Juan Daniel y Santiago se saludaban todos los días a las 8 de la mañana cuando se encontraban en el ascensor de las oficinas, y todos los días a las 5 de la tarde se despedían en el mismo ascensor. —Hermano. —Mocoso —así le decía Juan Daniel a Santiago cuando eran más jóvenes y el pequeño diablillo se metía en problemas en la escuela, entonces Juan Daniel que tanto lo amaba iba a su rescate. Las asperezas no habían sido limadas del todo, eran ellos dos contra ellos dos. Pero ese viernes todo fue diferente, Juan Daniel estaba más feliz que nunca por ir a ver a Luciana, en definitiva ella tenía algo que últimamente no lo dejaba estar lejos y cada vez quería estar más encima de ella. —¿Una copa? —Le invito Santiago sin mirarlo, era demasiado orgulloso. —Dos y acepto. —Serán tres enton

