Capítulo 5: UNA ALIADA O UNA ENEMIGA

1995 Words
La posición de Víctor se complicaba a cada instante, sus padres le hablaron de una mujer que estaba revolucionando el mundo de la moda en Europa, después de la conversación con Víctor y al enterarse de los problemas que atravesaba la empresa decidieron contactarla para pedirle asesoría, Su nombre era Johanna Villareal. El ambiente tenso entre los ejecutivos y su constante desacuerdo obligaron a Víctor a suspender las reuniones hasta haber conseguido la asesoría que sus padres le habían aconsejado, pues temía que la situación terminara en una reducción forzada de personal. Una noche durante una llamada los padres de Víctor le confirman que Johanna Villareal quería ver los balances, su amistad con ésta exitosa empresaria lo hizo posible. Aprovecharía que estaba planificando un viaje para Valencia, por lo que la petición de sus amigos no resultaba un desvío de los planes iniciales. Samantha estaba feliz, consiguió su contacto para ofrecerse como su guía durante la visita, mostrándose como una mujer sofisticada que solo mantenía relaciones de amistad con sus iguales en cada lugar que frecuentaba.—Podremos ser muy buenas amigas, te puedo llevar a conocer los mejores sitios de la ciudad y las personas mas influyentes, tu sabes los que manejan las grandes industrias que mueven los mercados. —Me halaga tu propuesta, en serio, pero yo ya he vivido en Venezuela, específicamente en Valencia. De hecho no solo viajo a ver que puedo hacer por tu empresa sino mas que todo por motivos mas personales.— Respondió tan directa como siempre. —Nunca me imaginé que hubieras conocido mi País, por tu acento entre español y francés, me dejas muy sorprendida. — Si claro, me imagino. Pero no creo que necesite un guía turístico, sé perfectamente como moverme en esa ciudad. ¡Gracias de todos modos! Esos días era insostenible el trabajo para Andrea, la rivalidad entre las dos mujeres se podía olfatear en el aire afectando, Samantha diariamente se paseaba por los pasillos dando ordenes y haciendo reclamos con el fin de demostrar su autoridad. Mientras tanto Andrea intentaba en vano convencer al los ejecutivos de innovar en los diseños y darle un toque fresco a la nueva colección, desesperada y casi vencida llegaba a la casa por las noches pero su familia le daba la motivación necesaria para regresar día a día a enfrentarse con el muro que Samantha se había dedicado a construir. La jugada maestra de Samantha Cuanto mas se acercaba la llegada de Johanna mas frecuente eran las llamadas de Samantha, no perdió la oportunidad para sembrar desconfianza en aquella mujer de negocios al hablarle de Andrea, cada relato la descalificaba, la consideraba incapaz y hasta llegó a mencionar que la consideraba un obstáculo para el avance de casa de modas, ya que solo se interesaba en querer imponer objetos sin sentido en los trajes de alta costura. —¡Ella viene de la calle, de lo corriente la verdad no entiendo cómo pudo entrar a trabajar aquí! Otro día en la sala de juntas de V.R. International Fashions que ya se sentía pesada y tan amenazante como un tribunal. Las gráficas en la pantalla no mentían: las ventas habían caído un 30% y la última portada de la revista Vogue ni siquiera mencionaba la marca. Era el momento definitivo, las propuestas que se ofrecían para la nueva colección no convencían y las de Andrea nunca eran tomadas en cuenta, solo Tito se interesaba en escucharla y abrirse a esa nueva posibilidad, pero tampoco podía hacer nada al verse rodeado de tanto pesimismo, si no se autorizaba en las reuniones generales no había forma de incluirlas en la planeación. Eran casi las 10 de la mañana cuando aquella impresionante mujer, imponente y elegante como pocas a su edad, hacia acto de presencia en la sala de juntas frente a los ejecutivos y los mas importantes miembros de