NARRADOR OMNISCIENTE
PASADO
Las luces tenues que emitían las lámparas dentro de la habitación, iluminaban el rostro de la chica de cabello rubio, que se metía a la boca la enorme polla con la que se atragantaba, dejando que el sabor salado del líquido preliminar, explotara sobre sus pupilas gustativas. Su lengua rozaba su glande de un modo lascivo, al tiempo que él, enredaba su mano entre las hebras de su cabello, dándole a entender que ahora él llevaría el ritmo.
—Así, eso es, lo haces muy bien —el chico echó la cabeza para atrás—. Eres una puta sucia, trágatela toda.
Las manos de la chica comenzaron a ascender por su cuerpo hasta tocarse ella misma los pechos, llenando sus manos, pellizcando sus pezones sin dejar de hacer fricción.
—Has sido una buena aprendiz, mírate, eres toda una pequeña zorra que quiere mi polla dentro.
La chica no se detuvo, lo hizo un par de veces hasta que él soltó su derrame, gruñendo mientras las gotas de su sudor resbalaban por su torso desnudo.
—Mel… —gruño el chico.
El corazón de la chica se detuvo, algo se quebró en su interior, al tiempo que él se apartaba de ella, dejándola de rodillas contra el suelo. Y sin decir una sola palabra, como cada noche, entró a la regadera, cerrando la puerta del baño con pestillo y ella se quedó ahí, con los pedazos de su corazón esparcidos por el piso, junto a su dignidad. Pasando la lengua por su labio inferior para recoger los residuos de semen que quedaban.
—Te amo —sollozó.
El silencio fue su única respuesta, y la soledad la espectadora de su tristeza. Desnuda, caminó despacio hasta la puerta del baño, el vapor llenó el espacio mientras el frío del mármol atravesaba las palmas de sus pies. Con manos temblorosas deslizó la puerta de cristal y el cuerpo masculino del chico de quien se había enamorado, apareció dándole la espalda.
Apenas puso un pie adentro, cuando su voz ronca y que no admitía ninguna demanda, la detuvo, congelándola en su sitio, antes de que pudiera hacer cualquier movimiento.
—¿Qué crees que haces?
—Yo… pensé que… podría ducharme aquí.
Él cerró la llave del agua, volteando a verla. La chica se encogió ante la oscuridad de su mirada, saliendo por completo del cuarto de regadera. No había calidez en la mirada de él, ni un ápice de amabilidad, ya se había acostumbrado, al principio incluso lo había aceptado, pero la realidad era que lo amaba más que nada en el mundo, no lo quería perder, por eso siempre lo complacía.
—Sabes bien que no puedes hacerlo, tenemos un trato, después del sexo, nada, solo hay eso —espetó con firmeza él.
Una sensación de ahogamiento aplastó el pecho de la chica, sus ojos se cristalizaron y él frunció el ceño.
—Esto es pura diversión.
—Lo sé —ella se apresuró a responder—. Pero pensé que…
—No soy un cabrón, lo dejé en claro desde un principio y aceptaste, ahora no me vengas con esa mierda de que estás enamorada de mí.
—¡Pero y qué sí lo estoy! —ella se armó de valor, poniéndose frente a él—. Estos meses han sido…
—Puro juego, eres una cosa para matar el tiempo, deja de comportarte como una inmadura que fantasea con salir conmigo, sabes que lo nuestro nunca podrá ser, ni en esta, ni en otra vida, ahora vete de mi habitación —El chico pasó por su lado, agarró una toalla y la enrolló alrededor de su cintura—. No dejes que nadie te vea cuando salgas, las consecuencias solo serán peores si te descubren.
La puerta del baño se cerró y ella se tragó el nudo que se formó en su garganta. Tomó una bocanada de aire y viendo un punto fijo en la nada, se dijo a sí misma.
—Esto no es el final, serás mío, cueste lo que me cueste, qué empiece el juego, King.