Las palabras de Max resonaron en el aire con una intensidad que hizo que Saskia se estremeciera. Al escuchar lo que él dijo, no hubo más dudas ni vacilaciones. Max se quitó la camisa con un movimiento firme, su mirada fija en ella mientras se arrodillaba frente a Saskia, sus manos recorriendo con adoración su cuerpo, besando desde la punta de su cabeza hasta llegar lentamente a sus pies. Cada beso era un tributo, cada toque estaba impregnado de deseo y reverencia. "Eres perfecta para mí", susurró contra su piel, justo en su clavícula. Sus labios trazaban un camino cálido y lento, como si hubiera esperado toda una vida para ese momento. "No tienes idea de cuánto tiempo esperé esto". Max continuó, y con suavidad la recostó en la cama. Sus manos eran expertas, pero también llenas de pacienc

