Así fueron pasando los días, Esteban no escatimaba esfuerzos en su misión de conquistar a Rosella. Desde que ella le había pedido que reconstruyera su confianza paso a paso, cada día se convertía en una oportunidad para demostrarle cuánto la amaba. No solo la llenaba de gestos románticos, sino que también se aseguraba de facilitar su bienestar de todas las formas posibles. Una mañana, mientras Rosella desayunaba, llegó un equipo de profesionales que Esteban había contratado: una masajista especializada en embarazo, una estilista y una terapeuta. Rosella los miró con incredulidad cuando se presentaron en la puerta. —¿Qué es esto? —preguntó, cruzándose de brazos, mientras dirigía una mirada interrogativa a Esteban, que estaba a su lado. —Es mi forma de decirte que mereces ser cuidada y mi

