CAPÍTULO VI

1960 Words
Capítulo VI   Consecuencias Maldición estaba borracho. Follar a esa perra solo lo dejó con una erección dolorosa. Pensó, mientras caminaba hacia un parque cercano. Se disponía a orinar, cuando algo, mejor dicho alguien llamó su atención. Una chica sentada en la solitaria banca, leyendo un libro.  Se acercó y la estudió atentamente y muy risueño la comparó con Betty la fea, debido a su peculiar atuendo. Llevaba unas gafas enormes que no lo dejaban ver bien sus ojos, dos coletas de colegiala y una ropa de abuelita. Demasiado grande para su menuda figura. Sin duda esa chica era una frígida y anticuada. Mientras que la observaba se le ocurrió una idea. Sonrío y se dispuso a ejecutar sus pensamientos. — ¡Ahhhhh!—. Exclamó en un grito la chica mientras que éste se echaba a reír con tantas ganas. Inusuales en él. — ¿Qué te pasa? Animal, ¡eres un desquiciado!—chilló, bañada en orina de Andrey. Sin duda, solo eso le faltaba a Lina. Solo que en lugar de un perro se encontraba con un depravado bañándola de lluvia dorada. ¡Simplemente Genial! Pensó con ironía. —Oh vamos nerdita, me imagino que es la mejor acción que has tenido. Si quieres puedo repetir el proceso, y si eres buena chica, puedo acabar en… —La miro de reojo alzando un ceja. —Otra parte—. Termino guiñándole un ojo. Indignada se dispuso a insultarlo, pero se quedó con la boca abierta al bajar la mirada y ver una tremenda polla sobresaliendo entre sus pantalones con una cabeza en forma de ciruela de color rojiza y goteando una mezcla blanquecina. Dejando a Lina anonada y volviéndola más tímida de lo que ya era. ¡Por Dios era el primer pene que veía! Y sin duda estaba excitado. — ¿Qué? —Preguntó. — No me digas que nunca has visto una tan polla enorme—. Alardeó Andrey mientras se regocijaba del sonrojo de la joven. Pero dejó de sonreír al ver por primera vez sus ojos de color verde pardo. Son hermosos. Pensó maravillado y le recordaban a alguien. Al darse cuenta donde iba dirigido sus pensamientos, se recriminó mentalmente por beber demasiado. Él no era así y mucho menos con una extraña. Cuando salió de sus pensamientos, la volvió observar de arriba hacia abajo. ¡Bah! solo era una perra más, pero vestida de forma recatada. Pensó mientras guardaba su v***a. Dispuesto a marcharse. Ates de irse la chica salió de su estupor y se interpuso en su camino. — ¿Qué crees que haces? Merezco si quiera una disculpa por lo que hiciste—. Murmuró con braveza. Andrey solo la observaba con fijeza y entre más lo hacía, más deseos tenía de corromper esa aura de inocencia que irradiaba de ella. De un momento a otro se encontraron cara a cara. Él era más alto, por lo que tuvo que bajar la cabeza para tener una mejor vista. Aprovechó el desconcierto de la chica y le quito las gafas. — ¡Oye! Dame mis gafas—. Gritó al tener la vista borrosa. Por lo que Andrey se quedó mirando su rostro y comenzó a contemplar sus pecas. Esa niña era más hermosa de lo que pensaba. —No eres nadie para mandarme y la próxima no te ensuciare de mi orina sino de mi semen para que aprendas a mantenerte callada— Le advirtió agarrando su cabello castaño rojizo mientras que observaba esos labios rosa. —No me provoques. Nos veremos pronto nerdita— Sin decir más la soltó. Giro guardando las gafas en su bolsillo para  después largarse del lugar. ¡Oh Dios!. Suspiró Lina, la pobre estaba desconcertada. No sabía que pensar, estaba horrorizada por ése tipo pero cuando le agarró el