El chico susurró algo al oído de un policía que estaba a su lado y este asintió con la cabeza.
A Ernesto le recorrió un cosquilleo por todo el cuerpo.
Daniel y Ernesto se miraron extrañados.
- ¿Qué sucede? preguntó Bruno a Ernesto mientras se echaba de nuevo bebida de la petaca. Parece que nos miran a nosotros ¿Les conoces Ernesto?
Ernesto levantó los hombros.
- ¡Qué va! Para nada, ya quisiera yo. Creo que son los guardaespaldas del Príncipe Alexander.
Bruno le miró sorprendido, no sabía que anduviera por allí el Príncipe ese tan guapo que salía por la televisión. No recordaba el país en el que reinaba su familia.
- ¿Cómo se llama el país del que es Príncipe? No me acuerdo y eso que le he visto muchas veces en la tele pero tiene un nombre muy raro...
Ernesto tampoco caía.
- ¡Ya me acuerdo! Gritó Daniel. Es un país muy chiquitito del centro de Europa. Su nombre es Liechtenstein.
- ¡Ese es! ¡Si, señor! Gritó Bruno. ¡Qué buena memoria tienes colega!
Comenzó a darle golpes con la mano en la espalda.
Daniel se puso más ancho que largo, no todos los días recibía un halago de alguien tan guapo cómo Bruno.
Uno de los policías y el chico que les había dado los Flyers, les hacían señales con la mano.
- ¿Es a nosotros Daniel? preguntó Ernesto sorprendido.
- Yo diría que sí...
Daniel giró la cabeza hacía atrás y el chico de la puerta le dijo con la mano que era a ellos a quienes llamaba.
- Es a nosotros, está claro, dijo Ernesto.
La gente comenzó a girar la cabeza hacía donde se encontraban ellos.
El policía y el chico seguían haciéndoles gestos con las manos.
Daniel levantó la mano y el policía le hizo una señal que a él no era a quienes llamaban. Se quedó todo chafado.
A continuación, levantaron la mano Bruno, Mateo y Raúl y también les negaron con la cabeza que fuera ellos a quienes llamaban.
- Yo creo que es a ti Ernesto a quienes llaman. Creo que quieren que vayas tú. Sólo quedas tú por levantar la mano, le dijo Daniel.
Ernesto le miró incrédulo pero en verdad solo quedaba él por levantar la mano.
Alzó la mano tímidamente, señalándose a sí mismo para comprobar si era a él a quienes llamaban.
Tanto el policía cómo el chico comenzaron a afirmar con la cabeza que era a él a quienes llamaban. Le hicieron gestos para que caminara hasta donde ellos se encontraban.
- ¡Dame un trago! Pidió Ernesto a Bruno que le pasó un vaso y Ernesto lo apuró de un solo trago.
Bruno le miró con los ojos cómo órbitas.
Ernesto comenzó a abrirse paso entre la gente.
Oyó cómo le insultaban e incluso recibió alguna colleja mientras caminaba hacía la puerta de la discoteca.
- ¡Vaya morro chaval! ¿Qué pasa que tienes enchufe eh? Le gritaban.
Ernesto los ignoró.
Si en algo era experto era en insultos, ya le resbalaban.
Observó que los policías miraban atentos por si le agredían.
Casi estaba a punto de llegar al cordón policial cuando alguien le puso la zancadilla y cayó al suelo. Un chico le cogió del brazo y le ayudó a levantarse.
- ¡Gracias! Gritó Ernesto.
En cuánto llegó al cordón, dos policías se apartaron abriéndole el paso. En cuanto pasó Ernesto, los dos policías volvieron a ocupar su lugar.
Subió una pequeña escalinata y llegó hasta donde estaba el policía y el chico.
- ¡Hola, de nuevo! Le saludó el chico guapo de los Flyers. ¡Has podido llegar sano y salvo hasta aquí! ¡Parecía misión imposible!
- ¡Pensaba que no llegaría nunca! ¡Me han dado hasta collejas!
- ¡No me digas! ¿En serio?
- Sí y hasta una zancadilla pero un chaval me ha ayudado a levantarme.
El chico comenzó a reír.
- Si no me equivoco, ha sido a ti a quien le he dado dos Flyers que equivalen a dos entradas Vip ¿Las llevas ahí? ¿Puedes sacarlas por favor? le pidió el joven a Ernesto.
Ernesto comenzó a palparse los bolsillos de los pantalones en busca de los Flyers, no recordaba donde los había metido la última vez.
Los localizó en el bolsillo trasero del pantalón metidos en la funda del móvil.
Los sacó y se los mostró al chico.
Los policías miraban expectantes a todo lo que estaba aconteciendo.
El chico se los cogió de la mano y los observó detenidamente.
A continuación, pasó un aparato con rayos ultravioleta por delante y por detrás de los Flyers.
- Sí son estos, le dijo al policía que asintió levemente con la cabeza.
El chico miró a Ernesto a los ojos fijamente.
- Te han tocado las dos únicas entradas VIP que hemos repartido por la calle esta noche.
- ¿Y eso qué significa? preguntó Ernesto sin comprender nada.
- Pues significa que tienes derecho a entrar a la discoteca con un acompañante que tú elijas a tu libre elección.
- ¿En serio? ¿Puedo entrar?
Ernesto no se creía que fuera a entrar en la discoteca donde estaba el Príncipe Alexander.
El chico asintió sonriente con la cabeza.
- ¡Pero date prisa en elegir un acompañante que la noche vuela chaval!
Ernesto dirigió la mirada hacía Daniel y el resto de chicos que habían conocido esa noche.
Todos miraban atentos a Ernesto que no sabía que estaba sucediendo.
- Ya sé a quien voy a elegir para que entre conmigo a la discoteca, dijo Ernesto muy seguro de sí mismo.
El chico levantó los hombros cómo esperando a qué dijera ya a quien había elegido.
- Elijo a aquel chico alto que hay al fondo, donde estaba yo hace un momento.
- ¿El más alto de los cuatro? ¿El moreno?
- Exacto, ese.
- ¿Cómo se llama?
- Bruno.
✨✨✨✨