Se giraron para atrás cómo si no fuera con ellos pero comprobaron que no había nadie. Solo estaban ellos en medio de la calle.
-Creo que es a nosotros Daniel, dijo nervioso Ernesto mientras le propinaba un codazo con todas sus fuerzas.
- ¡Ay! Gritó fuerte Daniel. No creo...
Daniel se sonrojó y Ernesto sacó su mejor sonrisa, la que portaba veneno letal.
Los tres chicos comenzaron a reír a carcajadas y esperaron a que Ernesto y Daniel se aproximaran hasta ellos.
- ¿Vais a la disco? preguntó el chico de la pulserita iris. Nosotros vamos para allá también. No sabemos exactamente donde queda pero no tiene que estar muy lejos. Nos estamos guiando por la luz del cañón, dijo señalando hacía el cielo y dando un largo sorbo a la bebida.
Ernesto balbuceó:
- Si, no, si vamos... dudábamos si ir o no la verdad pero finalmente hemos decidido ir porque unos amigos que están ahí dentro nos han animado. Pensábamos regresar a casa pero vamos para allá también. Un chico se nos ha acercado en la calle y nos ha regalado estos Flyers y hemos decidido acercarnos a ver que tal. Por ir no perdemos nada...
Daniel no hablaba, solo observaba al chico de la pulserita.
- ¡Ole! gritó otro de los chicos. A nosotros nos ha pasado igual. Íbamos al Pub Entrevías pero un colega nos ha asegurado que nos iba a encantar la disco, que iba a ver peña guapa y hemos decidido venir. Nosotros tenemos que pagar entrada porque no tenemos Flyers. Espero que no sea muy cara y nos hundan el plan. Os podéis unir a nosotros si os parece... ¡Llevamos bebida para un ejército chicos! dijo mientras los tres se levantaban las camisas y a la vista quedaban las riñoneras sujetas a las cinturas, repletas de petacas con bebida.
Y entonces comenzaron a presentarse.
El chico de la pulserita iris se presentó con una amplia sonrisa cómo Bruno, otro más bajito muy mono de cara, dijo llamarse Mateo y el último que era alto, desgarbado y que no había hablado nada aún, se llamaba Raúl.
Daniel se preguntaba angustiado si serían o no gay porque no tenía claro si les tenía que dar dos besos o estrecharles la mano en plan hetero macho. Ahora costaba mucho diferenciar a los hetero de los gay con esas ropas...
Finalmente ellos tomaron la iniciativa y todos se dieron la mano.
Daniel se fijó en los labios de Bruno que eran perfectos, nunca había visto unos labios tan bien perfilados con forma de corazón.
A los cinco minutos ya eran amigos los cinco, daba la impresión que se conocían de toda la vida.
Continuaron caminando.
Por delante de ellos se iban uniendo más grupillos de gente que también iban en dirección hacia la nueva discoteca.
Tanto Ernesto como Daniel se conocían ya todas las discotecas de la ciudad, por eso les sorprendió que no conocieran ni de vista a ninguno de aquellos tres chicos y más se sorprendieron, cuando les contaron que eran de Madrid de toda la vida.
Bruno les contó que la semana anterior habían estado en la inauguración en un nuevo pub que había abierto un amigo íntimo suyo.
- Yo creo que son todos gay, le dijo en un susurro Daniel a Ernesto en plan detective.
- Sí yo creo que también, estos son hasta Eurofans, tienen toda la pinta, contestó Ernesto.
Se estaban ya aproximando a la discoteca.
La luz del cañón se veía con más claridad.
Cuando llegaron a la explanada de la discoteca observaron que había mucha gente concentrada en la puerta. Habían largas colas aguardando su turno para entrar.
Comenzaron a oírse gritos.
Parecía que se quejaban porque no les dejaban acceder a la discoteca. Estaban impacientes por entrar, la gente quería divertirse, entrar a bailar y no esperar más allí a la intemperie. La música electrónica se oía a todo volumen desde donde ellos estaban.
La situación se estaba poniendo tensa, la gente gritaba más y más con los Flyers en la mano en alto. Pedían que se les dejara entrar.
Bruno escuchó lo que decían:
- Están diciendo la palabra !Estafa!
Comenzaron a empujarse unos contra otros.
Ernesto se puso de puntillas y comprobó desde donde ellos estaban que la puerta de entrada a la discoteca estaba vigilada por policías nacionales, en lugar de por vigilantes privados de seguridad.
Pero eso no fue lo que les llamó realmente la atención sino lo que lo hizo, fue que estaba la explanada de la discoteca también repleta de fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. En el aparcamiento de la discoteca había tres coches de gama alta con los cristales ahumados.
Se miraron los cinco extrañados, allí estaba sucediendo algo que desconocían.
- Fijaros, dijo Ernesto. La cola no se mueve, no están accediendo a la disco.
- Es cierto, contestó Bruno. La entrada está blindada por los policías, no permiten el paso.
Se aproximaron hasta el cordón policial.
Ya no les dejaban avanzar más.
La gente murmuraba que había una celebrity dentro de la disco.
La curiosidad crecía más y más.
Comenzó a vibrar el móvil de Ernesto en el pantalón.
Era un wasap de su amigo Claudio que estaba dentro de la discoteca.
- Donde paráis. A nosotros sí nos han dejado entrar. Hay mucho control policial.
Ernesto comenzó a escribir rápidamente.
- Estamos fuera, no nos deja entrar la policía ¿Quién hay ahí dentro tan importante?
Al instante obtuvo la respuesta de su amigo:
- El Príncipe Alexander.
✨✨✨✨