La mano de Max voló hacia el cuello de Esteban con una rapidez calculada, apretando con una fuerza implacable. Los ojos de Esteban se desorbitaron y su rostro empezó a teñirse de rojo. El aire le faltaba, y un hilo de desesperación cruzó por su mirada. “¿Qué decides?”, gruñó Max, sus dedos hundiéndose más. “¿La sueltas o hago que te falte el aire de verdad?” Esteban, con los labios entreabiertos, jadeaba. No le quedaba otra opción. De mala gana, liberó a Saskia de su agarre, y solo entonces sintió cómo las manos de Max aflojaban alrededor de su garganta. “Vámonos, cariño”, dijo Max con calma, deslizando un brazo protector alrededor de la cintura de Saskia. “Vamos a saludar a quienes realmente están a nuestra altura… social y moral.” “¿Cariño?”, replicó Esteban, ahogando un resoplido de

