En los brazos de la tentación

1069 Words
—Estoy bien —le contestó Kalie con la voz tímida porque la cercanía del hombre la perturbaba un poco. —Puedo acompañarte a tu mesa? Kalie sintió que la sangre se le subió al rostro pero decidió aceptar, no todos los días se conseguía una un galán como ese. —Si es tan amable, muchas gracias. El hombre la tomó suavemente del brazo y la condujo hasta el salón donde estaba la mesa de ambas y con una gran reverencia se despidió de ella y de Arlene, que se le quedó viendo con los ojos como platos y la boca abierta. —¡Kalie! ¡A dónde conseguiste es preciosura de hombre! —le dijo con auténtica admiración en la voz. —Pues, en el baño, es decir, saliendo del baño —se corrigió rápidamente al ver que su amiga abría más los ojos y la boca para seguramente decir alguna de sus típicas barbaridades. —¡Uyyyy! ¡Qué suerte! —dijo Arlene con una mueca de fastidio— A mi siempre me tocan los feos. Eso estaba diciendo ella cuando el sujeto que había acompañado a Kalie hasta la mesa se detuvo al lado de ella, pero no venía solo, un hombre igualmente bien vestido y atractivo estaba junto a él y miraba a las chicas con interés. El hombre miró a Kalie y luego a Arlene y se dirigió a ambas. —Buenas noches chicas —su voz grave sonaba muy atractiva— Mi nombre es Scottie y mi amigo se llama Klaus, y nos gustaría invitarlas a compartir nuestra mesa con nosotros si no les parece mal. Ambas mujeres se miraron a los ojos y por la cara de Arlene, Kalie se dió cuenta de que su amiga quería decir que sí de una vez, pero ella no. —Lo siento mucho, pero mi amiga y yo tenemos algunas cosas que conversar, por eso vinimos solas. —Pero, ¿podemos invitarlas a bailar de cuando en cuando? —Insistió el llamado Scottie. —Por supuesto que sí —saltó Arlene antes de que Kalie pudiera abrir la boca, y la miró con los ojos acerados. —Entonces las dejaremos hablar un rato y luego las invitaremos a bailar, muchas gracias —dijo con una elegante reverencia— Con permiso. Ambos hombres se retiraron a su propia mesa y las dejaron solas. Kalie miró a Arlene con sus ojos profundos y penetrantes. —¿Estás loca, Arlene? —le esperó a su amiga— ¿Cómo se te ocurre aceptar una invitación de unos desconocidos? —Ay por favor, Kalie —dijo con un mohín de coquetería— Son un par de chicos muy apuestos, además, deben ser gente de dinero, Kalie. Está discoteca está fuera del alcance de gente común como yo, si no fuera por ti yo no podría entrar. Kalie puso los ojos en blanco ante el comentario de su amiga, ella era una profesional de la contabilidad y era independiente, pero por supuesto que sus ingresos no se daban abasto para un gasto como el viaje a la ciudad de Nueva York y entrar en una discoteca elitista como esa, y mucho menos para pedir un servicio de whisky de 18 años de envejecimiento. —Está bien, Arlene. Eres demasiado salida y lanzada al mismo tiempo, pero te perdono porque eres mi mejor amiga y confidente. —¡Gracias amiga! A mí me encanta ser tu amiga —le dijo con agradecimiento genuino. —Solo espero que ese par no se pongan pesados porque sino los correré. —No creo amiga, el tuyo se ve muy educado y sofisticado. —¿El mío, Arlene? ¿Ya nos sorteamos? Definitivamente estás medio loca. —Posiblemente sí, amiga. Pero hay que disfrutar y aprovechar las oportunidades. —Tú sabes que a mí no me gusta estar mariposeando con tipos por allí. —Ay Kali, a ti nunca te ha gustado salir con chicos. Estás segura de que no eres "marimacha" —dijo riéndose a gusto por su propia broma. —No lo soy, pero tampoco voy a estar saliendo por allí y menos con desconocidos, ¿Ok? —¡Ay amiga! Vas a llegar virgen hasta los cincuenta años que decidas casarte con el viejo ministro de la iglesia esa a la que asistes. —Arlene! Respeta al menos al reverendo Morrison. —Pues entonces enamora al chico éste, se nota que le gustas, Kalie. Y además, esa chaqueta es una Versace original, el tipo debe nadar en dinero. —Pues a mí no me importa, para eso tengo dinero suficiente sin necesitar a un hombre para ello. Ambas amigas siguieron hablando animadamente, eran tan diferentes pero se llevaban tan bien que se veía por encima que eran grandes amigas. Kalie era más bien tímida y sofisticada, rubia platino de ojos azules profundos, mientras que Arlene era habladora y muy extrovertida, un poco más baja que su amiga, de cabellos castaño oscuro y ojos verdes casi esmeralda. En conjunto se veían muy bien, y ambas disfrutaban de su mutua compañía, para Kalie su amiga era su soporte social, la persona que le había enseñado un mundo diferente al familiar y religioso al que ella estaba acostumbrada. Para Arlene, su amiguita era una grata compañía y que tenía dinero suficiente para que ambas pudieran hacer todas las travesuras que ella no podía hacer por falta de dinero. En resumen, eran una pareja extraña pero muy unida, se tenían respeto mutuo y cada una era fiel a su compañera. Nunca discutían, porque a pesar de lo diferentes que eran su unión era perfectamente simbiótica. —¿Bailamos está pieza? —la viril voz sorprendió a las dos jóvenes que casi pegan un salto al escucharla. A su lado estaba el hombre que había acompañado a Kalie desde el baño con la mano extendida hacia ella, y junto a él su compañero quien también extendía una mano hacia Arlene. Ésta no dudó ni un segundo y posando su mano sobre la de él se levantó de inmediato y el hombre sin dudarlo la condujo a la pista de baile. Kalie hubiera querido tomarla por el cuello aunque no le desagradaba por completo la idea de bailar con el apuesto desconocido, y ya el alcohol estaba comenzando a hacer su efecto calmante y desinhibidor. Kalie compuso una sonrisa y también colocó su mano en la del desconocido.
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