La discoteca no quedaba lejos de donde Ernesto y Daniel se encontraban. Concretamente estaba a dos calles, en una zona de marcha de uno de los barrios de moda del centro de la ciudad.
Ernesto sacó del bolsillo trasero del pantalón los dos FLYERS que les había entregado aquel chico. Quería leerlos de camino a la discoteca con más detenimiento, para evitar sorpresas de última hora. No era la primera vez que le sucedía.
- Hay mucha trampa en este tipo de invitaciones, pensó.
Observó que el soporte de papel del Flyers estaba pintado con muchos colores?. Eso le gustó y prefirió no decirle nada a Daniel para darle la sorpresa.
Comenzó a impacientarse por llegar.
Le recorrió un cosquilleo por todo el cuerpo al pensar que podría conocer a alguien nuevo porque seguro que se encontrarían con caras nuevas. Estaba cansado de los mismos de siempre que no le aportaban nada.
Comprobó que el Flyers equivalía a una entrada con consumición incluida, lo cual, ya era más que suficiente, siendo gratis. Y encima, se percató que no llevaba letra pequeñita al final del todo que diera después lugar a malentendidos.
Recordó que no llevaba dinero encima y le daba apuro que Daniel pagara de nuevo sus consumiciones.
Le dio la vuelta al Flyers y algo despertó su atención.
Arriba, en el centro, en grandes letras doradas aparecía escrito:
Entrada VIP
Ernesto dio un codazo a Daniel que iba devorando con la mirada a toda la gente que pasaba a su lado.
- ¿Te has dado cuenta Daniel de lo que pone aquí? le preguntó Ernesto mostrándole el Flyers.
Daniel miró con desgana hacía donde le señalaba Ernesto.
- No, yo solo he leído que entra una copa gratis... y ya no he seguido leyendo porque lo demás no me interesa.
Ernesto resopló.
- Pues tiene muy buena pinta, no sé porque pero parece que ese chico se ha debido confundir y nos ha regalado dos pases VIP ¡Ni más ni menos! dijo feliz Ernesto levantando en alto los dos Flyers.
Al hacerlo, Ernesto observó en el cielo una luz que se movía en todas direcciones: subía, bajaba, volvía a subir... y se repetía una y otra vez.
- ¡Mira aquello Daniel!, gritó Ernesto mientras levantaba la mano y señalaba hacía la luz.
Daniel levantó la mirada.
- Esa luz parece que está a la altura de la discoteca. Puede ser que sea para guiarnos hasta ella.
Ernesto le guiñó un ojo.
-Así es, lo suelen hacer para que la gente tenga una referencia luminosa para guiarse y llegar correctamente hasta la discoteca. Es algo que está muy de moda ahora en las grandes ciudades. Recuerdo que lo vi en una discoteca de Valencia y me sorprendió ver esa luz iluminando el cielo, nunca había visto nada igual.
- Pero hoy en día ¿Es necesario eso Ernesto?, dudó Daniel. Con los móviles y el dispositivo GPS que llevan instalado, llegas a cualquier lugar sin problema y sin necesidad de preguntar a nadie y menos aún de montar esos cachivaches.
Continuaron caminando hacía la luz que proyectaba el cañón.
Entonces se percataron que no eran los únicos que caminaban por la calle en dirección a la nueva discoteca. Se encontraron un rio de personas que se dirigían todos al mismo lugar.
La mayoría eran grupos de amigos que charlaban y reían animadamente entre ellos. Parecía que venían de beber al aire libre en algún parque de la ciudad porque la gran mayoría portaban en sus manos grandes vasos de plástico con bebidas. Se solía hacer con frecuencia los fines de semana, antes de acudir a la discoteca y ahorrar así un poco de dinero, dado que las copas en estos sitios eran bastante caras.
- ¿Te has dado cuenta Daniel que somos todos chicos? preguntó Ernesto mirando a su alrededor. Aún no he visto ni una sola chica de camino a la discoteca.
Daniel giró la mirada.
- Tienes razón, somos todos chicos. Ahora aparecerán chicas. Me está gustando cada vez más haber venido ¡Qué buena idea has tenido Ernesto!. Mira que chicos mas guapos ¡Dios! ¡Yo me muero esta noche!
Delante de ellos, a escasos metros, andaban tres chicos vestidos con bermudas y camisas a juego. En sus manos portaban vasos con bebidas de las que iban dando sorbos conforme avanzaban en dirección a la discoteca. Se escuchaba música que oían en un móvil que llevaban en alto. Reían sin parar con las gracias de uno de ellos.
A Daniel le llamó la atención el chico que iba en medio de los tres.
Era alto, delgado, bastante masculino y tenía el pelo moreno, ligeramente ondulado. Su piel era de color chocolate.
- Daniel, por favor, disimula un poco que se está dando cuenta que no le quitas la mirada de encima, le recriminó su amigo. Nos va a enfostiar.
- ¡Fíjate en su muñeca, Ernesto! susurró Daniel poniéndose la mano en la boca para que los chicos no pudieran oírle.
Ernesto miró hacía donde le señalaba su amigo.
Y comprendió lo que Dani quería decirle: el chico llevaba en la muñeca una pulsera del arco iris...
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