CAPÍTULO 5
—Tú ... Tú eres su hija...
¿Su hija?
—Creo que me confunde. —Le digo al señor canoso, de unos aparente 70 años.
—Reconocería esos ojos y ese cabello, tal vez seas mujer, pero... eres su misma imagen. —dice, observándome con detenimiento.
¿Acaso él? ¿Por qué lo menciona?
—¿De quién habla? —Pregunto, la verdad no sé por qué le seguí la conversación, si bien es cierto, que podría ser un viejo verde, con intenciones oscuras, y este solo es su método de distracción, pero, por alguna razón siento que debería escucharlo.
—Disculpe, la verdad creo que se ha confundido de persona yo...no sé quién...
—¿Soy? —interrumpe la oración que yo empezaba a fabricar. Asiento dudosa. —Soy el encargado de la tienda de recuerdos, mi nombre es Robert, soy... Era amigo de tu padre.
Mi corazón comienza a latir con fuerza a su sola mención.
Justo cuando te pensaba, papá.
¿Qué le hace creer que soy yo? ¿Qué no se está confundiendo? —inquiero.
El sujeto niega con seguridad.
—Sé que no. —dice con seriedad. —Puedo estar viejo, más no del todo ciego. —Dice con un deje de gracia. —Reconocería esos ojos que suelen hablar por sí solos, ese cabello castaño, aparentemente indomable, eres él, claro, con dos notables diferencias, pero es, como si lo viera a él, al gran Samuel James Robin.
Mis ojos se llenan de lágrimas, la verdad es que no había hablado de él con nadie, ni con mi madre, pues, la sola mención de su nombre, me vuelve débil, y vuelvo a ser esa niña frágil de 7 años, la que aún espera volverlo a ver.
—Yo... —No sé qué decir, y la verdad tampoco sé qué hago aquí, debería estar esperando a la obra.
—Yo... lo siento. —Continúo dudosa. —Me tengo que ir.
Comienzo a alejarme y lo escuchó llamarme, pero no puedo darme el lujo de caer de nuevo, por lo menos no, hasta llegar a mi casa y llorar en silencio.
Llegó a la entrada de embarque y veo salir a la bruja con su aire de superioridad, caminando cuál pasarela de moda.
¡Ay por favor! ¡Pero ni las Kardashian han de caminar así!
—Señora Amelía. —Le digo cuando ya está cerca. Pasa de largo, lanzándome la maleta, la cual casi me tira de bruces al suelo.
¿Qué trae aquí? ¿La torre Eiffel?
—¿Por qué no vino mi esposo a buscarme? —Pregunta, caminado unos pasos adelante. —¿Acaso tiene algo más importante que hacer, que venir por mí al aeropuerto?
Cualquier cosa es mejor que esto, créame,
Yo porque nunca tuve buena suerte
—El señor White lamenta mucho no haber podido venir, se presentó una junta con Bastón Industries, Tecnólogo de último momento. —Le digo a media verdad, media mentira.
Y si es verdad, si hay una junta, pero es hasta las 04:00 PM
Adivinen cuál es la parte de la mentira...
No lo lamenta.
Y no lo culpo... Ya que yo sí lo estoy lamentando.
—¿Y a dónde desea digerirse... digo dirigirse...? —Pregunto con mi inocencia saliendo a flote.
Me acribilla con la mirada.
—Llévame a la oficina de mi esposo, necesito ir a hablar con él sobre tu despido.
¡Ogra!
—Me alegro saber eso. —Me mira confundida. —descansaría (de su marido) —Del tráfico cada mañana, además que Susana, la recepcionista, no sé si la recuerda; morena, alta, cuerpo de modelo; sería la nueva secretaria ¡Ja! Cada que un hombre la ve, cae rendido ante ella —le digo con mi mejor sonrisa de" te tengo" —Pues ella quiere mi puesto de asistente en la empresa y la verdad, creo que atendería muy bien a su marido... —Hago una pausa... —En el trabajo.
—Mientes, no hay ninguna Susana.
¡Oh, Claro que la hay!
Reprimo las ganas de reírme, de ver la cara entre escéptica, asustada y molesta que tiene.
¡En tu cara, Amelia!