la directiva, la sala se quedó en silencio, los caballeros se levantaron de sus asientos en respeto a la dama que representaba la esperanza para el futuro empresarial de todos. Víctor se acercó invitándola a pasar y ofreciéndole un asiento junto a él de forma muy respetuosa haciendo seguidamente una breve presentación de los presentes en la que sólo se refirió a los asistentes de su grupo por su primer nombre y el cargo que ejercían. Samantha sin embargo, que ya había estado en el aeropuerto recibiéndola se acercó a ella con una confianza extrema, un abrazo y un beso en la mejilla visiblemente incómodos fue su señal de una alianza que amenazaba directamente a Andrea. La reunión comenzó con la comparación de datos y estadísticas, una pregunta ocasional directa de la mujer interrumpía los gastados argumentos que se ponían sobre la mesa, ella solo escribía en unas hojas sin detenerse a mirar a nadie mientras explicaban sus razones inválidas y excusaban tras mentiras y faltas de visión. —Es el mercado de la moda en el país, cada vez hay mas quien ofrezca ofertas y llevan lo que era exclusivo a producción masiva devaluando el rubro —se justificó Raúl—. La gente ya no quiere elegancia de marcas costosas, se están dejando invadir por lo corriente a bajos precios y los clientes buenos se han ido a New York, a Europa. —Hemos invertido grandes cantidades de tiempo y capital en colecciones que no atraen a nadie, se ven impulsados por la marca pero el producto no convence en realidad.— Agrega Tito sabiendo que esa verdad que querían ocultar podría ser la base para implementar nuevas alternativas, descartando lo repetitivo y común. —Lo que la gente no quiere es ropa sin alma —interrumpió Andrea, alzando la voz desde el fondo de la mesa dejando perplejos a los ejecutivos, nunca pensaron que se atrevería a insistir en su propuesta en ese momento frente a la invitada, el rostro avergonzado de la mayoría y los comentarios dejaron en evidencia que solo Andrea y Tito hablaban con propiedad, con la seguridad de conocer la situación real. Un murmullo de burlas recorrió la sala. Samantha, sentada entre Víctor y Johanna, luciendo un vestido diseñado justo para la ocasión, soltó una risita seca. —Vaya, la experta tiene una opinión —escupió Samantha—. Dinos, Andrea, ¿vas a sugerir que colguemos piedras a las modelos? El relato de la esperanza Andrea no se amedrentó. Se puso en pie, caminó hacia la mesa y miró a cada uno de sus atacantes con una firmeza que los obligó a guardar silencio. —Sugiero que dejemos de vender telas y empecemos a vender historias. Mi "experiencia de campo", como ustedes la llaman, me enseñó la diferencia entre el “Precio” y el “Valor” de una prenda. Víctor, que había permanecido en un silencio sepulcral, se inclinó hacia adelante. La admiración en sus ojos era innegable. —Recuerdo a una joven —comenzó Víctor, llamando enseguida la atención de los asistentes y consiguiendo un momento impregnado del silencio que solo se deja invadir por la expectativa, Andrea ignorando el motivo de la intervención de Víctor volvió a tomar asiento y se dispuso a escuchar —. Una jovencita de dieciséis años en una esquina de Valencia, una simple estudiante de secundaria que vendía en ese lugar sus creaciones. En una pequeña manta de gamuza exhibía piezas únicas, pero ella no solo vendía objetos sino aquello que hacía que lo simple y corriente tuviera un valor incalculable. Una tarde, se acercó una anciana de rostro caído con una debilidad marcada, con voz extremadamente suave y triste, casi inexistente y al ver como esta joven explicaba las propiedades que ocultaban las diferentes piedras que exhibía en su manta se paró a observar de cerca la mercancía. Víctor hizo una pausa, posó su manos sobre la mesa inclinándose ligeramente mirando a la directiva antes de continuar. —La mujer suspiró: "¡Si esas piedras