cabello sintió que su corazón estaba desbocado, sus piernas seguían temblando y no dejar de observar sus labios mientras hablaba. Qué rayos te pasa Lina. Se reprendió mentalmente, debería darle repulsión las cochinadas de ése hombre pero estoy pensando en sus labios. Genial ahora era una masoquista. Bufó sonoramente mientras lo maldecía por llevarse sus gafas. Las manecillas del reloj era el único sonido que albergaba en la mansión Douglas. Joselyn tomaba una siesta en la habitación principal. Cuando el sonido de la puerta al cerrarse la despertó. Al sentir la presencia de alguien, se incorporó nerviosamente y enfrentó al dueño de la casa. —Sabes que son más de las diez de la mañana. ¿Verdad?—. Hizo una pregunta retórica y sin esperar una respuesta, continuó con sus interrogaciones. — ¿Dónde estabas Argent? No dormiste en la casa. No me digas que estabas con alguna de tus amantes—. Señaló la rubia, alzando una ceja a la expectativa de su respuesta.   —Tú no eres celosa Joselyn. Desde que estamos casados no te ha importado en lo más mínimo de lo que haga con mi vida—.  Expresó Argent con una genuina curiosidad. —Además, no debería importarte si me acuesto con alguna de mis amantes ya que gracias a ti acudo a ellas. Por si no lo recuerdas después del nacimiento de Andrey no me has dejado tocarte—. Terminó de decir con una mano en los muslos de Joselyn y los acariciaba de arriba hacia abajo pero ella con su mano derecha detuvo la acción. —Debería darte vergüenza Argent, sabes perfectamente porque no te dejo tocarme—. Expresó la ojiazul con rencor. —No me interesa lo que hagas con tu vida. Pero no quiero ser la burla de toda Rusia por ser la cornuda de Argent Douglas. Si te piensas acostar con tus putas, al menos ten un poco de respeto y se más discreto—. Terminó con sorna.   —Jos. sé que me odias pero, nena si tú me das una oportunidad, todas ésas mujeres se irán. Lo prometo—. Murmuró acercándose a ella. —Sé que fui un imbécil por todo lo que sucedió y la manera en la que te traté no fue la correcta. Pero nena si tú me dejas, puedo ser un mejor esposo para ti—. Le agarró sus cachetes para hacer énfasis en sus palabras y la miraba tiernamente. —NO—. Gritó alejándose de él y poniéndose en pie. —YO TE DI UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD TE DI MUCHAS OPORTUNIDADES POR SI NO LO RECUERDAS Y ESAS FUERON LAS MISMAS PUTAS  PALABRAS QUE UTILIZASTE AQUELLA VEZ…Y TERMINASTE HACIENDOME LO MISMO—. —Joselyn mi amor... — —NO. ALEJATE, NO SABES CUANTO TE ODIO. ME HICISTE DAÑO. ABUSASTE DE MÍ UNA Y OTRA VEZ EN CADA OPORTUNIDAD QUE TE DABA. DAVID Y ANDREY FUERON PRODUCTO DE ÉSOS ABUSOS—. Sollozó mientras se desahogaba por primera vez durante muchos años. —Amo a mis hijos—. Exclamo con voz más tranquila. Pero, no sabes cuánta lastima siento por tus amantes, seguro las tratas como basura. No tienes ni idea de lo que me arrepiento de tenerte en mi vida—. Escupió. Argent al escuchar sus palabras enfureció. Él quería a Joselyn pero no tenía el derecho de tratarlo así. Así que la tomo del cuello, a él nadie le faltaba el respeto. Aunque fuera su esposa tenía que aprender que a él nadie le hablaba de esa forma- Aprovechando la agresión, la empujó hacia la cama y con su mano libre empezó a acariciar su pelvis. Si no se acostaba con ella a las buenas. Entonces serían a las malas…de nuevo. — ¡Suelta a mi madre de inmediato!