieta, quería que sintiera la emoción que le causaba la sola idea de verla con un cargo importante. Andrea asintió sin oposición, miró con dulzura a su abuela sabiendo que sus palabras tenían el poder de de derrumbar muros creados por la falsa ilusión y llegar justo dónde quería, aunque su mente viajó por unos segundo a las calles polvorientas de los 90. Podía casi oler el cuero que su amiga Agostina trabajaba con maestría y sentir el peso de las piedras semipreciosas que ella misma solía ofrecer a los transeúntes, esas que eran el resultado de una destreza innata para manipular y convertir en arte. —Tranquila abuela sabes que lo haré, nunca te he defraudado, aunque no te prometo nada, hay mucha gente calificada en busca de oportunidades de ese tipo —respondió Andrea, guardando el sobre—. Solo para que veas que lo intenté. —No le niegues al mundo tu talento ¡Tienes mucho y muchos! Es hora de que tu experiencia encuentre un lugar en el mundo que le realmente le corresponde. Con un poco de timidez Andrea se encamina hacia esa importante empresa de renombre que tenía una vacante para el puesto de mercadeo, justamente el título que había obtenido con honores. El Palacio de Cristal y Acero Horas después, Andrea se encontraba en el vestíbulo de V.R. International Fashion. Se sentía pequeña bajo el inmenso techo de una de la empresas de moda mas nombradas en el país. Modelos de pasarela desfilaban en grupos por los pasillos. Si el personal femenino no llevara ese increíble uniforme gris seria algo complicado diferenciar las empleadas por la elegancia y la sofisticación que transmitían. Andrea observaba con sutil admiración el lujo que adornaba los pasillos en cada detalle, el delicado mármol que devolvía el reflejo de los pasos, el dorado en los marcos de los cuadros que contrastaban con la pulcritud de las paredes, la sobriedad del diseño de cada escritorio, cada pieza, la impresionante mezcla de la clásico y lo moderno, el ambiente que le producía esa extraña sensación de estar en el lugar correcto y ahora con una seguridad inquebrantable se dirigió a la recepcionista para indicarle el motivo de su visita y fue dirigida amablemente a la oficina del jefe de recursos humanos, allí esperó a que la secretaria le diera la orden de pasar a la entrevista. No llevaba joyas costosas o perfumes caros, como la mayoría de mujeres que entraban y salían por aquellas puertas pero su porte tenía una dignidad que los años de aprendizaje habían forjado como el acero, su presencia simplemente se imponía. En la oficina de reclutamiento solo había una aspirante aparte de Andrea, muy bien vestida, oliendo a un perfume desconocido, en su mirada se mostraba la arrogancia y la seguridad de ser la candidata perfecta. Pasó la primera solicitante, aquella entrevista parecía interminable, Andrea tuvo el tiempo de detallar profundamente esas estructuras, tonos en las paredes, diseño del mobiliario y hasta el vestuario de la secretaria. Ya la impaciencia comenzaba a luchar contra su serenidad cuando la chica sale finalmente de la oficina.— Es tu turno —indicó la secretaria muy amable y sonriente. El ambiente era muy diferente dentro, una penumbra sutil y el aire acondicionado que penetraba en el cuerpo creaban un clima intimidante. El entrevistador, un hombre que parecía haber olvidado cómo sonreír, revisaba sus papeles con desdén. Con una voz despojada de todo rastro de amabilidad le indicó que tomara asiento para comenzar. Se quedó unos largos minutos sin decir palabra alguna mientras leía mentalmente o quizás solo organizaba con cuidado las preguntas en su cabeza. — Andrea Villareal, tienes honores en Mercadotecnia,—comentó sin mirarla—. Pero en tu perfil noto una falta de... ambición corporativa. ¿Por qué deberíamos contratarte? Andrea se acomodó en la silla. Sabía que esta era la pregunta clave para ser rechazada, tal como deseaba. No quería una oficina; quería sus manos llenas de hilos y cuarzos por otro lado, ya había cumplido con su abuela con el solo hecho de estar ahí. — Estoy dispuesta a hacer mi trabajo lo mejor posible, con disciplina y convicción. Pero si a la empresa no le beneficia mi profesionalismo o no encajo en su molde, no tengo ningún problema en darle la oportunidad a alguien con mas visión de servicio y obediencia. Me explico, no busco una dictadura laboral, busco un lugar donde pueda demostrar y expandir mi capacidad, mis conocimientos, mi experiencia. El reclutador se quedó en silencio, con la pluma suspendida en el aire, suspiró y se reclinó hacia atrás en la sofisticada silla de cuero mientras posaba sus manos sobre el escritorio.