Capítulo 11

1090 Words
Sintió una suave caricia en su mejilla, que le hizo abrir los ojos y se encontró con aquellos ojos cafés que había temido no volver a ver, por mucho que el médico y la partera le aseguraran que lo haría, que era normal que su esposo estuviera débil después del parto, pero eso no lo tranquilizó hasta ahora, que al fin lo veía despertar. —Joon Ho… Su nombre se escuchaba tan bien al ser susurrado en los labios de su doncel. Sin poder contener su felicidad por verlo al fin despertar. Joon Ho se acercó más y apretó el cuerpo del doncel entre sus brazos y lo besó desesperadamente. —Con cuidado —le recordó el doncel, su voz sonaba risueña —me duele todo. —Lo siento… Gian le sonrió comprensivo. Sabía que su esposo lo último que deseaba era hacerle daño. —¿En dónde está ella? En contra de su voluntad, luego de dejar un casto beso en los labios de su esposo, Joon Ho se levantó de la cama y caminó hacia la cuna, en donde su hija dormía. La tomó en brazos y regresó a la cama. Gian parecía irradiar felicidad cuando la colocó a su lado. —Es hermosa —susurró Gian y miró a su esposo —¿cuántos días me perdí de ella? —No despertaste en tres días. Joon Ho sintió que fueron los tres días más largos de su vida, pero ahora ya podía ser feliz viendo a su esposo despierto. —¿Cómo se llama? —Nina. Ese era un nombre que Gian no había dejado de repetir que le gustaba y que quería que si su bebé era niña, se llamara así, un nombre que Joon Ho no creía que fuera y por complacer a su esposo, había permitido que su hija se llamara así, cuando él tenía todo el derecho de cambiar el nombre si no le gustaba, pero Na creía que había hecho bien al llamar a su hija así, si eso le permitía ver la hermosa sonrisa que el doncel le estaba dando. Gian se sentía feliz de volver a estar en su casa, en su habitación, en su cómoda cama, que no olía a un montón de químicos desinfectantes, que parecían recordarle al paciente que estaba en el hospital y que, al doncel solo le causaban nauseas, a pesar de las dos semanas que estuvo ahí. Aunque estaba feliz de poder volver a casa, no lo estaba del todo, ya que Joon Ho siempre se mantuvo a su alrededor, ya fuera para llevarle las tareas, lo que lo hacía sentir que lo odiaba más por su falsa “amabilidad”, que solo existía cuando Geum Hee estaba cerca, lo que le hizo suponer al doncel que algo había hecho la madre de Joon Ho para que este le temiera. El último día que le llevó la tarea, Joon Ho le había sugerido que debería de dejar el instituto, ya que el médico por el momento le envió todavía reposo, lo que haría que perdiera más clases, pero Gian no estaba dispuesto a hacerlo, ya que faltaba muy poco para que las clases terminaran, y no había recibido todos esos golpes para rendirse al final. A pesar de que ahora llevaba el título de su esposo, Gian sentía que Joon Ho no tenía derecho a opinar en su vida, después de todo, ese título solo era una farsa para tener contentas a su tía y a la señora Na. Ya que no tenía nada más que hacer en el hospital que encargarse de sus tareas del instituto, Gian había estado pensando las cosas, en cuanto tuviera la edad suficiente para que las cosas legales no tuvieran que pasar por las manos de su tía, iba a pedirle el divorcio a Joon Ho, porque lo último que quería era seguir atado a él si su vida y la de su hijo corrían peligro, sin embargo, en otras ocasiones, sentía que era dejarle las cosas muy fáciles a Na, ya que él tampoco quería estar casado con él. Gian se sentía confundido. No por tener a Joon Ho a su alrededor sin mostrar agresividad, porque no solo era el presente, sino esos extraños sueños que parecían nunca querer detenerse, como si la idea de que odiara a Na no le gustara en absoluto. Gian se levantó de la cama y se acercó al escritorio. Buscó en el último cajón, del que sacó un álbum de fotografías, que siempre veía cuando se sentía inquieto. Ver ese álbum de fotos siempre fue relajante y le recordaba los buenos momentos. En la primera fotografía estaban su mamá y él, tenía cinco años, su cabello castaño estaba un poco largo y era despeinado por el viento. Su mamá estaba en cuclillas abrazándolo desde atrás. Los dos tenían una radiante sonrisa, que le hizo pensar en lo feliz que había sido en ese tiempo. En la segunda fotografía tenía ocho años. Estaba en el centro con su papá y mamá a cada lado. Ellos besaban sus mejillas mientras el doncel tomaba la fotografía con una cámara instantánea. La resolución no era muy buena, pero amaba esa foto ya que sus papás lo consintieron al dejar que fuera él quien la tomara cuando apenas y sabía usar la cámara. El álbum estaba lleno de buenos recuerdos, pero también fue inevitable que se preguntara si sería un buen padre para su bebé, quería serlo y para eso, sentía que era estrictamente necesario que sacara a Joon Ho de su vida. —Papá, mamá, por favor, ayúdenme a ser un buen padre para mi bebé —pidió en un susurro. Gian fue hasta la última página que contenía fotografías. Observó un momento la foto de su primer ultrasonido y luego tomó del escritorio una nueva fotografía, a la que le colocó pequeños trozos de cinta doble faz en la parte posterior, y la pegó en una nueva página junto con las palabras “nuestra segunda oportunidad de estar juntos”. Gian esperaba no tener que temer una vez más por la vida de su bebé, sobre todo ahora que tenía al enemigo en su casa, pero se rehusaba a vivir en la casa de los Na, como había sugerido Geum Hee luego de que les fue informado que le sería dado el alta y, no le quedó más opción que aceptar que Joon Ho se mudara con él, pero conciliar el sueño era difícil si tenía al enemigo al final del pasillo.
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