Capítulo 4

1945 Words
Estoy sorprendido con mi buena voluntad. A pesar de que el hospital donde trabajo me odian, he sido una buena persona con todo el personal que labora en ese lugar. Con respecto a las familiares de Alda, creo que también he sido bastante generoso. ¿Quién se gasta doscientos cincuenta millones de dólares por una prostituta? Exacto, nadie. Si pensamos en lo excelente persona que soy, esa mujer que compré, debe besar por donde yo pase. Gracias a mi salió de ese lugar. —Eres tan modesto y generoso —agrega mi cerebro. Lo sé, soy perfecto. Por eso estoy esperando que Ryan termine de explicarles el motivo de nuestra buena voluntad. —Por Alda fue que nos gastamos semejante cantidad de dinero —admite orgulloso, mi amigo, que me ve con mala cara mientras me entrega un sobre blanco—. ¿Cuándo me vas a pagar? Han pasado algunas horas y no he visto ninguna transferencia tuya. Suspiro y veo a las nuevas esclavas. —Te transferí mientras hacías tu monólogo —veo a Arya jugar con sus dedos—. Deja de hacer eso, realmente a ti no te queda bien. —¿Perdón? —me mira confundida, señalo sus dedos y deja de hacerlo—. Lo hice inconscientemente —suspira y ve a Ryan—. Por favor, no le digan a mi tía donde nos encontraron. Me río ante su petición. —No estás en condiciones de pedir absolutamente nada —responde mi amigo—. Agradecida debes estar con nosotros por la obra de caridad que hicimos por ustedes. —¿Obra de caridad? —interviene la castaña molesta—. Nosotras no pedimos que pagaran por noso... —no termina la frase y suspira—. En fin, teníamos todo bajo control, no necesitábamos su ayuda. —Claro, tan bajo control que estaban que lloraban cada vez que algún viejo intentaba comprarlas —hablo seriamente—. Fueron compradas por nosotros y serán nuestras esclavas y cuando tengan la cantidad por la que pagamos por ustedes —las miro fijamente—, podrán reclamar y ser libres de su esclavitud. —¿Qué significa eso? —dicen las dos al unísono. —¿Tienen los quinientos millones de dólares? —pregunto, ambas niegan con la cabeza—. Entonces se acabó la conversación. —¡Lo pagaremos! —se levanta exaltada Arya, Ryan y yo nos vemos y asentimos a lo que pensamos—. No tenemos el dinero ahora, pero... ¿Cargarán plata? La interrumpo levantándome de la silla para evitar seguir escuchando barbaridades. —Fin de la discusión, Arya —la miro fríamente—. ¿Acaso no entendiste? —hace puño sus manos molesta—. Espera a que termine de trabajar para hablar acerca de tus funciones como esclava. Abro la puerta y les hago señas para que salgan de mi oficina. —¿Lauren, no? —le pregunta Ryan a la castaña, ella asiente—. Vamos a mi consultorio, tengo que informarte lo que harás. —¿Qué se supone que haré yo mientras tanto? —frunciendo el ceño me pregunta la pelirroja. —Te quedarás con las enfermeras y esperaras a que termine de trabajar. Si te mueves de la recepción estarás en un grave problema —intento no ser amenazador. Todos salen de mi consultorio y yo regreso a mi silla. Me paso las manos por el rostro y veo la hora en el reloj que está en la pared. Son apenas las 11 de la mañana y ya estoy cansado. Las mande a investigar un poco más, son interesadas y no se puede negar. Sé que por dinero harán cualquier cosa y no quiero que Alda se vea involucrada en la mala vida que lleva su sobrina y la fulana amiga. ***** Después de un día bastante movido, regreso a la recepción. Luego de la reunión con las familiares de Alda, he tenido una idea en mi cabeza. Claramente voy a invertir dinero, pero ella está tan urgida por el y yo necesito que me ayude en esto. Miro alrededor de la sala y no veo a la pelirroja por