Esteban salió de la sala como un hombre derrotado, sintiendo que cada paso que daba lo alejaba irremediablemente de Rosella y del futuro que había soñado con ella. Al llegar a la puerta principal, se detuvo un momento, mirando hacia el interior de la casa, donde por un segundo pensó al verla que había una posibilidad de que volviera con él. Las risas y murmullos de los invitados parecían una burla cruel a su dolor. El contraste entre la alegría de la fiesta y el tormento en su corazón era tan insoportable que lo sentía casi doloroso. Se subió a su auto, pero no encendió el motor de inmediato. En su mente, las palabras de Rosella resonaban como un eco “No eres el hombre que me interesa, ni te admiro, ni siento nada por ti.” Cerró los ojos, apoyando la cabeza en el volante. Había comet