—Bueno pues... —Quizá no la recuerda, pero es una chica muy dispuesta... a trabajar —Digo con falsa inocencia. —Aquí estamos, bienvenida de nuevo. —Digo, cuando llegamos al auto y meto las maletas en el baúl del carro BMW año 2017, convertible blanco último modelo y las puertas se abren para arriba, el auto de mis sueños, sí, la única ventaja de todo esto es manejar esa belleza, la verdad yo le cambiaría las llantas por unas de carrera, pero en vista que no es mío y debe volver a su abandono entre los demás autos de la empresa que están en el garaje si no cambiaría o aprovechar la oportunidad, así sea hacer de chofer para Maléfica.
Le abro la puerta trasera del vehículo, evitando así, una tragedia en su manicura francesa, y me subo en la parte del conductor, porque no crean que la emperatriz Amelía White se arriesgaría a perder una uña por hacer un "esfuerzo" como manejar.
Hago andar el auto, y por un breve momento se crea un silencio extra incómodo, en el que creo y casi estoy segura, gracias a mi fiel amigo, el retrovisor, que me va haciendo malas caras, cada que cree que no la veo.
Vieja bruja.
—Y... dígame ¿Cómo le fue en su viaje por Francia, señora White? —Atino a hablar, para parar su jueguito de muecas, las cuales, con su rostro, ya le salen natural.
—¡Qué te importa! —Responde tajante. —¿Para qué quieres saber, si nunca conocerás Francia? No tienes con qué pagar el pasaje de avión siquiera. —Concluye.
Me aguanto las ganas de tirarla del auto, ya que no quiero estar de nuevo en la cárcel, y además me despedirán.
Aunque la verdad le haría un favor al ogro, ya que no la aguantaría más.
—Gracias al cielo, esta bruja no es mi madre. —digo en un tono bajo para que no me escuche. Pero, al parecer, fracasó en el intento, ya que dice:
—Gracias al cielo que no eres mi hija.
Y como luego de empezar, ya no me detiene nadie, aquí voy.
—¡Pues pobre de su hija! —La reto.
—¡Pues pobre de tu madre! —Responde
¿Con qué así serán las cosas, Eh?
—¡Mi madre me ama! —le digo entre pucheros.
—¡Mis hijos me adoran! —Contesta.
¿Hijos? ¿Qué no se supone que solo tienen una hija...?
—Tanto que la señorita Sandra vive en Italia, para su suerte, lejos de usted.
—¡No te pases tonta! ¡Recuerda tu lugar! —contesta molesta.
—Llegamos. —Informo, ignorando su comentario.
Le ayudo a bajar del auto y entramos en la empresa, y no se me pasa por alto, que observa a la víbora de Susana con mucha detención, las veces que ella ha venido a la empresa, casi siempre quien está en recepción es Lara.
La recepcionista la saluda y ella la ignora.
Bien Sam —me apremio —dos urracas de un tiro
Me aplaudo mentalmente.
Llegamos al último piso y ella sin esperar nada entra a la oficina del ogro, la dejo pasar, ya que es la "Dueña" después de todo.
Me concentro en terminar los pendientes que tengo aún, en la tarde es la junta con el presidente de Bastón Industries Tecnology, por lo que tengo que confirmar la reunión, y dependiendo de eso, arreglar la sala de juntas, llamar al departamento de marketing, seleccionar los afiches y llevar los bocadillos, esa es mi parte favorita, mientras los preparo tal vez me robe una que otra galleta de esas especiales que se compran para servir a los socios. Solo de pensarlo se me hace agua la boca. Pero primero, confirmar la junta con B.I.T.
***
Todo listo, solo faltan los bocadillos
Voy hacia la sala de descanso y encuentro a Hanna tomándose un café, inmediatamente se me viene una duda a la mente y puesto que Hanna lleva 3 años trabajando para el mal, tiene que saber algo.
—Oye, Hanna —la llamo y ella voltea a verme —. Hanna, ¿Tú sabes si los jefes tienen otro hijo aparte de la señorita Henderson? —al terminar de gesticular aquella pregunta, la pelirroja se tensa, mira para todos lados y dice con voz cautelosa y sombría.
