No espero a que me alcance.
Salto.
El borde del acantilado me lastima las patas cuando me transformo en loba segundo antes de que el mundo se incendie entre ambos.
—No mires atrás —ordena Kaela, lúcida—. Corre.
Obedezco, pero lo siento moverse. No solo por mi super oído sino por la certeza. Él, va detrás de mí, como un cazador viejo. Paciente. No corre a toda su velocidad y cada fibra en mi cuerpo sabe que él esta disfrutando de esto.
—Es territorio neutral no puede dañarte —dice Kaela.
Pero lo que me hace sentir no es eso. Es el vínculo empujando, pidiéndome voltear la cabeza. No lo hago… hasta que lo hago.
Lo veo.
A través de dos troncos, a veinte pasos, quieto como si fuera parte de la noche. No lleva a su escolta. No necesita testigos. El cuerpo alto, la postura que no suplica, es impactante. No necesito que hable para reconocerlo. Mi marca responde antes que mi pensamiento. La palabra “destinada” golpea por dentro con la fuerza de una sentencia.
Miedo. Deseo. El choque me corta el aliento.
—Es él —murmura Kaela—. Nuestro compañero.
—No digas “nuestro”.
—Digo “nuestro” para que no creas que es solo “tuyo”.
Me obligo a levantar el hocico. Que vea que no me arrastro. Que vea que tengo dientes. Él no se mueve. La calma con la que sostiene el mundo me irrita. Entonces… me mira como quien reconoce una promesa cumplida y el aire se me vuelve una pared. La marca estalla. El hilo rojo aparece nítido, de mí a él, a través de los árboles.
No espero. Vuelvo a correr.
El cuerpo me tiembla no por fatiga, sino por lo que ahora sé. Ya lo vi. Y verlo es un peligro distinto a imaginarlo. La conexión ese zumbido, se intensifica.
—Aylin —me dice Kaela—, tal vez si deberíamos detenerno.
—Estas diciendo estupideces, recuerda que no somos un vientre.
—Recuérdalo tú también pero detente.
Salgo a una ladera más abierta, reboto en piedra, caigo mal con una pata, me corrijo mordiéndome el dolor. Mi compañero predestinado, el cazador desciende por otra ruta, más directa. Me está cortando el paso. No lo veo, lo siento y el primer contacto frontal no es con palabras.
Vuelvo a cambiar. Hueso en piel. Piel en hueso. De loba a mujer en un latido de mi corazón. La noche me traga la desnudez como un secreto, y la rabia me coloca un vestido encima.
—No te acerques —digo, con voz que no tiembla.
Él se acerca. Un paso.
—Te has lastimado niña tonta, si bien sabes que eres mía. ¿Para qué correr? —declara, sin levantar el tono de su voz.
—No soy tuya, yo no soy de nadie.
—No vine a pedírtelo —dice de forma arrogante—. Vine a que simplemente lo aceptes.
Me lanzo hacia la izquierda. Él se mueve antes de que yo complete el pensamiento. Su brazo me intercepta por la cintura, me gira el cuerpo de forma dominante y me derriba en un movimiento limpio. Caigo de espaldas contra la tierra. El aire abandona mis pulmones. Él hace nada por ayudarme. Solo se planta a un lado observándome, de pie, su cuerpo bloqueando el camino. Su presencia es imponente.
—Levántate —ordena.
Me incorporo despacio adolorida, me ha tirado muy bruscamente,
—Dame tu rabia —pide excitado—. y ven a mí.
—¿Esto excita? —le espeto al darme cuenta—. ¿Quien eres?
—Sabes muy bien quien soy —responde, seco—. Soy tu compañero destinado, Dominic Blackthorne , el Alfa Oscuro.
La confirmación no suena a confesión. Suena a amenaza. Una muy íntima. Trago el impulso de mirar la muñeca. No le daré ese espectáculo. El vínculo late ahí, obsceno.
—No eres más que un depredador con hambre —le digo—. Eso es lo que eres.
Dominic se ríe sin pena.
—El más fuerte de este continente —replica—. ¿Quién, sino yo, va a engendrar contigo al Alfa que unifique todas las manadas de este continente?
La frase me atraviesa con asco, como si efectivamente solo me viera como un vientre.
—No te necesito para existir —digo, levantándome del todo. — Rechazo este vínculo.
Dominic vuelve a reír y su mirada recorre mi cuerpo con deseo y se queda finalmente quieto a la altura de mi vientre. Esa quietud hiere más que un golpe. El deseo que odio reconocer sube como una fiebre, no porque lo quiera… sino porque mi cuerpo responde a un lenguaje que me negaron aprender con calma. Cierro los dedos. Clavo las uñas en la palma. Me anclo.
—Si tuviera que elegir —dice—, yo tampoco te elegiría. No eres más que una simple omega
—Entonces recházame y acaba con esto.
—No puedo —contesta—. En tu vientre es donde fecundare la semilla donde crecerá mi hijo.
—No soy un vientre con piernas. No quiero nada contigo yo Aylin Silverclaw te rechazo a ti Dominic Blackthorne, Alfa Oscuro.
Mis palabras parecieron golpearme más a mí que a él pero estaba segura que por primera vez en su vida, alguien se había atrevido a decir. “No”. A rechazarlo.
—No vas a ponerme tu marca.
—No hoy —dice — No después de la tontería que acabas de hacer. Si sabes que tengo que aceptar dicho rechazo para que funcione, ¿cierto?
—¿Qué juego es este? No tienes dignidad. Recházame y ya.
—¿Dignidad?
Se aparta un paso y el ambiente cambio. Definitivamente estaba ofendido.
—¿Dignidad dices? —pregunto. — Vamos a ver cuando dura la tuya después de que te enseñe buenos modales.
El bosque estaba helado y nos mantuvimos en silencio hasta que de pronto estuvimos rodeados. No solo era el consejo de hombres lobo había otros Alfas también y entonces entendí. Estaba en problemas, muy serios problemas…