El templo suspendido (parte 2)

645 Words

La jaula no era como las de los cuentos. No tenía barrotes, ni cerradura visible, ni se podía forzar. Estaba hecha de un cristal que no era cristal: vibraba con una energía que le recorría el cuerpo a Miriam, una vibración tan tenue como el recuerdo de una pesadilla. No podía moverse demasiado. Si lo intentaba, sentía el aire volverse pesado, como si la realidad se resistiera a su existencia. —¿Qué esperas que haga Silvia? —se atrevió a preguntar, más por desafiar que por curiosidad. Miguel estaba cerca del borde del altar, sentado con la espalda recta. No la miró. Observaba el vacío. El mismo vacío que sostenía ese templo sin raíces. —Que venga. Que se ofrezca. Que libere lo que duerme dentro de ella. —¿Y si no lo hace? —Entonces… morirás. La frase cayó sin dramatismo, como si habla

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