ningún lado. Camino hacia información y en un intento de no escucharme molesto, me dirijo a la joven que se sobresalta al ver que la pillé en el f*******:. —¿Q-qué desea, doctor Kozlov? —pregunta nerviosa la enfermera. —Que me digas cuantas personas te enviaron la solicitud de amistad —la miro con fastidio, la recepcionista traga grueso—. ¿Dónde está la pelirroja que en la mañana estaba aquí? —Ella dijo que iría al baño no tiene ni 10 minutos de haberse ido —responde asustada. —Buen trabajo. Cuando regrese dile que pase a mi consultorio —doy dos golpes suaves en la recepción y antes de alejarme le vuelvo a dirigir la palabra—. Hablaré con los de informática para ver cuánto tiempo estuviste en f*******:, se te descontarán las horas que estuviste en el. Acaricio mi cuello y me dirijo a mi oficina. Estoy tan cansado, necesito dormir. ***** La puerta de mi consultorio es abierta 15 minutos después. Alzo mi vista y visualizo a la pelirroja entrar con un café y unos donuts. «¿Ahora es policía?», río por lo bajo ante mis pensamientos. Le hago señas para que tome asiento y ella, obedientemente, lo hace. —¿Me esperaste hasta esta hora? —asiente mientras toma de su café—. ¿Dónde estabas? Claramente te dije que no te movieras del lugar —asiente colocando las cosas en mi escritorio—. ¿Dónde conseguiste el dinero para comprar lo que te estás comiendo? Sonríe falsamente viéndome fríamente. —Tenía ganas de orinar. ¿Acaso debía reventar mi vejiga? —se cruza de brazos—. Si me iba del hospital capaz me decapita por no acatar reglas —hago una mueca intentando no reírme—. Lo siento, me puse de mendiga a pedir limosnas, espero no se moleste. Suelto una carcajada por sus babosadas y ella intenta no seguirme. —Tu sarcasmo me divierte —alza una ceja—. Mientras estuve trabajando redacte dos contratos —asiente mientras le muestro la tablet donde los tenía—. Como puedes ver ahí está todo lo que harás siendo mi esclava. —¿Por qué debo vivir contigo para cumplir las normas? —se queja molesta. —No quiero vivir contigo deja de soñar —me defiendo—. Vivirás con tu amiga en caso de que aceptes este contrato. Se ríe sin ganas y veo como se empieza a molestar más. —Esto es hasta que logre pagar los doscientos cincuenta millones de dólares —murmura por lo bajo, pero la logro escuchar—. ¿Mantener la casa limpia, lavar su ropa, hacer la comida para sus empleados y aceptar cualquier cosa que se le ocurra? —asiento mientras apoyo mis manos en el escritorio. —¿O quieres ser mi esclava s****l? —me da una mirada matadora y yo río ante su expresión de desagrado—. No eres mi tipo, así que no te tocaré. No te quiero cerca de Alda. Serás vigilada mientras trabajas en mi casa. No recibirás un centavo de paga. Ella iba a protestar, pero la detengo antes de que continúe. —Me dejare de estupideces e iré al grano, Arya. ¿Qué locuras estás dispuesta a hacer por dinero? —me mira con confusión y algo sorprendida. —No soy una interesada, no le miento cuando lo digo. La vida me puso en una situación difícil y por eso debo sacar a mi familia adelante —me mira avergonzada. Le doy una risa maliciosa y vuelvo hablar. —Soy el nieto del líder de la mafia rusa. Mi abuelo me está obligando a tomar su lugar, no soy tan asesino como me ves y me niego a aceptar esa posición —abre los ojos sorprendida y asustada—. Aquí está el segundo contrato, solo debes cumplir funciones básicas y sencillas —le entrego el sobre blanco que Ryan me dio en la mañana. —¿Nieto?, ¿mafia de verdad? —comienza a titubear levantándose de la silla y empieza a caminar por el consultorio. Río ante su reacción. Es normal, no todos los días tienes el