¿Casualidad o destino?
POV Ana
Se que nací en cuna de oro, aun así, me considero una persona humilde, me gusta vestir bien, pero para mí desgracia, aun teniendo mucho dinero tengo que sufrir las consecuencias de las malas decisiones de mi padre. Mi madrastra Nadine y su odiosa hija Jade, se han encargado de hacerme la vida imposible. ¿Quién soy? Soy Anastasia Parisi, una chica simple que solo quiere ser normal, no me importa el dinero y el poder de mi padre, tengo 18 años, mi padre es el gran empresario de la industria metalúrgica, Franco Parisi. Mi madre murió cuando yo tenía 5 años, pero no recuerdo mucho de ella, mi padre se casó nuevamente varios años después de que mi madre falleciera, él decía que yo necesitaba una figura materna, ya que estaba entrando en la adolescencia. Mi carácter es bastante dócil con quienes quiero, soy independiente y no me importaría enfrentar al mismísimo diablo si así tuviera que hacerlo para defender a las personas que amo, eso obviamente no incluye a Nadine ni a Jade, soy blanca, cabello castaño, ojos miel, y tengo el cuerpo que toda mujer desea, mis curvas pronunciada y mi pequeña cintura vuelven loco a todos los hombres, pero cuando quiero pasar desapercibida para poder sentirme libre y no llamar la atención, porque realmente no siempre me gusta llamar la atención, me pongo mi disfraz de Betty la fea, usando ropa holgada, y lentes, aunque realmente no los necesito, mi cabello es largo hasta la cintura y pero cuando visto así siempre lo tengo con un chongo desarreglado. Mis mejores amigas son Sofia y Macarena, ellas conocen todos mis secretos, siempre estamos juntas.
Estamos cenando en “familia” Nadine, Jade, mi padre y yo, aunque ellos charlan gustosamente yo me mantengo callada. En medio de la cena Nadine saca los colmillos para largar su veneno.
—Anastasia querida, pronto tendrás que casarte ¿Lo sabias? —Dice Nadine con una sonrisa ladeante
—¿Q…Que? —La miro como si le hubiese salido tres cabezas
˃˃Esta misma tarde hable con el Sr. Marcheti para ultimar los detalles, ya que te casaras con el heredero de la familia y actual CEO del Grupo Marcheti. En unos pocos días, será tu boda con él querida, no habrá fiesta, solo firmaras el contrato de matrimonio y te mudaras con él, si no sabias, este matrimonio fue arreglado incluso antes de que nacieras —Ladea una sonrisa burlona mientras me sigue hablando —Y será muy beneficioso para las empresas de tu padre —Me quedo unos segundos estática, siento mi cuerpo encenderse, miro a mi padre y tiene una sonrisa esperanzadora, si supiera que lo único que Nadine quiere es sacarme de sus vidas porque quiere quedarse con su herencia.
—¡Jamás me casare con él! —Grito mientras me levanto de la mesa
Necesitaba pensar y sabia que estando en mi casa no podría, necesito huir de este maldito matrimonio. Decidí irme a algún hotel, pero luego recordé que por ser una “Parisi” me podrían ubicar fácilmente, por lo que opte por irme a algún motel barato, sé que no es mi estilo pero es lo más seguro y si realmente quiero esconderme.
Sigo sintiendo calor, mucho calor, mi cuerpo comienza a desprender fuego como si el mismo infierno me estuviera envolviendo, en mi carro llevaba algo de dinero, pero por desgracia mi bolso estaba en mi cuarto, no tenía identificación, simplemente hoy no podía quedarme en casa, no quiero. Necesito meter mi cuerpo en agua fría, llego a un pequeño motel, la zona donde se encuentra ubicado no es tan mala, incluso hay buenos hoteles y restaurantes en la zona, pero estoy segura que aquí no me encontraran. Al estacionar mi carro tomo el poco dinero que tenía en él, busco en la cajuela en busca de algo de ropa y “Bingo” encuentro mi preciado disfraz. Me dirijo hacia la recepción, cada vez me cuesta más poder caminar, mi cuerpo arde, y mi intimidad palpita como si mi corazón se encontrara ahí.
—Señorita ¿se encuentra bien? —Me dice una mujer que supongo que es la mucama
—S..si señora, pero no traje identificación, por favor, ayúdeme, necesito descansar —Le dije a la amable mujer castaña
—Me pone en un compromiso señorita —Veo que se queda pensando por unos minutos —Que más da, venga la ayudare —Asiento agradecida con la mujer mayor.
Minutos después ella trae una llave, supongo que será para abrir la puerta del cuarto que he rentado.
—Tome señorita, le deseo buen descanso —Creo que deberé dejarle una buena propina, aunque en este momento no tengo mucho dinero.
Con pasos un tanto inciertos, me dirijo al lugar que me acobijara esta noche.
Estoy entrando al cuarto, pero siento algo filoso y frio en mi garganta, mi corazón comienza a latir de forma frenética, mis ojos se nublan por las lágrimas queriendo salir a causa del terror que siento en este instante. Alguien se apoya a mi espalda, puedo sentir su respiración en mi cabello, a su vez que sentía ese fuego en mi interior, y ese perfume amaderado que inundo mis fosas nasales, en se momento no pensé, solo dejé que ese hombre entre al cuarto.
-—Shhh, tranquila, no te pasara nada, si es que ese hombre no sabe que estoy aquí —Susurra en mi oído, y siendo esa mezcla de alcohol y menta, su voz es firme y varonil, se nota que es joven.
—D.,. de acuerdo —Le respondo pero… un gemido salió de mi cuando siento su miebro en mi espalda, su respiración en mi cuello, su aliento, ese perfume que me está revolucionando los sentidos.
Mierda, estoy caliente, Puedo notar algunas de sus facciones que se iluminan gracias a la luz de la luna, es muy sexi…
—Concéntrate Anastasia —Me regaño a mi misma en silencio
—Sígueme el juego y veras como pronto se va —Logro decir para disimular ese pequeño gemido que acaba de salir de mis labios, el solo asiente.
—¡tienes que dejar a tu esposa, debes quedarte conmigo! – comienzo a decir entre sollozos, alzando la voz casi histérica, inmediatamente se da cuenta de cuál es mi objetivo.
—Aun no puede, debes esperar cariño —Mi “escena de celos” parece real, yo sigo suplicando u}y lloriqueando como una amante loca.
Sentía las vibraciones de su voz, el peso de su cuerpo, con esa voz suave, que está revolucionando todos mis sentidos. A los minutos de comenzar nuestra falsa discusión el hombre que estaba afuera persiguiendo al joven que aún estaba a mi espalda, se va, podíamos ver por la ventana a su acechador.