Esteban salió de la cabaña sin mirar atrás, dejando a Rosella sola en ese lugar lúgubre que había decidido que sería su hogar. Su corazón estaba endurecido, lleno de rencor y desprecio hacia ella. Para él, ese matrimonio no era más que una prisión impuesta por el poder de Fausto Pazzi, y no tenía intención alguna de cumplir con sus obligaciones como esposo. Su único deseo era encontrar un respiro en la única persona que le importaba: Alberta. Hizo el mismo recorrido de venida, condujo durante horas, sin pensar en nada más que en llegar al apartamento que tantas veces había compartido con Alberta, un refugio secreto que había sido su santuario a lo largo de los años de su relación. Cuando finalmente llegó, estacionó el coche y subió rápidamente las escaleras. Su corazón comenzó a latir má

