El médico tomó una profunda respiración y dijo:
—Lo siento mucho, señorita Johnson —dijo el doctor con voz compasiva—. Hemos hecho todo lo posible, pero lamentablemente, no pudimos salvar a su mamá, ella ha fallecido.
Sophia se quedó paralizada con aquellas palabras que resonaban en su mente como algo que no podía creer. La joven retrocedió un paso, sentía que las piernas le flaqueaban y dejó escapar un sollozo desgarrador mientras las lágrimas inundaban sus ojos. No podía creer lo que acababa de escuchar. La tristeza la invadió y se sintió abrumada por la pérdida.
Su mente retrocedía en el tiempo, recordando los momentos en los que su madre luchaba contra su enfermedad. Un flashback se apoderó de sus pensamientos, transportándola a aquellos días de preocupación constante.
En los recuerdos que pasaban por su mente, Sophia veía a su madre frágil, luchando por cada aliento mientras el asma afectaba su respiración. Recordaba las noches en vela, tratando de calmarla y aliviar su sufrimiento. También recordaba los días en el hospital, viendo cómo ella recibía tratamientos y medicamentos para mantenerla estable y ella pensaba que su última mejoría duraría mucho más y resultaba que un accidente la arrebataría de ella.
Mientras todos esos recuerdos se desvanecían y regresaba al presente, Sophia sollozó aun más, con los ojos llenos de lágrimas y el corazón roto por la pérdida de su ser más querido en el mundo.
William la miraba con compasión y tristeza, ofreciéndole su apoyo en silencio.
Sophia, entre sollozos, logró articular unas palabras:
— ¿Cómo pudo pasar esto? Ella tenía toda una vida por delante, no era su momento, no es justo... —Su voz se quebró, y William por inercia la abrazó suavemente, tratando de consolarla en medio de su propio dolor.
Ella, por su parte, no podía pensar con claridad y se aferró con fuerza a los fuertes brazos de aquel desconocido amable. El dolor era insoportable y le quemaba las entrañas.
El médico, consciente de la devastación de Sophia, añadió:
—Entendemos que esto es abrumador para usted. Estamos aquí para brindarle todo el apoyo que necesite. Si hay algo que podamos hacer, por favor, avísenos y por favor, contacte de inmediato a su demás familia.
Sophia se separó rápidamente de William y asintió, agradeciendo las palabras del médico, pero su mente seguía llena de preguntas sin respuesta. La tristeza y la confusión se entrelazaban en su interior, y una sensación de vacío la invadió.
En ese momento, Sophia se aferró a la única certeza que tenía: que debía encontrar la fuerza para enfrentar esta pérdida y buscar respuestas sobre lo que realmente sucedió con su madre. Determinada a descubrir la verdad, comenzó a trazar en su mente, un camino de búsqueda y sanación, dispuesta a averiguar a como diera lugar los misterios que envolvían la sombra del accidente y la partida de su dulce madrecita.
William, que había estado observando en silencio, se había quedado al lado de Sophia y colocó su mano sobre su hombro para reconfortarla.
—En verdad lo siento mucho, Sophia. No puedo ni imaginar el dolor que debes estar sintiendo en este momento. Sé que no nos conocemos en absoluto, pero... estoy aquí para ti, si necesitas hablar o simplemente desahogarte.
Sophia, entre sollozos, agradeció las palabras reconfortantes de William. Aunque aún se sentía distante debido a las circunstancias y la diferencia de edad –ya que, era evidente que podría ser su profesor, jefe o un superior a ella en algún ámbito social, además de que era casado–, no sabía si era por lo sola que se sentía en ese duro momento, apreciaba su apoyo en ese momento difícil.
—Gracias, señor William —susurró Sophia con voz entrecortada—. Es difícil de asimilar... mi madre era mi razón, mi mejor amiga. No sé cómo voy a superar esto.
Apenas ella había terminado de decir aquellas palabras, como si de un inesperado milagro se tratase, se desplegó ante los ojos atónitos de Sophia, una enfermera corrió a susurrar algo ininteligible a sus oídos. Ella se sobresaltó porque, a diferencia de su madre... Anya, su hermana, contra todo pronóstico, había vuelto en sí, como si la vida misma hubiera decidido darle una segunda oportunidad.
Sophia, inundada por un cúmulo de emociones que iban desde el alivio hasta la incredulidad, corrió hacia la sala de cuidados intensivos, sintió como su alma volvía a su cuerpo por tan solo un momento y su corazón latía con tanta fuerza que temía que saliera de su pecho. Una oleada de esperanza se apoderó de ella, mientras corría hacia la sala y allí observaba a su hermana recobrar la conciencia.