Veo a mis alumnos dar el último giro sobre sus pies, a destiempo, y la música acaba un segundo más tarde.
-Chicos, hay que mejorar el oído musical. Si pueden practiquen en casa. Hasta aquí llega la clase de hoy, nos vemos el miércoles ¿Bien?-
Asienten y resoplan del cansancio. Tienen las mejillas rojas y están sudados. Jere y Penny se me acercan cuando todos se están marchando.
Jere mide lo ideal y es fuerte, el bailarín perfecto. Penny es pequeña y delgada, cumple con las condiciones para ser una muy buena bailarina. Aún ambos necesitan mucha práctica, pero la pasión que le ponen al baile los convierte en dos de mis cinco alumnos favoritos.
-¿Cuál es el nombre de la pista? Queremos juntarnos a practicar, para llegar a tiempo- pregunta el chico.
-Se llama Confession, es de Facing West. La directora me la envió, si quieren puedo enviar la pista al grupo de w******p- sugiero.
-¡Sí, genial! Gracias, profesora- habla ahora Penny y se despiden moviendo sus manos en saludo.
Me siento una anciana cuando me dicen profesora, como si la palabra retumbara por mi cabeza en un eco aparentemente interminable.
Tienen de dieciséis a diecinueve años y me llaman profesora, incluso algunos me tratan de "usted", eso es lo peor ¡Por dios! Tengo sólo casi veintiún años. Es mi culpa por meterme a enseñar a tan temprana edad. Pero he ido a clases de baile desde los seis años, y recibí la capacitación para enseñar al cumplir los dieciocho.
Tomo mi celular y reviso la hora. Tengo poco más de una hora para ir a casa, darme una ducha y asistir a la reunión con el alcalde.
......
-Hola, chicos ¡Pasen! El señor Dorevy espera dentro- nos indica una secretaria a la que no puedo reconocer, seguro es nueva, ninguno de los asistentes aquí nos trata tan bien.
-Hola, gracias- saludamos nosotros.
Hoy hemos asistido más amigos ambientales. Además de venir Erick y Linda, nos han acompañado Freddie, Jane, Victor y Leonore, mejor conocida como Lenny. Denisse y Quinnie no han podido venir por asuntos que desconozco.
-Bienvenidos. Vamos al grano porque no tengo demasiado tiempo y mi abogado ni siquiera se ha dignado a aparecer-
Manifiesta Samuel apenas nos ve entrar. Se sienta en su lado de la mesa de reuniones y nos indica sentarnos también. Hay un lugar reservado que tiene unas siglas en la silla, "Dr. L.P.D".
No puedo analizar demasiado cuál será su segundo nombre porque un escalofrío de anticipación me recorre la espina dorsal al oír a la puerta tras nosotros abrirse.
-Lamento la demora padre…-
La voz de Levi suena agitada seguro debió trotar hasta aquí. Lo veo pasar y sentarse en la silla de las siglas, y mirarme sin disimular su desprecio.
-Mi auto sigue en el taller- finaliza hablando pausadamente.
Su padre, lejos de notar el muy evidente odio que su hijo desprende hacia mi persona, está observando unos papeles en sus manos.
-No hay problema. Hagamos esto rápido- apura.
-Bien. Los hemos llamado para arreglar asuntos legales sobre el proyecto que han presentado. No queremos tener que hallarnos con sorpresas luego, como que quieran cobrarnos o acusarnos de trabajo en n***o, esclavitud laboral, ni mucho menos- dice Levi sacando una carpeta de su maletín n***o.
Lo miro realmente ofendida. Somos activistas, no estafadores sin escrúpulos.
No puedo evitar que se me escape una risotada poco feliz, que llama la atención de todos ahí.
-¿Con qué clase de aves carroñeras cree que habla? No somos abogados…¡Ups! Quise decir, ladrones- respondo antes de que Erick pueda callarme.
Me da una patadita disimulada pero ya es bastante tarde.
Samuel se queda callado, me mira con ambos ojos muy abiertos y creo poder oír que murmura un "no de nuevo" al sujetarse la frente con una mano. Levi, por su parte, me está acuchillando con la mirada.
-Hablo con gente que es propicia a verse involucrada en problemas legales o policiales, o sea, contigo- responde rápido.
-No mezcle los problemas personales, abogado. Estamos hablando de una organización sin fines de lucro que lucha por eliminar de las calles la basura que gente como usted tira sin restricciones-
-No mezcles los asuntos personales, Murphy- contrarresta.
-¡Ya! Siempre es lo mismo- interviene Samuel con tono cansado.
Me callo porque a él si lo respeto. Su hijo se queda callado de inmediato, supongo que por el mismo motivo.
-¿Pueden firmar los papeles ya? Es solo una prevención obligatoria, no puedo arriesgar la campaña, ya es mucho aceptar la propuesta…¡No tengo mucho tiempo hoy! Por favor, señorita Hiddleston- pide.
Estiro mi mano hacia el abogado y este me da, de muy mala gana, los papeles a firmar.
