Luciana miraba fijamente la pantalla de su computadora, ya no podía esperar más. No podía seguir dejando pasar el tiempo y guardar silencio porque no lograría nada de ese modo, en ese punto no siquiera sabía porque guardaba silencio. Juan Daniel ya estaba tan metido en ella que no podía hacer nada para cambiar el curso de sus sentimientos aunque quisiera. El joven pelinegro se había ganado a pulso su atención y todo lo que ella tenía para dar, durante esas dos semanas, gloriosas y placenteras había sido tratada como una reina, Juan Daniel se había ganado a sus hermanos menores y a sus padres, vivían todos en la gran casa mientras terminaban la remodelación de la casa que Juan Daniel había comprado para ellos dos. —¿Cuándo podemos ir a verla? —Cuando esté lista. —Pero yo quiero partici