pudieran curar el alma, sería una bendición!". A lo que la joven respondió con una dulzura que jamás he vuelto a ver: "Esas no, pero esta que tengo aquí tiene la capacidad de reparar el corazón herido". —Sacó de su morral una pequeña piedra con apariencia rudimentaria y corriente pero estaba guardada en una bolsa transparente muy delicada, como si realmente se tratara de un objeto especial y se la dio en las manos a la señora que al principio la miraba incrédula —siguió Víctor paseándose alrededor de los presentes — y le dio instrucciones precisas: cargarla al sol, apretarla con fe para que ese calor llegara a sus huesos débiles, dejarla bajo la luna, volver a sostenerla en las manos e impregnarse de la energía que el frio lunar le ofrecía curando así el alma. "Hágalo por 21 días", le dijo Andy, "y si no funciona, devuélvala. Yo estaré aquí". Ese día fui testigo de cómo se puede vender mas allá de lo material. El rostro de aquella mujer sin esperanzas se iluminó cambiando por completo frente a mis ojos. La trampa que se cierra Samantha sintió que el suelo desaparecía al escuchar a Víctor enaltecer esa acción de Andy con tanta pasión que la hizo perder los estribos. —¡Por favor, Víctor! —estalló Samantha, poniéndose en pie con un rostro desfigurado por la rabia — Fue una estafa maestra. Esa "jovencita" que tanto defiendes le robó veinte mil bolívares a una anciana indefensa, que en ese momento era mucho dinero, especialmente por algo sin sentido ni beneficio—.trataba de explicar Samantha dirigiendo la mirada especialmente a cada uno de los que había convencido de la supuesta ineptitud de Andrea— Los hijos de la víctima la buscaron con la policía por semanas. ¡Eso es lo que quieres para tu empresa! ¡Que mienta y manipule al cliente para que compre los productos! Los murmullos en la sala se alzaban a favor de unos y otros. Andrea sintió que el tiempo se detenía. Sus ojos se clavaron en Samantha, pero no con miedo, sino con una claridad aterradora. —¿Veinte mil bolívares? —repitió Andrea en un susurro que cortó el aire como una cuchilla devolviendo en el ambiente el silencio que había sido fracturado—. Eso es extraño, Samantha, jamás recibí un bolívar por esa piedra, nunca lo hubiera permitido. Pero solo tres personas en el mundo conocían la cifra exacta: la anciana, mi abuela, que fue mi representante legal por lo que tuvo ella que conseguir ese dinero para devolverlo y el abogado que trajo el sobre, ni siquiera los hijos de la afectada tenían el monto exacto de la supuesta compra, pero su denuncia surgió porque hubo testigos que aseguran que la señora me llevó dinero para pagarme el amuleto, solo que yo en ese preciso instante no estaba allí. Curiosamente yo me enteré de la suma tiempo después por la deuda que contrajo mi abuela con esa situación. Andrea dio un paso hacia ella, su voz ganando una fuerza gélida. —Si yo soy la estafadora y no llegué a ver ni un céntimo de ese dinero... ¿Cómo es que tú, que supuestamente no tenías nada que ver, conoces el monto exacto hasta el último bolívar? —Es solo coincidencia, dije una cifra al azar—no pudo decir mas nada, viéndose descubierta intentó evadir preguntas y se quedó en silencio en su puesto. Samantha palideció. Sus labios temblaron, pero ninguna otra palabra salió. Víctor giró la cabeza lentamente hacia su esposa, con una sombra de duda que empezaba a transformarse en una certeza oscura. El equipo de trabajo observaba el espectáculo, divididos entre el escándalo que significaba que una mujer tan distinguida acababa de confesar un secreto que la incriminaba. Johanna en cambio escondió su incomodidad en una sola frase para romper con la tensión de momento.—¡Si pudo vender una piedra común agregándole un valor significativo, solo es muestra absoluta de que puede vender lo que sea!
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