Leo todo con mucha atención, como ha dicho Samuel es meramente preventivo, al parecer Levi lo ha exagerado porque me odia un poco.
Como presidenta de la organización, firmo los papeles y los entrego nuevamente al abogado.
Él se los pasa a su padre, quien firma y luego los guarda en su maletín nuevamente.
-Listo, ya está todo arreglado. Antes del primero de Agosto necesito los carteles que prometieron, en las calles. Si es antes mejor. Igual, como dice ahí, se utilizarán las boletas que ya habíamos enviado a imprimir antes de la propuesta ambiental- aclara el alcalde.
Asiento estando de acuerdo.
-Muchas gracias por siempre darnos la oportunidad de ayudar, señor- agradezco sinceramente.
Finalizamos la reunión y salimos de la alcaldía. Los chicos se dirigen al centro comercial a almorzar algo y yo me preparo para ir a casa en mi bici. Levi baja de por las escaleras de la entrada trotando y se para a mi lado con el ceño fruncido.
-¿Qué?- cuestiono igual de molesta.
-El sábado no lo vi porque estaba oscuro, pero tu bromita de romper mi vidrio, también raspó y hundió una parte de la puerta del maletero ¿Sabes cuánto me han cobrado por tu chiste?-
-Ilumíname, señor carroñero- pido de mala gana.
Respira profundo antes de hablar, seguramente evitando insultarme de arriba a abajo.
-Trescientos dólares más de los doscientos del parabrisas. Exijo que me des el dinero o deberé iniciar algún tipo de demanda legal que no creo te agrade mucho-
-Tu ibas ebrio ¿No te deja eso mal parado?- cuestiono buscando enfadarlo a propósito.
Si le pagaré, con tal de no verle la cara otra vez.
Él suspira profundamente y sonríe divertido.
-Touché…-
-¿Sabes dónde vivo?- pregunto y él asiente.
Por supuesto que lo sabe. Casi me atropella hace unos años y rompió mi bicicleta morada, mi favorita, incluyendo el celular que se rompió al caer y las heridas y raspaduras que me ocasionó su apuro.
-Ve entonces, cuida que no te atropellen- digo a propósito.
Subo a mi bici y no lo dejo responderme.
-¡Corre que no tengo todo el día!- grito para provocarle, cuando ya estoy lejos.
-¡Vete a la mierda, Murphy!- le oigo gritar de vuelta.
Contengo una risa. Levi y yo compartimos un pasado después del accidente en que destrozó mi bici. Mi resentimiento viene otras cosas más allá de atropellarme o ir a verme recién al otro día para cerciorarse de que estuviera viva. Igual que su resentimiento va más allá del puñetazo que le di cuando fue a disculparse.
Llego a casa unos quince minutos más tarde. El hambre me hace gruñir el estómago y ansío preparar algo para comer ya.
Mur me espera en la cocina, comiendo de su plato de comida, casi parece enojado por hacerlo.
-¡Hola, bebé! Disculpa la hora, pero un abogado idiota me robó el tiempo- le digo agachándome a su lado para acariciarlo.
Deja su comida y se refriega contra mi mano, feliz de verme.
-¡Comeremos hamburguesa de espinaca!- le digo animadamente.
Mur mueve su cola como si comprendiera lo que le digo.
Me dirijo a mi habitación para cambiarme la ropa. Para estar en casa prefiero la comodidad ante todo. Me quito el short n***o de jean que llevaba y la blusa blanca de tirantes. Cambio mi outfit por uno más liviano, un short amarillo bastante suelto y una remera suelta de color blanco.
Cuando vuelvo a la cocina, pongo cinco hamburguesas a hornear, tres para Mur y dos para mi. Preparo una ensalada de tomate y lechuga, mientras espero y cuando coloco todo sobre la mesa, el timbre suena.
El abogado.
Camino a abrirle la puerta y lo veo todo sudado y exhausto.
《En serio corrió》Pensar eso solo me da risa.
-Trescientos...dólares- dice pausadamente.
-Ah si, pasa. Ya vengo- le indico, moviéndome de la puerta.
Camino hasta mi habitación nuevamente, busco en mi billetera los dichosos trescientos dólares.
-Así no llegaré jamás a poner el refugio- murmuro enojada.
Vuelvo hacia la entrada, donde Levi y Mur esperan. El primero está pegado de espaldas a la puerta, con rostro espantado y el segundo le gruñe molesto.
-Mur, no comas basura- le digo a mi perro.
El nombrado se retira y se restriega contra mis piernas, sin dejar de ver de forma amenazante a Levi.
-Ja. Ja. Ja ¡Eres tan divertida, Murphy!- responde sarcástico.
Tiendo los trescientos dolares hacia él, quien los toma y guarda en su billetera.
-Ya está. Espero no tener que verte de nuevo, Levi.-
-¡Ups! Ya te llegarán noticias mías, Murphy- dice con una sonrisa llena de malicia.
Sale de la casa y me da una última mala mirada antes de cerrar la puerta. Mur ladra, y olisquea en el aire.
¡Las hamburguesas!