Capítulo 3: LA FRAGILIDAD DEL CRISTAL

1906 Words
Andrea casi no durmió de la emoción, apenas desayunó y salió volando al encuentro con su ilusión de adolescente. El primer día en V.R. International Fashions no se sentía como un trabajo, esa mañana fue puesto en las manos de Andrea el gafete con su nombre y cargo dentro de ese mundo desafiante, ella caminaba por los pasillos de moqueta gris con una libreta de bocetos bajo el brazo, sintiendo que cada mirada de Víctor, cuando se cruzaban en las áreas comunes, era un puente tendido hacia el la época mas hermosa de su vida. A media mañana, Víctor la citó en su oficina. No fue una reunión grupal; estaba solo, de pie junto al ventanal, ella se imaginó que se sentarían a conversar sobre cómo había transcurrido este tiempo para ambos. —Toma asiento, Andrea —dijo él, sin darse la vuelta. Su voz era suave, despojada de la rigidez de la entrevista—. He estado revisando tu portafolio personal. El que incluiste al final de tu currículum, con los diseños de pedrería, aparte de especializarte en mercadeo también tienes talento para el diseño de modas, desconocía esa faceta tuya. Parece que has madurado bastante en muchos aspectos...me refiero a tus habilidades con las piedras y la artesanía, la parte artística. —Son solo ideas, señor... Víctor —corrigió ella, sintiendo un leve rubor, al momento supo que ese encuentro era estrictamente laboral—. Mi abuela dice que soy demasiado romántica con los materiales. Víctor se giró lentamente. La palabra "abuela" detonó algo en su mirada. En su mente, resonaron las palabras que Samantha le había repetido durante años: "María Elena me obligaba a vender en las calles”. Pero al ver la transparencia en los ojos de Andrea, Víctor sintió una disonancia insoportable. —Dime algo, Andy... —se acercó al escritorio, acortando la distancia—. En aquellos años en el centro... ¿alguna vez sentiste que estabas haciendo algo que no querías? ¿Que alguien te obligaba a estar allí? Andrea frunció el ceño, genuinamente confundida. —¿Obligarme? No. Éramos un equipo. Mi abuela nos daba techo, educación, lo que necesitábamos y nosotras le colaborábamos con lo que mas nos gustaba hacer, hacer piezas de artesanía y venderlas. Con eso nos ayudamos mutuamente entre todas, por que mi hermano estaba en la universidad y lo que ganaba en su trabajo lo gastaba en sus estudios. Era nuestra forma de ser libres. ¿Por qué lo preguntas? Víctor guardó silencio, escrutando su rostro. No había rastro de mentira, solo una nostalgia limpia que lo dejó sin mas argumentos.. —Hoy necesito que te reúnas al equipo de mercadeo, con Raúl el jefe, ya él está al tanto de tu ingreso a la empresa, es para que conozcas la forma en que se trabaja en ese departamento y te familiarices con el personal, claro, aportando tus propias ideas cuando sea necesario. — Dijo cambiando radicalmente el tema pero antes de que pudiera profundizar, se ve interrumpido por el intercomunicador de su escritorio. —Señor, su esposa está en el vestíbulo. Sube para almorzar con usted. La atmósfera cambió en un segundo. Víctor se tensó de una manera casi dolorosa. —Andrea, tengo que ausentarme por unas horas. Por favor, pasa por la salida lateral, la que da al departamento de diseño, siéntate y espera a Raúl que ya debe estar por llegar. El muro de la verdad Andrea salió confundida por la prisa de Víctor, pero su curiosidad fue más fuerte que la prisa. Al pasar por la galería de honor de la empresa, donde se exhibían los hitos de la familia, sus pasos se detuvieron en seco. Justo frente a ella, en una fotografía enmarcada de color dorado, estaba él. Víctor sonreía con la misma elegancia de siempre, pero su brazo rodeaba la cintura de una mujer vestida de alta costura. Andrea pudo reconocerla enseguida, Samantha. Bajo la foto, una placa rezaba: “Víctor A. y su esposa, Samantha, en la gala anual”. El mundo de Andrea se tambaleó, sentía una ola fría que en solo segundos recorrió todo su cuerpo quitándole el aliento, era un torbellino de sentimientos a la vez que no sabía como manejar. Enseguida una empleada que estaba en el lugar corrió a auxiliarla. —¿Se siente bien? Está muy pálida —sus brazos la sostuvieron y la llevaron hacia un sofá. —¡Tranquila, no se preocupe! Ya estoy bien, muchas gracias, ya me pasó, fue un simple mareo —.Fue lo primero que se vino a la mente en el momento al volver en sí —le agradezco mucho pero por lo que mas quiera que no lo comente con nadie, por favor.— Le pidió de forma muy personal tomándole las manos con dulzura, la mujer asintió con una sonrisa cómplice y siguió su camino. Era algo que no podía digerir con facilidad, otra vez aquella sensación gélida que la paralizó el día anterior de tanta emoción hoy se presentaba como una violenta bofetada que la hacía despertar de aquel sueño hermoso que se había atrevido a inventar tan solo horas antes. —¡Que poco me duró la ilusión! —Andrea no sabía si llorar o reírse de sí misma al darse cuenta lo ingenua que había sido, ahora entendió perfectamente el por qué de esa actitud tan distante de Víctor.— Yo que venía a demostrar mi madurez, mi evolución como mujer y comienzo de con el pie izquierdo. Mientras Andy se reponía de su desilusión no dejaba de pensar en Samantha, después de tantos años viviendo juntas en casa de María Elena. —Realmente me alegro de saber que está bien, que no le haya pasado nada, pero... ¿por qué con Víctor? Habiendo tantos hombres en el mundo.