—Escucha bien, Sam, este es un tema muy delicado del que nadie en la empresa habla, y te lo diré para que no cometas el grave error de mencionarlo enfrente del jefe —esto se está poniendo interesante pero... ¿Por qué tanto misterio?, Y como si Hanna me leyera la mente, continúa —. Los White tuvieron 2 hijos, Sandra, de quien seguro ya habrás escuchado antes…
Y vaya que sí, fue noticia fuerte casi por 2 semanas en él Time’s, luego de que, aparte de firmar para ser modelo en el Vogue Italia y coronarse como la modelo del año, se casará con su representante y mejor amigo de la infancia, Ian Henderson, quien aparte de ser uno de los millonarios más codiciados, es el hijo de Carlos Henderson, dueño de Henderson group y socio y mejor amigo del ogro White. Sí, un árbol genealógico un poco extravagante.
Hanna continúa.
—Y por otro lado tenemos al hijo mayor, Christian. Ellos nunca hablan de él, y todo por orden del señor White —rueda los ojos. Por mi lado, la miro sin entender nada y, al parecer, soy muy obvia, ya que al analizar mi rostro, con una sonrisa extraña, prosigue —. Seguramente te preguntarás ¿Por qué? Y por lo que sé, él se negó a tomar las riendas de la empresa, y fue renegado por el jefe hace más o menos 2 años. En un principio Christian tuvo problemas con el jefe por qué él se negaba a estudiar lo que el señor White quería, pero... Al parecer lo tomo como un capricho de su hijo y simplemente lo dejó pasar. No obstante, cuando terminó la carrera, el jefe le exigió dejar su "jueguito" atrás y hacerse cargo de la empresa y, al negarse, y el jefe renegarlo, quedó prohibido tanto aquí, como en su casa mencionar siquiera su nombre.
Ahora sí, estoy segura de que esta familia está loca.
—Pero, no entiendo. O sea que… ¿Su familia entera lo dejó solo? ¿Su madre y su hermana, lo dejaron ir así sin más? ¿Solo le dieron la espalda y ya por no seguir sus órdenes? —inquiero un poco ajenamente indignada.
Con una mueca de escepticismo, Hanna afirma.
—La señorita Sandra se disgustó con sus padres. Tengo entendido que esa fue la principal razón para decidir quedarse a vivir en Italia de forma permanente. En cuanto a la señora Amelía, el jefe la amenazó con el divorcio y quitarle todos sus bienes.
Hanna termina de hablar y yo solo siento mucha rabia hacia esas personas.
Me recuerda mucho a la discusión que tuve con mamá. Y es que, en realidad, la situación fue la misma que provocó mi partida de casa. Aunque por lo menos yo sé que mi madre no sería así de cruel como ese... ¡Ese viejo loco!
ººº
El reloj marca las 4:00 pm
Subo a la sala de juntas, preparo todos los bocadillos en la mesa y enciendo la pantalla para la presentación.
A los cinco minutos entran los White y no puedo evitar que el enojo crezca en mí, gracias al cielo el señor Baxton llega, seguido por un chico de anteojos, cabello rubio, ojos café claro, que bien podrían ser verdes si los ves con más detención, no se le marcan los músculos, pero tiene un cuerpo muy bonito, creo que nota mi mirada, ya que sonríe y me da un saludo con un asentimiento de cabeza, le regreso el saludo y los jefes comienzan con su reunión.
?
Llego muy cansada a casa. Los pies me duelen, siento como si tuviera unas horribles bolas entre el cuello y la espalda y ni hablar del dolor de cabeza que me carga, o el sueño atroz que me está inundando.
Luego de la junta, mientras los jefes devoraban las galletas, (de las cuales ahora no puede robar ni una, ya que estaba más interesada en la conversación con Hanna), hablé un rato con Will, el asistente del señor Baxton. Es un chico muy simpático. Tiene 23 años y está de pasante en la empresa del señor Baxton. Estudió informática avanzada, y en sus noches libres, canta en una cafetería—karaoke.
Compartimos contactos antes de que tuviera que retirarse. De cierto modo, sentí una conexión muy peculiar apenas lo visualizé a unos metros de distancia, al lado de su jefe. Química, confianza o como quieran llamarlo, cuando estuve conversando con él me sentí en paz, así que quedamos de vernos algún otro día, lejos de la presión del trabajo.
Es viernes, así que mañana no tengo trabajo, lo cual es bueno porque este día en serio ha sido largo.
Se me viene a la mente el incidente de la mañana con el que dice llamarse Robert, el encargado de la tienda y amigo de papá, una lágrima se me escapa y las otras deciden seguir su ejemplo, y no sé cómo entre el llanto, termino cediendo a Morfeo.