agrado y privilegio de hablar con el próximo líder de la mafia. —Te daré cien millones de dólares en efectivo para que me ayudes a fingir que nos amamos frente a mi abuelo y mi familia —se detiene de golpe, me levanto de mi lugar y la sigo con la mirada—, y ciento cincuenta millones más serán transferidos a lo largo del tiempo. Solo debes aceptar ser mi esposa y vivir conmigo hasta que mi abuelo se coma el cuento de nuestro matrimonio y deje las locuras para que herede su lugar en la mafia. —¿Vamos a engañar al líder de la mafia rusa? —pasa sus manos por su rostro, me mira con miedo para después acariciar su brazo—. Yo no estoy sola —murmura—. ¿No me van a matar, verdad? —Si te niegas, probablemente sea yo el que te haga algo por haberte dicho quien soy —la miro fríamente, ella traga grueso dando varios pasos hacia atrás—. Entonces, ¿aceptas mi propuesta, Arya? Duda por varios minutos, murmurando cosas que no logro entender y con voz temblorosa me vuelve a hablar. —Aceptare el contrato —se acerca y su cara de miedo se hace más grande—. No me acostaré contigo y si en algún momento tu familia me hace algo, por favor protégeme, no estoy sola —río de lado y le tiendo mi mano. —No eres mi tipo, Arya —estrechamos las manos y ella se vuelve a sentar—. Mi familia no es mala solo es algo diferente —me mira suplicante—, pero tranquila, yo cuidare de ti y de los tuyos. —¿Debemos sernos fiel? —alzo una ceja—. Quiero saber si seremos exclusivos y como funcionara esto que vamos a fingir —intenta no parecer nerviosa, pero falla en eso. —En el momento que tú me seas infiel, se cancela todo —me siento en la silla—. No me vas a ver la cara de pendejo —tomo mi bolígrafo y se lo entrego para que firme—. Ryan es el único que sabe de esto. Por favor, Arya, trata de que nadie más se entere. —¿Tu si me puedes ser infiel? —asiento mientras me acomodo en la silla—. Si tu lo harás yo también. Si vamos a estar en esto, tengo mis derechos de disfrutar el momento —agarra el bolígrafo y empieza a firmar—. Solo se lo diré a mi amiga, nadie más tiene porque saberlo y no creas que me enorgullece hacer esto. Eres una interesada, claro que te sientes orgullosa por todo lo que haces por dinero. —Como quieras yo solo te estoy informando de la situación —me levanto de mi lugar y camino hacia la caja fuerte que tengo en el consultorio—. Quédate con Alda esta noche, después te busco para que empecemos con esta farsa. Se levanta asintiendo y antes de irse se gira y me ve. —¿Te has enamorado alguna vez? —por primera vez logro ver intriga en esos ojos de color raro. —Eso no es tu problema —se sonroja mientras yo la miro con frialdad—. Esto es un contrato con fecha de caducidad, Arya. No pongas sentimientos en nosotros si no quieres salir lastimada. —Solo tenía curiosidad, no te preocupes por mi —agarra el picaporte de la puerta—. Tu actitud y tus acciones al parecer no se llevan bien —la miro confundido—. La próxima vez que nos veamos, traeré una lista de limitaciones. —Eres mi esclava con o sin contrato —replico guardando el sobre en la caja fuerte—. Que pases buenas noches, Arya. Escucho el cerrar de la puerta de mala manera. Supongo que se fue molesta, debo decirle que sea más educada en mi hospital. Suspiro y reviso mi celular, es un mensaje del jefe de informática avisándome las horas que duró la enfermera en f*******:. Puede que sea una locura, puede que no lo sea, pero gracias al interés por el dinero que tiene Arya, sé que es perfecta para realizar este trabajo. Es mi esclava y también firmó un contrato para que engañemos a mi abuelo.
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