— La anterior candidata tiene un perfil muy sólido también, sólo que está dispuesta a mejorar lo necesario para encajar en los requerimientos que la empresa pueda solicitar a corto, mediano o largo plazo y adaptar su trabajo al ritmo que su cargo le exija ¿Qué puedes decir a eso? —Que todo depende de lo que la empresa busque, si su hoja de vida cumple con lo estimado no veo por qué no contratarla. Al menos yo no estoy dispuesta a renunciar a mi identidad para encajar en un trabajo que no valore mis capacidades y conocimientos. Aquel hombre sintió que había perdido sus armas en este enfrentamiento que no dejaba de sorprenderlo, pero antes de que pudiera articular un rechazo, una figura emergió de las sombras en el rincón de la oficina. Víctor se había mantenido oculto tras un panel de cristal ahumado, observando las entrevistas. Al dar un paso hacia la luz, el tiempo pareció detenerse para ambos. Él ya no era el universitario apuesto que frecuentaba las calles del centro; ahora era un hombre de presencia imponente, mucho mas elegante e inalcanzable que antes cuyos ojos oscuros ocultaban un abismo de responsabilidades. Un aroma diferente se comienza a percibir en la oficina, suave, amaderado, varonil imposible de ignorar que se colaba por las ranuras de las puertas haciéndose cada vez mas intenso. —Disciplina, autovaloración y una honestidad peligrosa... —la voz de Víctor Russo resonó con una autoridad que hizo vibrar el aire—. Es exactamente lo que esta empresa necesita para dejar de ser una fábrica de ropa y empezar a ser una marca con alma. Andrea sintió que el mundo giraba. La mirada de Víctor bajó por un segundo hacia el cuello de ella, buscando un rastro del pasado, y sus ojos se iluminaron con un reconocimiento que le quemó la piel. —Bienvenida a bordo, Andy —sentenció él, con una sonrisa que sus empleados jamás habían visto. En entrevistador se quedó sin palabras, no podía contradecirlo, era el dueño de la empresa y aunque la decisión tomada no era la que él que hubiera querido tampoco mostró desacuerdo. Por la reacción del Dueño el hombre sombrío salió de la oficina sintiéndose algo incómodo dejando a Andy con su jefe a solas —Qué agradable sorpresa—agregó Andrea tratando de ocultar su emoción aunque el fuerte latido de su corazón se podía escuchar a distancia. — También lo creo, definitivamente esta ciudad es mas pequeña cada vez.— respondió Víctor a la vez que extendía su mano para saludarla formalmente encontrándose con la heladez de aquellos dedos temblorosos y tímidos que solo se atrevieron a rosarla en lugar de estrecharla. — Me gusta mucho esa actitud, estaba escuchando la entrevista pero no podía imaginarme que fueras tú, nunca pensé verte buscando trabajo en una empresa como ésta, de hecho en ninguna. —Créeme que yo tampoco lo hubiera imaginado.— se levantó volviendo a su postura regia y dándole las gracias por haberla aceptado— ¿Y ahora que sigue? ¿Cuándo empiezo? —Debes firmar el contrato con el mismo que te hizo la entrevista, seguro está buscando una copia para llenarla, después te dará un tour por las oficinas de mercadeo y mañana te incorporas. — se acercó a ella dejando sentir su respiración muy cerca del rostro de la chica dejándose invadir por el olor de su cabello provocando en ella un sudor frío que hacía mucho tiempo no sentía.— Nos vemos mañana— .Dijo con su sonrisa pícara y un tono casi susurrado recorriendo todo el cuerpo de Andy con la mirada. Aquella mujer palideció esquivando su rostro, sabía que no podía ocultar sus mejillas ruborizadas pero su cuerpo incapaz de reaccionar delataba sus sentimientos guardados por aquel atractivo empresario.

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