Capítulo 2: SUEÑOS DE CUARZO Y REALIDAD

1573 Words
El trayecto de vuelta a casa fue un borrón de luces y sonidos. Andy no sentía el suelo bajo sus pies. En su bolso, el contrato firmado quemaba como una brasa, pero en su mente solo se repetía una imagen: la sonrisa de Víctor. No era la sonrisa de un jefe, era la misma que él le dedicaba cada día cuando ella lograba vender una pieza difícil en el mercado, aquella que le decía sin palabras que estaba orgulloso de su logro, aunque fuera casi insignificante en ese momento. Se preguntaba infinidad de cosas pero si de algo podía estar segura era de que él no la había olvidado.—Esa sonrisa no puede ser fingida. Agostina se encontraba en el patio haciendo sus tejidos para llevar a su local de artesanía pero recibió a Andrea con mas curiosidad que nunca. —¿Esa la cara de un rechazo planificado o de que te dieron la gerencia? —Se oye la voz de Agostina la sacándola de su trance. —¡No me vas creer! Me dieron el contrato, Tina —respondió Andy, dejándose caer en la silla de mimbre a su lado—. Yo misma no lo puedo creer, dime que no estoy soñando. Agostina dejó el tejido de macramé en su regazo y se dispuso a escuchar detalles de aquella entrevista.—Era obvio ¿Dónde encontrarían alguien con tus capacidades y tus referencias? Pero, tanta emoción no es solo por el trabajo, hay algo más ¿o me equivoco?—Andy le dirigió una mirada pícara, la tomó de la mano y la arrastró hacia un rincón alejado de la cocina, donde su abuela no podría escuchar. —Lo volví a ver amiga, a Víctor estaba allí todo formal, poderoso, impecable... El nombre de Víctor evocó recuerdos de juventud, de risas y de la protección que aquel grupo de universitarios les brindaba frente a otros clientes menos amables. —¿Víctor Russo? ¿El de los ojos serios? —Agostina sonrió con nostalgia—. Vaya... el destino es un tejedor caprichoso, Andy. ¿Y qué tal está? ¿Sigue siendo ese caballero que parecía salido de una película antigua? Cuéntame mas. —Es más... imponente y atractivo. Pero me miró de la misma forma —confesó Andy con un brillo en los ojos que no había tenido en años—. Me sentí como si volviera a tener dieciséis años, Tina. Creo que es el destino, después de una década finalmente nos vuelve a poner frente a frente, es mi oportunidad de demostrarle que ya no soy una simple colegiala con ganas de emprender, quiero que vea cuanto he crecido como profesional, no tiene idea de todo lo que he aprendido. Tina escuchaba contagiándose de aquella emoción que irradiaba su amiga aunque por dentro sabía que así como Andrea había evolucionado y crecido inevitablemente Víctor también habría transitado por muchas experiencias para llegar hasta donde estaba. Al momento la nostalgia de aquellos días se dejó caer como una tonelada de agradables recuerdos, las vivencias en las calles y los personajes que estuvieron ahí en esos años. Inevitablemente sus memorias las llevaron a un personaje poco agradable, quizas el mas temido, aunque de alguna forma su presencia cerca de los artesanos las protegía de los delincuentes que acechaban la zona. —Volver a encontrate con tu amor del pasado es algo emocionante—pensaba en voz allta Agostina, remontandose a los recuerdos—Yo me acuerdo siempre de todos los que nos ayudaban, los buenos y los no tan buenos. —Hablando de los “no tan buenos”¿Y Te acuerdas del “Basurita”?—preguntaba Andrea a su amiga—El jefe de los malandros del centro...casi nada, con esa presencia que daba miedo y lástima a la vez. —Si claro, ese que se desaparecía un tiempo y cada vez que se veía en las calles tenía cicatrices nuevas en la cara. ¡Pobre hombre! —¡Pobres sus víctimas! Y tú también pudiste ser una de ellas. Ese hombre se había enamorado de tí.—las amigas reían de sus conversaciones. Agostina nunca tuvo miedo de aquel sujeto, al contrario le producía compasión y a menudo se preguntaba qué pudo haber pasado para que terminara así. Para ella Basurita era solo un hombre que se adaptó a lo que le exigía su entorno para poder sobrevivir. El refugio de la familia En ese momento, un adolescente alto y de hombros anchos sale al patio. Enseguida su conversación cambió y su disposición se centró en aquel chico, Leo, el hijo de Agostina que al ver a Andy, su rostro se iluminó. —¡Tía Andy! ¿cómo te fue en la entrevista? ¿vas a ser una ejecutiva de esas que salen en las revistas? —bromeó el joven, dándole un beso en la mejilla, el hijo de Agostina —Mmmm...Algo así. Pero no te preocupes, seguiré ayudándote con tus tareas de diseño para que en un futuro cercano trabajes conmigo en mi lujosa oficina, pero no esta misma oficina, será en las de “nuestra empresa familiar”, mas importante, mas grande, mas hermosa y también con ventanas enormes...