Su padre la miró sonriendo, sin embargo algo brilló en sus ojos y una sonrisa maliciosa cubrió la de complacencia.
—No me engañes, Kalie —le dijo con voz suave y moderada— Sé muy bien que no quieres que le empresa se fusione pero créeme cuando te digo que es necesario, hija
Kalie suspiró, sabía que no iba a engañar a su padre, pero tampoco estaba dispuesta a dejar que un extraño se inmiscuyera en los asuntos de la empresa, ya bastante tenía con la junta directiva y los socios. Pero eso no se lo iba a decir a su padre.
—Lo sé, papá —le dijo— No tienes por qué preocuparte, estoy consciente de ello aunque yo creo que hay otras alternativas.
—Eso quiere decir que vas a seguir mis instrucciones, ¿Verdad? —preguntó sin dejar de sonreír.
—Sí, papá —respondió apretando los dientes.
—Eso no sonó muy convincente, hija.
—Pues tendrás que confiar en mí.
—Yo confío en ti, querida —le dijo amorosamente su padre— Pero tienes una estrechez de criterio sobre lo que nos conviene.
—Tú sabes que yo quiero lo mejor para la empresa —dijo acentuando cada una de las palabras.
—Lo sé —le contestó su parte pacientemente— Pero también sé que lo mejor para la empresa no es exactamente lo que uno está pensando, por eso debes apoyarte en la junta directiva, yo aún soy el presidente, pero no lo seré por mucho más tiempo. Y debes aprender a confiar en el criterio de personas con más tiempo que tú en la empresa y en los negocios en general.
Kalie arrugó la frente hasta que sus dos cejas casi se juntaron en una, sabía que su padre podría tener mucha razón, pero estaba convencida de que podría conseguir otras maneras de alcanzar el mercado asiático, quizás sería que ella era muy caprichosa y celosa de la autonomía de la que gozaban ahora.
Uno de los socios de la empresa, Malcom Lassiter, apoyaba a su padre en esta idea y habían buscado propuestas para una fusión con alguna empresa de exportaciones que ya hubiera cubierto el mercado de Europa oriental, en especial el mercado en Turquía. Al parecer ya habían hablado con algunas empresas y habían hecho una especie de concurso para permitirles ver cuál sería la empresa más apropiada para ello, pero hasta ahora no habían decidido. Y esperaba que la propuesta que llevaría ante la junta general en Nueva York fuera aceptada por la mayoría de socios, Lassiter sería el punto a vencer.
—Está bien padre, te prometo que escucharé con cuidado las propuestas y tomaré las mejores decisiones.
—Bueno, también debes saber que faltaría una última reunión para finiquitar la decisión y allí estaré yo para ayudarte.
Kalie volvió a fruncir el entrecejo, su padre era astuto, definitivamente muy astuto. Eso querría decir que tendría que esforzarse mucho para cambiar la decisión de la mayoría a su favor para luego enfrentar la propuesta de su padre en esa reunión.
Kalie detuvo el curso de sus pensamientos mientras salía para la junta que tendría lugar en un elegante edificio propiedad de la Star Mining Corp, la empresa del padre de Kalie. El taxi la llevó relativamente rápido hasta las oficinas y al aparcar éste bajó rápidamente para entrar en las oficinas.
Al subir los escalones de la larga escalera que estaba al frente de la construcción, Kalie sintió un incómodo dolor en sus caderas lo que la hizo rememorar lo que le había ocurrido la noche anterior, aunque todo parecía estar demasiado lejos y los recuerdos estaban desvanecidos en una nebulosa que apenas le permitía recordar lo que había pasado.
Lo primero que recordaba era cuando llegaron a la discoteca, se sentaron en una mesa y Arlene pidió un servicio de whisky de 18 años, el cual era muy bonito pero ella arrugó un poco la cara porque no le gustaba mucho beber, y el whisky no era exactamente su bebida favorita, Kalie prefería un buen vino o un Brandy, esto la hacía sentirse mejor, sus sabores eran menos fuertes pero con más perfume. Ni siquiera el olor del whisky le gustaba, sin embargo cedió porque su amiga lo prefería.
Estuvieron un buen rato bebiendo de sus copas hasta que ya Kalie se sentía mareada y así se lo dijo a Arlene, ésta rió y le quitó importancia a este hecho porque apenas llevaban la cuarta parte de la botella, sin embargo, para Kalie esto era más de lo que normalmente consumía en una semana.
Se levantó y fue al baño a refrescarse un poco para que la sensación de mareo se mitigara un poco. Y cuando salía del lavabo hacia el salón, justo dónde se dividían en dos los dos pasillos de los baños para separar el de hombres del de las mujeres tropezó con un individuo bastante alto que la hizo trastabillar un poco. El hombre se volvió rápidamente e impidió que ella se cayera al piso cuán larga era.
—¿Está bien, señorita?
La profunda voz de barítono bajo le hizo erizar la piel, quizás porque se la dijo muy cerca de su oído, ella se enderezó lo más rápido que pudo y cuando miró al sujeto a la cara no pudo reprimir una exclamación de asombro genuino. Frente a ella estaba parado un individuo alto y de buena contextura que le sacaba casi una cabeza de alto y ella era alta con su metro setenta y cinco de estatura, lo que le dificultaba tener compañero para bailar en la preparatoria porque la mayoría eran más bajos que ella.
Aparte de eso él sujeto tenía pinta de actor de cine, sus formas eran armónicas y hermosas, tenía unos ojos n***o profundo que destacaban en la piel clara aunque de tono casi canela claro, sus cabellos eran negros y crespos como si tuviera sangre mora en sus venas.
El la miraba con atención, no en balde ella era sumamente hermosa con sus ojos azul oscuro y con bordes violetas lo que los hacía especialmente llamativos y hermosos, y que destacaban enmarcados en su cabello rubio platino.