04. Llamada de incertidumbre

1144 Words
— ¿Anya? ¿Estás... estás bien? —musitó Sophia, con voz temblorosa Anya, aún débil y confundida, parpadea y trata de asimilar lo que está sucediendo a su alrededor. Lentamente, su mirada se encontró con la de Sophia y una débil sonrisa se dibuja en su rostro. — Sophia... ¿qué pasó? ¿Dónde estoy? —susurró Anya con debilidad. — Anya, ¡estás viva! No puedo creerlo. El médico... dijo que... —¿ Dónde está mamá? —fue lo que salió de sus labios y la sonrisa de Sophia se apagó... aun no podía creer lo de su madre y una noticia así le haría mucho daño a Anya, debía proteger sus emociones. El médico, se acercó a tiempo para salvar a Sophia de una terrible explicación, en su papel de médico profesional, ella estaba a punto de morir igual que la señora, e intentaba entender lo que ha ocurrido. — En verdad que esto es realmente inusual. No tengo una explicación médica para lo que acaba de suceder, pero me alegra que Anya esté de regreso. Continuaremos monitoreándola de cerca. Entenderá que ella debe quedarse internada al menos una semana. Sophia asintió mientras se enjugaba las lágrimas que no dejaban de brotar. — Por supuesto, doctor, lo que usted indique será —pronto se volvió hacia su hermanita—. Te cuidaré, Anya. Estaremos aquí para ti, pase lo que pase —Aun hablaba como si su madre estuviera allí, el dolor se intensificó en el pecho de la joven. Anya asintió débilmente, todavía asimilando la situación, mientras la sombra del accidente que había oscurecido sus vidas se desvanecía momentáneamente en medio del asombro y la gratitud. El médico, con rostro serio y compasivo, se dirigió a Sophia después de haber anunciado esa noticia. Le pidió que esperara un poco más afuera mientras entregaban el cuerpo de su madre, Clara Johnson. Sophia asintió con la cabeza, sintiendo un nudo en su estómago por todo lo que conllevaba el proceso fúnebre y apenas cruzaba palabra con su padre... tendría que verse obligada a hacerlo. Sophia salió de la habitación y se encontró con una escena aún más desgarradora. William, el hombre que había estado apoyándola en ese difícil momento, estaba siendo abordado por otro médico. Sus ojos grises estaban llenos de lágrimas y su semblante reflejaba un dolor inmenso. Sophia se acercó a él, ofreciéndole un gesto de empatía y comprensión en medio de la tristeza. —Señor William, ¿qué ha sucedido? ¿Qué le ha dicho el médico? —se atrevió a preguntarle porque podía sentir la compasión al ver sus lágrimas. — Victoria... Victoria, mi esposa ha entrado en coma. No puedo creerlo, Sophia. Estoy destrozado — dijo William con su voz temblorosa a causa de la angustia. Sophia solo pudo agachar la mirada antes de buscar palabras correctas para ese momento. — Lo siento tanto, William. Sé lo terrible que es esta noticia para usted. Y usted me acompañó en este momento duro que no sé cómo voy a superar, entonces yo estoy aquí para apoyarlo en este momento tan difícil —dijo Sophia con suavidad. — Ella es mi mundo, Sophia. No puedo imaginar mi vida sin ella. Hemos compartido tantos sueños y planes juntos —dijo él, n un hilo de voz. Sophia tocó suavemente el brazo de William, estaba condolida por su situación. — Comprendo su dolor más que nunca, solo espero que su esposa se recupere —le deseó con sinceridad. William la vio fijamente y asintió, agradecido por la presencia reconfortante de Sophia en ese momento de desesperación. Ambos compartieron un silencio lleno de tristeza, mientras el peso del luto los abrazaba. Pronto, ambos se dirigieron hacia el expendio de café e intentaron disipar aquellas terribles emociones. En medio de la angustia por la salud de Anya y la tragedia que había golpeado la vida de William, Sophia se enfrentaba a una amalgama de extrañas emociones. Ambos se apresuraron a ir por un poco de café, de manera extraña e inesperada, los lazos que se están tejiendo entre ellos se estaban volviendo más fuertes, a pesar de las adversidades que enfrentan. El reloj marcaba la medianoche cuando Sophia y William se encontraban sentados en un tranquilo café, sumidos en sus pensamientos mientras tomaban sorbos de café caliente. La atmósfera emanaba tensión después de los sucesos que habían enfrentado. William, con una expresión sincera en su rostro, rompió el silencio. —Sophia, quiero que sepas que tu presencia ha sido un verdadero apoyo en estos momentos difíciles. No sé qué habría sido de mí si no te hubiera conocido en este instante. Seguramente mis ganas de seguir adelante se hubieran hecho presentes, no quiero ni adivinar qué estuviera haciendo en este instante. Sophia, sintiendo cómo su estómago se agitaba y su corazón latía más rápido, se sonrojó al encontrarse con la radiante sonrisa y los ojos claros y profundos de William ¿Pero qué rayos le pasaba con él? Se dio una cachetada mental, rápidamente recuperó su compostura y respondió con una nota de cortesía y distanciamiento. — Gracias, señor William. Me alegra haber podido ayudarle un poco, aunque no hice nada en realidad, lo cierto es que los dos estamos pasando por situaciones complicadas y es importante brindarnos apoyo mutuo. Sophia intentó disimular las emociones que surgían en su interior, porque aun no sabría descifrarlas del todo, consciente de la diferencia de edad y de la situación comprometida de William con su esposa Victoria. Después de todo ya no lo volvería a ver... ¿verdad? En ese preciso instante, el sonido inoportuno de su celular irrumpió en la calma pasajera. Sophia miró su pantalla y vio un número desconocido. Al responder y darse cuenta de qué clase de persona la estaba llamando, su corazón dio un vuelco mientras se preguntaba qué podría querer un agente en medio de todo lo que habían pasado. — Disculpe, señor William. Debo contestar esta llamada —musitó ella y William asintió con una pequeña sonrisa. Ella al fin se alejó un poco para hablar con mayor comodidad. — Señorita, soy el Agente Harrison, de la Unidad de Investigación de Accidentes. ¿Es usted Sophia Johnson?, investigamos que usted es familiar de una de los afectados del accidente. Quisiera hacerle unas preguntas porque dicho suceso podría haber sido maquinado, aun no tenemos mucha información, pero queremos saber toda la información sobre su madre en las últimas horas de vida —dijo el hombre con precisión y frialdad en sus palabras. Sophia quedó estupefacta ante la revelación y su mente se llenó de interrogantes. La sospecha de que algo más oscuro se ocultaba detrás del accidente inundó su pensamiento, llevándola por un camino de incertidumbre y peligro. Pero... ¿quién querría hacerle daño intencional a sus seres queridos? Ahora la idea de un "accidente" era cada vez más lejana.
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