—respondió ella revolviéndole el cabello entre risas. Al llegar María Elena y escuchar la buena noticia no dejaba de sonreír de satisfacción, de orgullo por el logro de su nieta, sin embargo su actitud cambió radicalmente cuando se enteró que su jefe era aquel amor de adolescente que hizo suspirar una vez a Andy.—¡Ten cuidado mi niña, no te confíes de nadie, la gente cambia y no siempre para bien, al menos no para bien de los demás! —dijo besándola en la frente al tiempo se soltaban de aquel abrazo fuerte.—No todos los hombres son buenos o malos, solo que a simple vista no se sabe quien es quien, eso hay que descubrirlo pero con mucho cuidado sin arriesgarse demasiado y Andy, los ricos también pueden hacer mucho daño. Andrea tomó las manos de su abuela y con una sonrisa le dio a entender que no había de que preocuparse, ella confiaba en Víctor y sabía que no sería capaz de dañarla. María Elena sólo quería proteger a su nieta, ella personalmente sufrió mucho durante su matrimonio por los vicios de su esposo hasta que finalmente perdió la vida en un accidente de transito, después se negó a la idea de volver a casarse por miedo a repetir la historia. Su marido y su hijo la hicieron desconfiada y a estar siempre a la defensiva. Mientras tanto, en las oficinas de V.R. Víctor permanecía en su oficina, con las luces apagadas y la vista perdida en el horizonte de la ciudad. Sobre su escritorio no había informes, sino la ficha de contratación de Andrea y ella su perfume y su firma, sutil, delicada, tan romántica como la él siempre la recordaba. Quería acercarse a ella, quería saber si esa chica que vendía "piedras sanadoras" aún vivía dentro de la mujer de negocios que se había presentado frente a él esa mañana. Se escuchó el clic de la puerta. Samantha entró sin llamar, dejando su bolso de diseñador sobre la mesa de juntas, el aroma a lujo se extendió suavemente por los rincones de la sala, Víctor se quedó observándola a detalle, sin pensar por unos instantes, intentaba convencerse de que esa mujer esbelta, de curvas perfectas era su esposa, que hacía varios años era la única mujer en su vida. —Víctor, querido, ¿por qué estás a oscuras? —preguntó ella con esa voz meliflua que a él le causaba escalofríos, enseguida sin preguntar encendió luces y abrió las persianas sin dejar de hablar al aire, dejando que sus palabras o sonidos se disolvieran sin ningún efecto en aquel hombre. —Me dijeron que habrá nuevo personal, me alegro, así podrás tener mas tiempo libre para irnos de vacaciones uno meses. Víctor salió de su meditación y guardó la ficha de Andy en el cajón con un movimiento rápido. —Es lo que la empresa necesita, no más personal sino mejor personal ¡Calidad, no cantidad!—dijo levantándose de su escritorio. Samantha no tenía idea de que la nueva empleada era aquella amiga inseparable, había pasado años asegurándose de que su marido olvidara el pasado, se sentía muy segura pues sus herramientas siempre le daban los frutos que buscaba y en ocasiones incluso mas o mejores. —Si tú lo dices... —dijo ella, acercándose para poner una mano sobre el hombro de su esposo—. Solo espero que se incorpore a la política y los intereses de la empresa. Ya sabes lo difícil que es encontrar gente realmente calificada que vaya a la par con la visión de nuestros proyectos. Víctor no respondió. Solo pensó en la maravillosa casualidad de trabajar con Andy, su voz tan segura, su presencia imposible de ignorar pero también en la mentira que ahora envolvía su vida como una mortaja. En ese preciso momento comenzó a cuestionarse de una forma definitiva para si mismo si habría sido una buena idea su matrimonio por compasión y compromiso moral.—Era tan indefensa, llenas de traumas y miedos... no podría decepcionarla en ese momento que mas me necesitaba— Terminó respondiéndose resignado, sus brazos se extendieron hacia su mujer ofreciéndole un abrazo forzado y una mirada de derrota.
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