—Ordenó David al encontrarse con semejante escena. Estaba encolerizado. Acababa de llegar de un paseo matutino con muñeca cuando escuchó los gritos de su madre. Al enterarse de esa horrible verdad  corrió velozmente hasta llegar hasta la habitación y lo que encontró no fue muy grato. Argent al escuchar las órdenes de su hijo, soltó a Joselyn y se alejó de ella. Por primera vez estaba en desventaja. Su hijo lo había atrapado. Mansión Baeva Elsa observaba como su hermano guardaba todas sus cosas en el carro y se largaba como si la misma muerte estuviese persiguiéndolo. — ¿Quién me explica, por qué Ethan se largó de la casa?— Preguntó a nadie en particular. —  Estoy segura que hoy no es el día de las bromas, ni mucho menos mi cumpleaños para que se haya cumplido mi deseo—. Se carcajeó por su broma de mal gusto. Pero dejó de reír al ver las caras largas de su madre y de Donovan. —Ya enserio. ¿Qué pasó?—. —No te burles de ésta situación Elsa. Asesinaron a Lydia y todo apunta a que los asesinos son los Douglas—. Respondió Donovan con una seriedad muy propia de él. —Además, dejaron una carta donde nos advertía que vamos a caer uno a uno. Y para empeorar la situación, la chica estaba embarazada—. —No me jodas. El culpable de ésta calamidad es Argent Douglas. No lo dudo fue ése maldito—. Respondió Elsa con una mirada un poco extraña. Seguro pensando si Andrey tendría algo que ver. Tal vez se estaba vengando por haberlo humillado de nuevo. — ¿Por qué tan segura querida? Todos los Douglas son iguales y por lo que sé, sus hijos son unos malditos sádicos. No me sorprendería si fuese alguno de ellos—. — La cuestión es que Ethan está enojado con Fredrick. Y lo entiendo. Él se ha esforzado por alejarse de ésta mierda y fue a él a quién  jodieron—. Continuó Donovan mirando a la nada. —Se largó de la casa. Por lo que escuché se va del país por un tiempo para recuperarse de la muerte de su novia y su hijo—. —Joder. ¿Qué hará papá?—.   —No lo sé. Está consternado con todo esto. Lo que sí sé es que Douglas se arrepentirá por haberse metido con nuestra familia—. Finalizó observando a Elena que estaba raramente callada. —Por cierto ¿Dónde se encuentra Lina y Chencho? No los veo—. Cambió de tema Elsa al sentirse incomoda. Lo que hizo que Donovan la mirase raro pero sin darle importancia le respondió. —Lina debe encontrarse en la casa de alguna de sus amigas—. Al ver la cara extraña de Elsa le respondió. —Échale la culpa a tu querida madre, que no quería que Lina se presentara con sus fachadas en la importante reunión con el secretario de Estado—. —Mamá eres una perra por tratar así a Lina—. Le recriminó a su madre. Esta ni se inmuto. Sino que se quedó Extrañamente callada. Algo ocultaba. Pensó Elsa. —En cuanto a Chencho, él se fue para su casa y lo que sé es que va a hablar con Mérida y le va a pedir que se vaya de vacaciones por unos días hasta que ésta situación se calme— .Continuó Donovan ya acostumbrado a los reclamos de la pelinegra hacia su madre. —Estoy de acuerdo, puntos para Sergio. Mér necesita estar alejada de toda ésta locura—. Suspiró mientras se disponía a marcharse. —Bueno. Voy a hablar con papá. Alguien de la familia debe consolarlo ¿no? — Ya se había dado la vuelta para entrar a la casa pero su madre no la dejó marcharse. —Tengo que hablar algo importante contigo Elsa—. Comentó Elena sorprendiendo a los presentes. —Porque presiento  que esto no me va a gustar para nada—. Susurró más para sí misma, teniendo un mal presentimiento.
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