Me encuentro frente al espejo encantado, observando con detenimiento mi reflejo. No es solo la imagen física la que veo, sino la esencia de lo que soy, lo que llevo dentro, esa parte de mí que nunca se muestra al mundo. Mi rostro, que parece ser tan común, tan inofensivo, se transforma bajo mi mirada, como si cada línea de mi ser fuera una marca de lo que realmente soy. El suave brillo en mis ojos no es una chispa de luz, sino una manifestación de mis intenciones ocultas, del fuego que arde en lo más profundo de mí. Una sonrisa se dibuja en mis labios, pero no es una sonrisa de satisfacción. No, es una sonrisa irónica, como si el mundo entero fuera una broma que solo yo entiendo. "La niña logró apartarte..." Mis palabras resuenan en mi mente, llenas de desdén. "¿Qué crees que has lograd

