Cuando los brazos de su padre la rodearon, Rosella sintió cómo su propia coraza comenzaba a resquebrajarse. Se había prometido no dejar que las emociones la dominaran, pero en ese momento, con su padre llorando de alivio y cariño, no pudo evitar que las lágrimas también rodaran por sus mejillas. —Papá… —susurró Rosella, sintiendo cómo su voz temblaba, mientras el abrazo de su padre se hacía más fuerte—. Me alegra tanto verte. Su padre, sin soltarla, murmuró. —Gracias a Dios… Gracias a Dios que estás aquí, estaba tan preocupado por ti. Aunque el miedo y la duda aún la acompañaban, en los brazos de su padre encontró un refugio que hacía tiempo no sentía. Angello, observó desde la distancia, con una sonrisa en los labios. Sabía lo importante que ese reencuentro sería para Rosella, y aunq

