Qué bien conocía Daniel a Ernesto, era un interesado que sólo le había citado porque quería ser escuchado.
Daniel dio un sorbo largo al batido y fue directo al grano:
- Chico es que has tenido tantos rollos que no recuerdas ni los nombres. No paras... Cada vez que conoces a alguien, vienes con la cancioncilla de que has conocido al amor de tu vida, hasta que te aburres o se aburren de ti. Se supone, vamos digo yo, que el amor es único y para toda la vida.
Ernesto bajó la cabeza avergonzado.
Apartó el batido.
Sabía que su amigo Daniel tenía razón.
Llevaba mucho tiempo enlazando una relación con otra.
Hasta ahora no había sido consciente.
Había tenido que llegar Daniel para decírselo a la cara.
Seguro que el resto de amigos también lo pensaban y ninguno había tenido la valentía de decírselo como él.
- Tienes razón supongo...
- ¿Qué supones?, gritó Daniel.
- Por favor baja la voz, todo el mundo nos mira.?
- ¿Te acuerdas del rollo aquel que conociste de España cuando fuiste a Miami con tus padres de vacaciones? ¿Y del que conociste en Londres, ¿Y de aquel del intercambio que hiciste a Paris?. Hijo es que has tenido rollos de todos los países ¡Ni Eurovisión!
Ernesto esquivó dolido la mirada para otro lado.
- Yo te lo digo por tu bien... no te lo tomes a mal.
Pero Daniel mentía, quería fastidiarle porque le tenía mucha envidia a Ernesto ¿Y por qué le tenía envidia? Pues porque Daniel no se comía una rosca, ya que iban todas derechas para Ernesto porque era guapo y Daniel sólo veía cómo las roscas pasaban de largo por sus narices. ¡Ni olerlas! ¡Qué triste!
- Siempre me ilusiono cuando conozco a alguien porque pienso que ha llegado el amor de mi vida.
- Pero es que tú Ernesto, el problema que tienes es que al tercer día de conocer a alguien ya estás pregonando a los cuatro vientos que has encontrado al amor de tú vida. ¡Hijo no escarmientas! Has conocido ya a todos los rollos de esta vida y de diez vidas más... Tienes el récord Guinness.
(Qué malos pueden llegar a ser los amigos pero Daniel le decía con ternura que era por su bien, que no se ofendiera...)
- Tienes razón, tengo que ir con pies de plomo y no dejarme llevar por mi corazón, tengo que ser más racional ¿Se dice así Daniel?
Daniel asintió triunfal con la cabeza.
Continuó hablando Ernesto.
- En cuanto veo a alguien que me gusta no lo quiero perder. Y claro pasa lo que pasa, que luego estrellazo.
Daniel pensó la suerte que tenía su amigo, sin embargo, su lista de rolletes aún no sabía lo que era la tinta del bolígrafo.
- Deberías Ernesto estar un tiempo a solas contigo mismo, te vendrá bien. Disfrutar de los amigos, la familia, ir a la playa, al cine... Y ya llegará la persona de la que de verdad te enamores y seas correspondido de verdad.
- Tienes razón, intentaré controlarme y no irme con lo primero que aparezca.
- Es que actuando así solo te haces daño a ti mismo.
- ¿Te acabas el batido y nos marchamos?, preguntó Ernesto sacando el monedero del bolsillo para pagar.
Daniel se bebió el batido de un trago cómo si fuera tequila.
Ernesto rebuscaba agobiado en su pequeño monedero.
Daniel saltó:
- Hijo ¿Qué misterios te llevas con el monedero? Ni que llevaras lingotes de oro ahí dentro...
Ernesto se sonrojó.
- ¿Puedes pagar tú, por favor?
Daniel puso los ojos cómo platos porque lo estaba ya viendo venir en línea recta hacía él, sin necesidad de ser ni mago ni brujo.
- Chico ¿Si invitabas tú, no? o ¿O invitabas tú y pagaba yo? Me salen a mí caras las lágrimas de este, pensó Daniel. ¡¡Que se eche ya pareja por favor!!
Daniel cogió el impermeable y buscó su cartera por los bolsillos.
Ernesto había pedido ya la cuenta al camarero porque cómo no iba a pagar él, se dio prisa en hacerlo.
- La próxima vez invito yo, dijo Ernesto.
Pero Daniel sabía que era mentira. Siempre tenia mil excusas para no pagar, era un ratas. ¡Éste me arruina a este ritmo! pensó.
Salieron a la calle.
Caía un buen chaparrón.
Daniel se puso el impermeable y Ernesto abrió el paraguas.
- ¿Te encuentras mejor después de haber hablado?, le preguntó Daniel.
Ernesto balbuceó.
- Pues, sí, no sé...normal. Creo que me falta tomar algo más para cerrar la noche. Y le guiñó el ojo.?
Daniel pensó que le iba a succionar toda su paga semanal en solo dos horas.
- ¡Buh! Tienes razón ¿Vamos a la coctelería 525?, propuso Daniel porque era la más barata.
- Es que esa no me gusta mucho...
- ¿¿Entonces cuál propones??
En ese momento se acercó un chico joven con el pecho al descubierto y les dio unos Flyers para la inauguración de la nueva temporada de una discoteca que iba a tener lugar esa noche, justo a dos calles de donde ellos se encontraban. La hora de inauguración ponía que era a las once horas.
Ernesto miró la hora en la pantalla del móvil.
- Son las once menos cuarto. Vamos a pie y así charlamos por el camino ¿Te parece bien Daniel?
- Me parece una idea estupenda, vamos a ver qué tal está la discoteca esa... Y quién sabe Ernesto ¡quizás encuentres al amor de tu vida!
(¡O yo al mío!)
Y comenzaron a andar...
✨✨✨✨