—Samy, ella era mas que un testigo de la atracción que crecía constantemente entre Andy y Víctor desde el primer día, era su cómplice, las tres amigas robaban horas al sueño por estar compartiendo las diferentes situaciones amorosas de cada una. Su corazón sentía romperse sin remedio, tuvo que sacar de sí la mayor fortaleza que podía para disimular el resto del día —¿Por qué no me dijiste que te gustaba también? o fue que al no conseguir nada conmigo se dedicó a enamorarte también a ti.— se preguntaba Andrea para sus adentros sin poder evitar ver aquella fotografía. El veneno de la sospecha Mientras tanto en el pasillo, Samantha se movía con la seguridad de una reina, su elegancia construida por el tiempo y el estatus del que disfrutaba actualmente, se dejaba notar al caminar dejando a su paso el aroma característico de dama de alta sociedad que no solo daba pasos fuertes sino que reclamaba su espacio con absoluta autoridad, siempre enfocada en llegar a la oficina de su marido que era el único rostro que le interesaba ver en ese momento. De pronto una figura familiar sentada en el departamento de diseño la sacó de su estado hipnótico, enseguida detuvo su andar y retrocedió unos pasos con mas desconfianza que curiosidad. El aire se le escapó de los pulmones. Aquella silueta, se parecía demasiado...—¡No puede ser, es ella!. Andy, ¿Qué hace aquí?— su cuerpo se ocultó inmediatamente recostándose contra la pared perdiendo completamente el ritmo que mantenía, tratando de digerir lo estaba descubriendo. Andy estaba allí, a solo pocos metros de distancia y ya no era la jovencita con uniforme beis que vendía en las calles, era toda una mujer llena de capacidades, de ambiciones y armas que ella desconocía, atractiva, inteligente, hermosa. Samantha nunca se había enfrentado a un desafío de esta magnitud. El terror la invadió. No podía permitir que estuviera cerca. Si Andrea hablaba su castillo de naipes se derrumbaría. ¿Y si Víctor nunca había dejado de amarla? En una instante sintió que toda su vida de dama de la alta sociedad se venía abajo sin remedio posible, sus manos comenzaron a mojar aquel bolso de marca evidenciando su notable angustia que no dudó en aprovechar a su favor. Entró en la oficina de Víctor como un torbellino, pero esta vez no había prepotencia, sino lágrimas ensayadas. Se dejó caer en el sofá, llevándose una mano al pecho, respirando con dificultad. —¡Víctor! Andrea está aquí... la vi sentada en el sofá a unos cuantos pasos de mi, —sollozó, exagerando su ataque de pánico, al señalar con su índice tembloroso la sala de diseño—. Finalmente me encontró y tú la ayudaste ¿Cómo pudiste? ¿Después de todo el horror que viví con ella y su familia? Nunca pensé que podrías hacerme eso ¿Por qué me traicionas así? yo pensé que me protegías de esos malos recuerdos, confié tanto en ti... Víctor corrió hacia ella, dividido entre la preocupación y la sospecha. —Es solo una empleada, Samantha. Cálmate, el equipo de su área la evaluará y si no es lo que esperaban se irá en unos días—dijo para evitar un enfrentamiento inminente dentro de las instalaciones. —¡No entiendes el daño que esa mujer me produce solo al saber que está aquí, en nuestro espacio... ¡Despídela! Por nuestro matrimonio, por esta empresa, despídela ahora mismo. Víctor miró la puerta por la que Andy acababa de salir sin poder hacer nada. Por un lado, la estabilidad emocional de su esposa y el relato de abusos y sufrimiento que había escuchado por una década; por el otro, la mujer que acababa de devolverle el "alma" a él y a su empresa en menos de un día. Con una carpeta en la mano Víctor abanicaba a la mujer intentando tranquilizarla con argumentos vagos y sin sentido que Samantha no dejaba escapar, comprobando que su esposo no estaría interesado de cumplir su capricho. El exitoso empresario comenzaba sentir la presión devastadora de tener a estas dos mujeres tan cerca, no podía sacrificar a ninguna para complacer a la otra. Por un lado su estable matrimonio de casi 10 años y por el otro, ese amor retenido, reprimido por tanto tiempo, parecía un sueño que ella estuviera finalmente tan cerca, ya no era la niña que conoció, su belleza, su presencia, su inteligencia y su carácter reafirmaron sus sentimientos hacia esa nueva Andrea que había descubierto que no quería dejar escapar de nuevo. —Veré qué puedo hacer, aunque no puedo asegurarte nada todavía —dijo con voz ronca—. Es cuestión de Raúl y los ejecutivos que la pongan a prueba y entonces serán ellos quienes decidan. —¿Eres el dueño de todo este imperio, acaso se te olvida que eres tú quien tiene la ultima palabra? —Yo solo quiero el éxito para la empresa, si es su experiencia y visión la que nos va devolver el prestigio perdido yo no estoy dispuesto a arriesgar esa posibilidad. Víctor sabía perfectamente que Andrea sería una pieza clave en su empresa, siempre había admirado su capacidad para vender, la forma en que se involucraba con las necesidades de los clientes dándole las respuestas que ellos buscaban, esa era una de las características mas resaltantes que recordaba de ella. Samantha lo miró con odio oculto tras sus lágrimas. Si no podía sacarla por las buenas tendría que ser de otra forma, pero el peligro tenía que ser neutralizado lo antes posible por su propio bien.
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